La bala
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El verde del pasto reflejaba la luz de un brillante día soleado en San Martín, a las afueras de la capital y tan cerca de las nuevas vías del progreso del nuevo tren continental. Mientras la única sombra sobre esa colina ocultaba por algunos momentos el pasto, sus botas pisaban los frágiles retoños del pasto. Entre sus dos manos tenia un rifle de retrocarga de ultima generación, sin ni un solo cartucho en su persona continuaba tranquilo el camino. A un kilómetro de distancia una mujer con los ojos vendados tenia una bonita corbata hecha de una soga alrededor de su cuello, el otro extremo atado a dos metros arriba de ella en el grueso de una rama, se puede escuchar una canción que tranquiliza al caballo bajo sus pies, evitando movimientos bruscos.
La mujer estaba siendo custodiada por un androide de tres metros de alto, ajustando los medidores de presión y algunos escapes de vapor que debía cambiar lo más rápidamente posible. A dos kilómetros de distancia en un burdel había un vampiro, cuya piel blanca le dan una peculiar apariencia más los finos rasgos esculturales, tenia una flor imperial en su mano, tres jugadores habían salido de la apuesta después de que la cifra llegara a quinientos dólares por persona, sabía que tenia la mano ganadora, mientras observaba con una mirada de deseo a las bellezas de cantina bailar cancán al otro lado de la habitación, una de las mujeres más morenas tenían unas lindas bragas negras con un holán rojo carmesí que se podían observar cada vez que subía la gruesa capa de telas de su vestido, el rostro de la chica que había llamado su atención era recto y parecía que estuviera delineado.
Justo por arriba de las bailarinas un hombre estaba sintiendo la piel color acre de una de las chicas, quitándole capa por capa del vestido y sintiendo en sus grasosas manos las medias color mosca mientras acercaba sus gruesos labios adornados por unos bigotes para sentir la bella cara redonda, la chica por su lado le quitaba todas sus armas e inspeccionando cada cartucho en su cinturón, rodeando con un conjunto de plumas, que anteriormente había pasado entre su entrepierna, el cuello de su invitado bigotudo. En el segundo piso una forajida de ojos delineados estaba apuntándole en la cabeza al dueño de ese burdel, le había pedido que sacara cualquier cosa de valor de las cajas de seguridad mientras su compañera revisaba todas y cada una, negando una y otro vez que no tiene otra cosa de valor.
Los disparos comenzaron a escucharse mientras una carreta en el fondo de la calle comenzaba su travesía, hombres caían de algunas azoteas al igual que las balas comenzaban a terminarse en el revolver del hombre, esperando que llegue justamente a las doce de la tarde en la colina a las afueras del pueblo donde un gran roble se levantaba. Justo a esa hora estaban programadas cuatro kilos de dinamita arriba del burdel, el banco y el hotel del pueblo, estaban siendo cuidadosamente calculadas mientras el androide recorría de un lado para el otro midiendo y calculando los efectos del sol en la nitroglicerina del paquete de dinamita, atrás de él una sombra se levantaba llegando a tres metros de alto, tan solamente faltaban diez minutos para que se acabara el tiempo.
El gigantesco puño de un androide se movía al cuerpo del androide a nueve minutos de las doce, mientras lo esquivaba un poco de vapor le salió del brazo izquierdo, llego a caer atrás del androide y logro que este se arrodillara con un golpe en la pierna. La sombra había llegado a la punta de la colina para observar a quince seres estar rodeando el árbol, llamando su atención, observo su reloj de bolsillo y faltaban ocho minutos. El vampiro gritaba gane cuando su único rival restante colocaba una bala en la apuesta, él hombre le grita mentiroso y el vampiro tira la mesa y coge la bala, la cual arroja hacia donde estaba la bailarina de bragas negras, esta a su vez la cacha, saca un revolver de su espalda y dispara tres balas al techo.
La chica de piel color ocre escucha, usa una soga oculta en las plumas rojas y negras para rodear el cuello del hombre, lo empuja por la ventana y ve como el reloj que estaba con él marcaba siete minutos para las doce. Hombres en la calle ven como su jefe cae tratando de inhalar un poco de aire, mientras las dos forajidas aprovechan para dispararle a cada hombre que salía de su escondite, mientras una bala se elevaba por uno de tres orificios hasta donde llego a la mano de la forajida, esta a su vez lo deja caer justo cuando el androide caía a la carrosa. Esta acelero el paso, perseguida por cuarenta hombres que tenían indicaciones de detenerlos. A doscientos metros y con noventa segundos el androide arroja con todas sus fuerzas al hombre en la colina que solamente podía observar su rostro.
La respiración de la sombra era tranquila y calmada, mientras cachaba una bala, se dió el tiempo para admirarla y ver la palabra Durango marcada en la culeta de la misma, tardo treinta segundos en cargar y otros treinta en apuntar. Sólo tenia un disparo, el gigantesco androide se posaba enfrente de él en una envestida que no podía evitar, inhala y dispara. La bala sale del callón atravesando uno de los orificios del escapa del androide, evitando así cualquier alteración en el proyectil, el sol iluminaba una sonrisa burlona en el hombre en la colina, mientras la duodécima campana se escuchaba y el caballo salía asustado, la cuerda se tenso por unos momentos, mientras la bala atravesaba el campo electromagnético que protegía toda la zona.
La dinamita comenzó a colapsar por toda la energía dispersa en sus componentes. La cuerda ejercio presión en la garganta de la mujer, al mismo tiempo que el puño del androide llegaba al pómulo del hombre ejerciendo mil kilogramos por centímetro cubico que destrozo todo a su paso hasta levantar una nueve de humo. El androide gigantesco escucho las explosiones en el pueblo, alegre de saber que cumplió con su trabajo. El viento quito todos los escombros, el androide gigantesco busco el cuerpo, pero el hombre estaba de pie observándolo, después desapareció y callo una pequeña esfera de cristal. El androide gira su cabeza al árbol que movía estrepitosamente sus hojas, la mujer se había quitado la banda en los ojos y de ellos emanaba una luz, el viento provenía de ella.