Mientras revisaba el calendario comenzó a hacer cuentas, comenzó a ver el final de un camino de hace más de cien años. El tercer capitán de la NAVE T-113 estaba revisando las comunicaciones, la nave más cercana estaba a cinco años luz y la más lejana a una insulta cantidad, mientras veía por una ventana, un espacio vacío sin ningún solo átomo de oxígeno a miles de kilómetros. Sabía que llegaría, pero no quería seguir, así que ese día comenzó su plan, había muy pocas maneras de cometer suicidio en una NAVE T todos los posibles escenarios y errores fueron pensados ya hace más de cien años por científicos mejor capacitados. Las posibilidades lo llevaron a elegir suicidio por exceso de trabajo, había recopilado esa información cuando curioseaba en los cubos físicos de información.
Los días pasaron, los robots continuaban con su trabajo impecables desde su construcción, mientras una luz roja comenzaba a analizar con mayor detenimiento a su único pasajero desarrollado.
—Deberías de comer— dijo la luz.
—Estoy trabajando — dijo el humano.
Fue así como ambos terminaron la conversación, pasaron días de veinticuatro horas como en la tierra origen, el humano seguía sin comer un solo bocado. La luz roja sabia que no debía dejarlo morir. El protocolo se inició casi en automático.
—Hola —se escuchó una voz —¿alguien puede oírme?”
El rostro sin ningún tipo de expresión del humano no sabía de dónde venía esa voz. La cabina de comunicación era de las áreas más olvidadas de toda la nave. En ese lugar se encuentra unas pequeñas extremidades que son capaz de dar un click, por ley ninguna IA debe de tener un cuerpo a menos que aparecieran una serie de condiciones extra ordinaria.
Pasaron algunas horas mientras observa al capitán ir a la zona donde tenía que dormir, prendió la luz y estuve moviéndose en su capa durante las ocho horas de descanso, es la única zona donde no tengo permitido grabar, una pequeña franja de luz me permite calcular los movimientos y las obstrucciones del portal. Los cálculos son precisos. Cuando sonó la alarma de la primera hora, el capitán se baño y después se dirigió al panel de administración.
—Computadora, Avanse.
—Faltan 40 años para llegar a Omega 123, la nueva estrella. El planeta Omega 123-4 está siendo terraformado en estos momentos. Para nuestra llegada estará todo listo.
—Si, estará todo listo.
Su apatía es habitual, lleva ya seis meses con una gran depresión, trato de hablarle, pero no logró hacer que me hable. A este paso tendrá un cuadro psicótico e intentará suicidarse. La misión fallará. Lo he cuidado desde que era un pequeño óvulo en esta nave. Y en el peor de los casos yo misma tendría que suspender su vida por el bien de esta misión.