( Londres 1856)
El Royal Exchange Club, situado en el corazón distrito de Mayfair, no era simplemente una sala de juego, era el epicentro de la vida social, la ambición y los secretos de la aristocracia victoriana. Tras sus puertas de caoba y bajo opulentas arañas de cristal, la alta sociedad de Londres se entregaba a la diversión, cerraban millonarios negocios, entre copas de licor importado, y alimentaba los rumores más escandaloso de la temporada.
El acaudalado Thomas Vance, dueño de la empresacon naviera más grande de Europa, se encontrsba allí para cerrar importantes tratos juntos a su primo, Lord Lío Vance ( conde de Persh), y su amigo Lord Marco Spencer (conde de Rochefort). Thomas había estado de viaje durante la temporada anterior cuando muchas jóvenes debutante fueron presentada en sociedad. Al atesorar su soltería, no solía prestar atención a los cotillos que desvelaban a otros en el reino.
De pronto un ambiente tenso se apoderó de los presentes. Lord Alexander Stell, hijo mayor de Lord Arthur Stell(vizconde de Ashbrook), observaba fijamente desde un rincón al hombre que había expuesto a su hermana, Lady Samantha, al escarnio pubico.
Thomas escucho a un grupo de aristocratas que comentaban con soltura, entre sorbos de licor, la situación de la familia stell y lo que debían hacer al respecto.
_Uno de los stell debería exigir un duelo al duque or desobedecer el mandato de la reina y mostrar semejante desprecio hacia Lady Samantha _ comento un vizconde con tono socarron _ michos en el reino darían lo que fuera por una esposa con su estampa. Semejante desplante en público merece una sanción.
_ Tampoco exageres, mi estimado _ intervino un barón, apollsndovel codo en la barra con una sonrisa cargada de morbo y condescendencia _ la verdad es que las mujeres de esa casa son un deleite para la vista. Tanto Samantha Stell como su prima son joyas de la misma sangre, esa jovencita Eleonor fue presentada hace unos días y no tiene nada que envidiarle a la belleza de su prima.
_ estando en la posición del duque añadió el baron, soltando una risita maliciosa mientras el grupo celebraba el comentario _ con lo hermosa y apetecible que es Samantha Stell, yo no habría perdido el tiempo tiempo para hacerla parte de mis posesiones. Y si el duque la desecha, pues mejor para nosotros. De hecho, estoy pensando seriamente en pedir la mano de la dulce Eleonor antes que su madre la subaste al mejor postor. _ Eso haría Leticia con tal de mejorar el estatus pensó el baron.
Los caballeros del grupo soltaron una carcajadas cómplice. Thomas apretaba su vaso de cristal en silencio a ocosvasos de cristal en silencio a pocos pasos de allí, sintió un profundo rechazo ante la vulgaridad con la que aquellos hombres hablaban de las damas de la nobleza.
Los murmullos en el salón Royal Exchange club comenzaron a apagarse. Quienes observaban a la distancia, esperando el espectáculo de una discusión acalorada o la antesala de un duelo de honor , viern sorprendidos como la tensión en el ambiente comenzaba a aimainar.
Alexander miró al duque fijamente a los ojos. Como hombres de armas que también habían servido en el frente, Alexander sabía perfectamente de que madera estaba hecho Duncan Norcliffe había escuchado en los campamentos los relatos sobre la valentía y la fuerza aguerrida del duque, pero también entendió las decisiones atroces, desgarradora y terribles que un comandante debía tomar en el infierno de la batalla por la responsabilidad de su posición. Alexander no solo lo juzgaba como hermano de Samantha; lo entendía como un soldado que conocía las cicatrices invisibles de la guerra.
A pesar de la ira por la humillación a su hermana, en la mirada de Alexander no había desprecio, sino un profundo y tácito respeto hacia el hombre que tenía enfrente. Duncan or su parte sostuvo la mirada con una mezcla de cansancio, hidalguia y gratitud silenciosa.
Alexander dió un paso al frente y extendió la mano. El duque la tomo con firmeza fue un apretón de mano entre dos hombres que habían compartido la misma tierra ensangrentada. Esa acción dejo mudo a los chismosos del club.
_ Se el peso que llevas sobres los hombros Duncan, reconozco al hombre y al hombre que eres.
_ Gracias, Alexander _ respondió el duque _ No sabía de los rumores, yo no rechace a Lady Samantha estoy aquí
Por ella. Tienes mi palabra que haré lo correcto.
Al darse la vuelta para marcharse, Alexander se despidió a la distancia de Thomas y Marco. Thomas había hecho muchos negocios con Alexander y el vizconde, pero no conocía a las jóvenes damas de la familia.
Justo antes de que Alexander se marchara Lord Lío de acercó a Duncan para saludarlo. Vamos, Duncan _ le dijo Lio con confianza. Al llegar a la mesa donde estaban Thomas y Marcos ambos caballeros se pusieron de pie de inmediato con sobria cortesía. Duncan conoce a Thomas su gran estrarega en el campo de batalla y Marco es el hermano menor de su gran amigo Benedict Spencer con quién paso más tiempo en la guerra y a quien vio caer en sebastopol.
_ Vaya, miren quién ha salido ileso de la tormenta de Mayfair_ dijo Thomas con un toque de ironía refinada y una inclinación de cabeza respetuosa.
_ Se hace lo necesario Señor Vance.
Lio, manteniendo un tono bajo pero sobrio, rompió la regidez del momento Al sacar a relucir lo que la alta sociedad murmuraba a sus espaldas:
_ Se murmura bastante sobre tu falta de honor por el desplante a Lady stell_ comento Lio, mirando a Duncan con franqueza_ afirman con vehemencia que la rechazaste.
Duncan apretó la mandíbula, dejando ver el peso que aquella calumnia ejercia sobre el .
_ no me encontraba en condiciones de presentarme públicamente y todo se salió de control_ respondió el duque con voz grave y apesumbrada. _ Lo lamento profundamente por Lady Stella. Jamás imaginé que circularían rumores tan ruines sobre ella y los supuestos motivos que dicen que la rechace.; de haberlo sabido hubiera regresado mucho antes. Ahora que estoy aquí callare los rumores.