## Capítulo 3
### Las decisiones de otros
Camilla recibió la propuesta en una tarde gris, en una casa donde todo parecía cuidadosamente dispuesto para una ocasión importante. La mesa estaba cubierta con un mantel claro, las copas brillaban bajo la luz de las lámparas y, junto a una ventana, alguien había dejado un ramo de flores recién cortadas.
Nada en aquella habitación parecía improvisado.
Camilla lo comprendió antes de que él hablara.
Andrew estaba frente a ella, con una expresión nerviosa que intentaba ocultar bajo una sonrisa. No era un hombre acostumbrado a dudar. Había preparado la cena, había elegido el vino y había pedido que nadie los interrumpiera. Todo indicaba que aquella noche no era una más.
Camilla sostuvo la copa entre los dedos.
—¿Qué ocurre? —preguntó.
Andrew soltó una risa breve.
—Siempre tienes que saberlo todo antes de tiempo.
—No todo. Solo lo importante.
Él se acercó a la mesa y tomó su mano. Camilla bajó la mirada hacia sus dedos entrelazados. El gesto era afectuoso, correcto, incluso tierno. Pero su mente estaba lejos de allí.
Pensaba en Carlos.
En su voz.
En la manera en que la miraba cuando estaban solos, como si el mundo exterior no existiera. Pensaba en las promesas que nunca terminaban de convertirse en decisiones y en todas las veces que él le había dicho que no quería perderla.
No quería perderla.
Pero tampoco había elegido una vida con ella.
—Camilla —dijo Andrew.
Ella levantó los ojos.
Él se arrodilló.
Durante un instante, Camilla no escuchó nada. Vio el movimiento, la caja pequeña entre sus manos y la expresión esperanzada de un hombre que creía conocer el lugar que ocupaba en su corazón.
—Quiero casarme contigo.
La frase llegó con suavidad.
Camilla miró el anillo.
No era feo. Era elegante, discreto, elegido con cuidado. Podía imaginarlo en su mano. Podía imaginar las felicitaciones, las fotografías, la casa compartida y los hijos que algún día tendrían.
Una vida completa.
Una vida que no incluía a Carlos de la manera en que ella lo deseaba.
—Di algo —murmuró Andrew.
Camilla volvió a mirarlo.
—Sí.
La respuesta salió antes de que pudiera pensarla.
Andrew sonrió con alivio y se levantó para abrazarla. Camilla apoyó el rostro contra su hombro, manteniendo los ojos abiertos. Frente a ella, en el cristal de la ventana, se reflejaba su propia imagen.
Parecía feliz.
Eso era lo más inquietante.
Más tarde, cuando Andrew salió de la habitación para llamar a su familia, Camilla permaneció junto a la mesa. El anillo pesaba más de lo que esperaba.
Tomó el teléfono.
No sabía qué quería decirle a Carlos. No podía llamarlo para anunciarle que se casaría con otro hombre y, al mismo tiempo, esperar que él reaccionara como si tuviera algún derecho sobre ella. Carlos nunca le había pedido que esperara. Nunca le había prometido un futuro concreto.
Solo le había dado momentos.
Y Camilla había construido una vida entera alrededor de ellos.
Marcó su número.
Carlos respondió después de varios tonos.
—¿Camilla?
Su voz provocó en ella una punzada inmediata.
—Necesito hablar contigo.
Hubo un silencio al otro lado.
—¿Ha ocurrido algo?
Camilla miró el anillo.
—Me han pedido matrimonio.
Carlos no respondió.
Ella esperó.
—¿Quién? —preguntó finalmente.
—Andrew.
El silencio regresó, esta vez más largo.
Camilla cerró los ojos.
—Le he dicho que sí.
Carlos respiró hondo. No la felicitó. No preguntó cuándo sería la boda. No dijo que estaba feliz por ella.
—Entiendo —murmuró.
Camilla sintió que la decepción le subía lentamente por el pecho.
—¿Eso es todo?
—¿Qué quieres que diga?
—No lo sé. Algo verdadero.
—Es una decisión importante.
—No te he preguntado si es importante.
Carlos guardó silencio.
Camilla se sentó en una de las sillas. La habitación parecía demasiado grande ahora.
—Dime que no quieres que lo haga —susurró.
Carlos no contestó.
Ella apretó el teléfono contra su oído.
—Dímelo, Carlos.
—No puedo.
—No te he pedido que puedas. Te he pedido que me digas la verdad.
—La verdad es que no tengo derecho a impedirlo.
Camilla soltó una risa amarga.
—Siempre encuentras una manera elegante de no decir lo que sientes.
—No quiero que te cases con alguien por despecho.
—No lo hago por despecho.
—Entonces, ¿por qué?
Camilla miró el anillo otra vez.
—Porque alguien me ha ofrecido una vida.
Carlos cerró los ojos al otro lado de la línea. Sabía lo que ella quería decir. Él le había ofrecido compañía, deseo y palabras. Andrew le ofrecía un lugar claro.
Un hogar.
Una familia.
Un futuro que no dependía de la agenda de la Corona ni de la aprobación de una institución.
—Camilla…
—No —lo interrumpió—. No me hables como si esto fuera una tragedia que te ha ocurrido a ti.
—No he dicho eso.
—Pero lo piensas.
—No quiero perderte.
—Ya me has perdido muchas veces. Solo que siempre he vuelto.
La frase lo dejó sin respuesta.
Camilla apartó el teléfono de su oído durante unos segundos. Cuando volvió a hablar, su voz era más tranquila.
—La boda será pronto.
—¿Me invitarás?
Ella sonrió sin alegría.
—No seas cruel.
—No pretendía serlo.
—Eso es lo peor.
Camilla terminó la llamada antes de que él pudiera responder.
Durante varios minutos permaneció inmóvil. Después se quitó el anillo y lo dejó sobre la mesa. No podía decidir si le parecía una promesa o una condena.
Mientras tanto, en otra parte de la ciudad, Carlos recibió una noticia que no esperaba.
No llegó de boca de Camilla. Llegó a través de una conversación familiar, pronunciada con la naturalidad de quien anuncia algo que ya ha sido decidido.
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Editado: 13.10.2026