Entre tintas, sedas y cenizas

Carta de Caterina

Matteo:

A veces envidio la sencillez con la que hablas del mundo, esa forma tan tuya de encontrar belleza en lo cotidiano y sin artificios. En mi casa, las palabras no sirven para decir la verdad, sino para construir muros invisibles y guardar apariencias.
Esta noche debo ponerme la armadura de seda, ajustar la máscara de la serenidad y sonreírle a un hombre que me mira no como a un ser humano, sino como si fuera una propiedad más en su balance financiero. Odio la frialdad de este entorno donde todo tiene un precio y nada tiene valor.
Cuando el aire se me acaba entre el olor empalagoso de los perfumes caros, la música impostada y los discursos vacíos de la alta sociedad, cierro los ojos en silencio y me refugio en el recuerdo de tu puesto a la orilla del Arno, en el aroma a trementina y pintura fresca de tu taller.
Entre el caos de tus lienzos y la calidez de tu mirada, eres el único lugar en el mundo donde siento que puedo respirar, donde soy realmente libre y no tengo que pedir perdón por existir.

-C




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