Entre tintas, sedas y cenizas

Carta de Caterina

Matteo:

Te escribo con el corazón encogido y las manos todavía temblando por la tormenta que acaba de sacudir esta casa y nuestras vidas. Tenerte tan cerca, sentir tus manos en mi rostro y ver en tus ojos esa mezcla de dolor y ternura que jamás olvidé, fue a la vez el regalo más hermoso y el castigo más cruel. Mi alma entera gritaba por huir contigo y nuestro pequeño, por dejar atrás este infierno y perdernos en el camino, pero mi razón me recordó que el precio de ese impulso habría sido tu vida. Lorenzo es un hombre despiadado, impulsado por el orgullo y el poder; jamás nos habría dejado ir en paz y te habría perseguido hasta el último rincón de la tierra.
No puedo permitir que la muerte te vuelva a arrebatar de mi lado. No después de haber descubierto milagrosamente que sigues respirando.
Quiero que te guardes cada una de las palabras que te dije antes de que te marcharas: jamás dejé de amarte. Cada día sin ti fue un desierto, y saber que nuestro hijo lleva tu sangre y tu mirada es lo único que me ha mantenido en pie durante todo este tiempo. Él sabrá quién es su verdadero padre, te lo prometo por mi vida. No sé qué caminos tendré que cruzar ni qué sacrificios tendré que hacer, pero encontraré la manera de romper las cadenas de esta mansión.
Por favor, mantente a salvo, mi amor. Cuídate por mí y por nuestro hijo. Esto no es un adiós, es solo la espera antes del amanecer.

Eternamente tuya,
-Caterina




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