Entre tintas, sedas y cenizas

Carta de Caterina

Matteo:

Escribo estas letras con los pedazos que han quedado de mi alma, con una tinta que se mezcla con las lágrimas más amargas que jamás he derramado. Tostada en el frío suelo de esta casa, abrazo la bandera que me han entregado y la medalla que lleva tu nombre, negándome con cada fibra de mi ser a aceptar esta maldita realidad. Mi corazón se rebela a creer que la muerte haya podido apagar la luz de tus ojos, los mismos que me miraron con tanto amor y ternura la última tarde que estuvimos juntos en el jardín.
Te prometí que te esperaría, y no sé cómo voy a enseñarle a mi corazón a dejar de hacerlo. Tu hijo, nuestro pequeño, aún busca tu figura entre los árboles y sonríe al recordar tu voz llamándolo, ¿Cómo le explicaré que el héroe de sus cuentos no volverá a cruzar esa reja para levantarlo en brazos?
Si es verdad que te has ido, te llevas contigo mi juventud, mis sueños y la mitad de mi vida. Pero te juro, por la memoria de nuestro amor indestructible, que criaré a nuestro hijo con tu valentía y que jamás dejaré que olvide quién fue su verdadero padre. Espérame en el cielo, mi valiente soldado.

Eternamente tuya,
-Caterina




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