Matteo, mi vida:
Escribo estas líneas con el corazón apretado entre las manos y las lágrimas quemándome los ojos, pero con la mente fija en el milagro que vivimos ayer. Verte jugar con nuestro hijo en el jardín, escucharlo llamarte "papá" por primera vez y ver la luz en tu mirada borró, aunque fuera por unas horas, la sombra cruel de esta guerra que hoy vuelve a alejarte de nosotros.
Quiero que te lleves grabado en el alma cada segundo de esa tarde. Ese rincón de luz es nuestra verdadera realidad, no esta separación ni las órdenes de un alto mando. Te vas al frente de batalla, pero no te vas solo: te llevas contigo todo mi amor, mis oraciones incesantes y la fuerza de un niño que ya conoce la voz y el abrazo de su verdadero padre.
Aquí te estaremos esperando. Guardaremos cada sonrisa, cada juego y cada recuerdo para entregártelos intactos el día de tu regreso. No dejes que el miedo ni la oscuridad de la guerra te hagan dudar jamás de nuestro destino juntos. Mi fe en ti es indestructible, y nuestro pequeño y yo contaremos cada amanecer con la certeza absoluta de que volverás a cruzar ese portal para no marcharte nunca más.
Cuídate, mi valiente soldado. Vuelve a mí, vuelve a nosotros.
Eternamente tuya,
-Caterina
Editado: 08.10.2026