LA SOLEDAD DEL QUE AVANZA.
Una vez que tomas la decisión firme de caminar hacia la luz, ocurre algo que nadie te advierte: te quedas solo.
Los que antes te rodeaban, se van alejando poco a poco. Los que decían ser tus amigos, no quisieron seguir por ese camino nuevo. Algunos se burlan, otros no entienden por qué ya no eres como ellos, y otros simplemente se quedaron donde siempre estuvieron. Y es justo ahí, en ese silencio que dejan al irse, donde comprendes una verdad: avanzar cuesta soledad.
Pero esa soledad no es vacío. Es espacio. Es el momento en que se apagan todas las voces ajenas y por primera vez te quedas frente a ti mismo, sin máscaras, sin ruidos, sin influencias. Y en ese silencio, algo dentro de ti despierta. Porque cuando ya nadie te dice qué pensar... tienes que aprender a pensar por ti mismo.
Y es sentado en esa calma, mirando todo lo recorrido y todo lo que falta por andar, donde empiezan a nacer las preguntas profundas. Las que antes nunca te atreviste a hacerte. Las que no tienen respuesta fácil, pero que necesitan ser respondidas.