Mi vida, mi dulce Caterina:
Te escribo con los dedos helados y la espalda apoyada en la piedra húmeda del refugio de campaña, a pocos kilómetros de la línea de fuego en Carso. El estruendo de la artillería retumba en la distancia sin cesar, pero en medio de esta pesadilla gris, tú eres el único faro que me mantiene con vida. Cierro los ojos entre el humo y aún puedo oler el perfume de tu piel y sentir el calor de aquella noche de lluvia que selló nuestro destino para siempre.
He recibido noticias crueles desde Florencia. Mis compañeros de Oltrarno me advierten que tu padre y ese aristócrata están acelerando la trampa, que planean encerrarte en un matrimonio sin amor para salvar sus propios imperios. Te suplico, Caterina de mi alma, que no te rindas. No creas ni una sola de las mentiras que dirán sobre mí si el silencio se prolonga. Aunque el barro y la guerra intenten tragarme, juré volver a buscarte y cumpliré mi promesa.
Si estas palabras logran burlar la vigilancia de tu casa, guarda en tu pecho la certeza de que mi corazón solo te pertenece a ti. Cada gota de mi sudor, cada marcha bajo la lluvia y cada segundo de esta contienda los afronto pensando en el día en que vuelva a sostenerte entre mis brazos, libre de sus cadenas.
Lucha, mi amor. Aguanta un poco más.
Tuyo hasta más allá de la muerte,
-Matteo
Editado: 08.10.2026