Entre tintas, sedas y cenizas

Carta de Matteo

Mi amada Caterina:

Te escribo mientras el vagón del tren retumba bajo la lluvia y los raíles nos alejan cada vez más hacia la línea del frente. A mi alrededor, decenas de soldados duermen exhaustos en la penumbra, pero yo no puedo ni quiero cerrar los ojos. No quiero perder ni un solo instante del eco de nuestra noche en el refugio.
Aún conservo en la piel el calor de tu cuerpo y en las manos la memoria exacta de tu silueta desnuda frente al fuego. Aquel encuentro no fue solo una despedida, mi amor, fue una consagración. En medio del frío de la piedra y del rugido de la tormenta, nos entregamos el uno al otro con una verdad tan pura que enterró para siempre todas las mentiras y las cadenas con las que pretenden atarte.
Si el destino me exige atravesar el infierno de esta guerra, lo haré sin miedo. Llevo conmigo la fuerza de tus besos, el perfume de tu piel y la promesa que sellamos en la oscuridad. Nada de lo que hagan tus padres o Lorenzo podrá borrar lo que fuimos y lo que somos entre esas mantas.
Guarda este recuerdo en lo más profundo de tu pecho, Caterina. Eres mi luz, mi única patria y la razón por la que volveré con vida.

Tuyo hasta mi último aliento,
-Matteo




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