Entre tintas, sedas y cenizas

Capítulo 13

La luz dorada de finales de otoño moría sobre los techos abovedados de la Villa Moretti, proyectando sombras largas y afiladas sobre las paredes de mármol. El aire en el gran comedor de la mansión se sentía denso, saturado por el perfume invasivo de los arreglos florales que ya decoraban las estancias principales. La velocidad con la que los preparativos habían cobrado vida en los últimos días no dejaba margen al aliento: la maquinaria de las apariencias marchaba a un ritmo implacable.
En la cabecera de la larga mesa de caoba, mi padre cortaba una fina pieza de carne con movimientos precisos. A su izquierda, Lorenzo di Santis reclinaba la espalda sobre el respaldo tapizado, sosteniendo una copa de vino tinto con la arrogancia natural de quien se sabe dueño absoluto del escenario. Mi madre, frente a él, sonreía con una cortesía ensayada que no alcanzaba a ocultar la tensión de sus ojos.
Yo solo permanecía sentada a la derecha de mi padre. Llevaba un vestido de terciopelo verde oscuro de talle alto, cuidadosamente seleccionado esa misma mañana para disimular la incipiente curvatura de mi vientre y la leve redondez de mis caderas. Bajo la mesa, mis manos entrelazadas se apretaban en un gesto firme, protegiendo en silencio el secreto que germinaba en su interior.

-el obispo ha confirmado la disponibilidad para el primer sábado del próximo mes

Anunció mi padre, dejando los cubiertos sobre el plato con un chasquido metálico.

-los trámites eclesiásticos han sido agilizados. No hay razón para postergar lo inevitable

Lorenzo dirigió una mirada helada hacia mí, apreciando la palidez de mi rostro con una mezcla de satisfacción y condescendencia.

-un plazo perfecto, Carlos

Dijo Lorenzo, llevando la copa a sus labios antes de continuar.

-la situación política en el norte se complica a diario y los mercados exigen estabilidad. Una boda ostentosa en la catedral enviará el mensaje adecuado a nuestros acreedores y socios. Además, Caterina parece cada día más preparada para asumir sus deberes
-Caterina comprende perfectamente lo que está en juego

Intervino mi madre de inmediato, buscando aplacar cualquier posible objeción.

-ha estado revisando las listas de invitados y el diseño de las invitaciones. No habrá el menor contratiempo

Alcé la mirada despacio, clavando mis ojos en la figura pulcra de Lorenzo. La ironía de la escena le provocaba un amargo desdén: allí estaban los tres, planificando la entrega de mi vida para encubrir la estafa de la fábrica y los trapos sucios del pasado, ignorando que bajo el terciopelo de su vestido latía la sangre de un soldado de Oltrarno.

-el primer sábado del mes es una fecha precipitada, Lorenzo

Dije manteniendo la voz serena y helada, sin un solo rasgo de vacilación.

-apenas quedan tres semanas. Los preparativos para una recepción de tal magnitud requieren tiempo si no queremos dar la impresión de una huida a toda prisa

Lorenzo dejó la copa sobre la mesa y se inclinó levemente hacia adelante, apoyando los codos sobre la madera. Su sonrisa se volvió más estrecha.

-la urgencia, querida Caterina, solo alimenta los rumores cuando hay algo que ocultar

Respondió Lorenzo con un tono pausado que sonaba como una advertencia velada.

-en nuestro caso, se interpretará como la resolución firme de dos familias consolidadas. Tu padre y yo hemos acordado que no hay motivo para esperar más. A menos, claro está, que guardes alguna razón particular para desear un aplazamiento

La acusación flotó en el aire con la pesadez de una amenaza. Mi padre fijó la mirada en la mía, endureciendo las facciones de su rostro.

-no hay razones

Sentenció mi padre con voz tajante.

-la fecha está fijada y no se discutirá más. A partir de mañana, los sastres trabajarán directamente en tus aposentos para ajustar el vestido de novia. Limitarás tus movimientos a la casa hasta el día de la ceremonia

El cerco se cerraba sobre mí con la precisión de una trampa de acero. Sentí una punzada de náusea recorrerme el estómago, un mareo repentino que amenazó con arrebatarle el color de las mejillas. Apretó las uñas contra la palma de sus manos bajo la mesa, obligándome a respirar hondo para mantener el control. Un solo desfallecimiento, una sola muestra de debilidad física ante la mirada inquisidora de mi madre o de Lorenzo, y el secreto del embarazo quedaría al descubierto.

-como desees, padre

Respondí, inclinando la cabeza con una falsa sumisión que me quemó la garganta.

-excelente

Dijo Lorenzo, poniéndose de pie para realizar un brindis irónico.

-por el futuro de nuestras familias y por el fin de las distracciones

Durante el resto de la velada, me mantuve en un silencio absoluto, escuchando la lista interminable de nombres de la aristocracia que asistirían a la catedral, los arreglos de seguridad y las transferencias de capital que se ejecutarían el mismo día de la firma del contrato. Cada detalle confirmaba lo que había descubierto en el sótano: era una transacción comercial, un intercambio de impunidad por libertad.
Al finalizar la cena, me retiré a mi dormitorio, escoltada de cerca por una de las sirvientas de confianza de mi madre. Cerré la puerta tras de mí y caminé hacia el ventanal que daba a los jardines. La noche era fría y el viento agitaba las copas de los cipreses con un susurro lúgubre.
Me desaté el corsé con prisa, dejando que el aire fresco entrara a sus pulmones, y se acarició el vientre. Tres semanas. Ese era el tiempo que me quedaba antes de que me obligaran a caminar hacia el altar de la catedral de la mano de Lorenzo. Tres semanas para encontrar una grieta en la muralla de mis padres o para hacer valer las pruebas del fraude que guardaba celosamente.
Sabiendo que Matteo arriesgaba la vida en el frente de batalla, apoyé la frente contra el cristal frío de la ventana. El miedo ya no tenía cabida en su pecho, solo quedaba la fría determinación de una mujer que no permitiría que el fruto de su amor fuera entregado a los monstruos que pretendían gobernar su destino.




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