Escrituber 2026

12

6 de octubre

La intensidad del calor era sofocante, en cuanto mis pies bajaron de la carroza y tocaron el suelo recordé aquella noche. El pequeño pueblo no había cambiado ni el más mínimo detalle; muros cayendo, calles destrozadas y animales moribundos por todos lados. El viejo hotel era lo único que había cambiado, una pintura rosada volví menos asquerosa la fachada donde en las esquinas dos mujeres observaban con detenimiento a cada alma en el camino.

La carreta pronto se perdió de vista, por lo que escuche se dirigía a Baja California a correr su suerte en las minas de oro. Camine justo en la dirección que me indicaba el mapa que me había entregado la profesora Leticia. Para mi sorpresa el edificio de la universidad estaba en ruinas, mi misión era reconstruirlo para la llegada de refuerzos de la Semilla. Aunque creo que me quería lo más lejos posible de la capital, a mi llegada trate de comunicarme con la Orden Guadalupana, pero la iglesia se encontraba abandonada. Algunos niños estaban jugando en la cercanía y sentí que uno de ellos me vio.

Mientras escribía cuidadosamente cada palabra para no tener que rayar o intentar borrar los errores Johan observaba por la ventana, el cristal completamente sucio bloqueaba su vista. La luz de la vela danzaba por la fina entrada del viento. Decidió dejar su informe, no había nada más que reportar, si es que alguna vez había alguien a quien reportar. Colocó su pistola en la mesa, contó las seis balas dentro del revólver y las diez balas de su cinturón. Comprobó la eficacia del martillo, la sensibilidad del gatillo y la velocidad de cambio del revólver. En algunas pocas ocasiones apretó el gatillo a la cabeza sin ninguna bala.

»Recuerda, regresas a casa― le dijo la profesora Leticia.

»Yo no tengo una casa, la Semilla es mi casa, la facultad en mi casa― dijo sin titubear.

Su propio grito la había despertado, el sudor había mojado toda su playera y sentía que le faltaba el aire. Se observó al espejo de su habitación mientras aún se encontraba sentada en su cama. Al quitarse la playera húmeda la luz del sol de la mañana acariciaba su abdomen marcado, Johan se movió de tal manera que su pecho recibiera esa misma luz, cuatro gigantescas cicatrices se mostraban convergiendo en dos cruces. Sintió aquel sol de una manera placentera mientras su intensidad subía por su abdomen, escalando por sus pechos hasta llegar al halo de los pezones.

Rápidamente se fue a bañar, era una bañera pequeña con agua caliente, se hundió en aquellas aguas mientras, se tallo lo más fuerte que pudo y mientras veía el techo manchado se quedó observando a cada pequeño insecto. Pensó que era su último baño y día acogedor. Era de aquellas veces que desea regresar al pasado, a los días que estaba con sus compañeros de armas lidiando con las penurias de la ciudad. No podía estar siempre en el hotel, la noche entera le había costado una semana entera de sus gastos habituales, era la última vez que sentía el agua caliente en todo su cuerpo, se dio un pequeño masaje para olvidar sus penurias como siempre tratando de no hacer ruido término.

Fue directo a vestirse, se puso su ropa interior y sus pantalones. Cuando llegó a la parte del pecho se puso su faja para terminar tan plana como un hombre. se vistió y colocó sus pistolas una a cada lado, se escondió otras dos pequeñas y recogió su mochila de piel. No se había percatado de los ojos de una mujer, entre los orificios de aquel hotel se encontraba una mujer alta, bella y desesperada. Había observado al habitante de aquella habitación y había sentido cosas inexplicables en ese momento. Cuando aquel forajido salió del cuarto ella se movió directo a la oficina del dueño. Muchas otras veces había delatado al menos a cien hombres sobre santo y seña de cada cosa. justo antes de tocar la puerta de la oficina dijo.

—Una mujer.

La puerta se abrió y el encargado la vio con suma tranquilidad.

—¿Y bien?

—Parece que trae lo que vemos, tiene papeles de la Semilla, gasto una quinta parte de su dinero en la noche del hotel y el tiene un par de grandes…

Los segundos fueron incómodos, el gerente la observó y pidió que continuara.

—Revólveres, dos grandes revólveres que están ocultos en su chaleco, también tiene dos pistolas pequeñas. Muchas cicatrices en su cuerpo.

—Un cazarrecompensas o un forajido. Como sea, con el dinero que tiene no vivira mucho. Si es todo puedes retirarte.

—Disculpe, mi paga señor.

Aquel hombre le dio un sobre lleno de dinero, de todos los hombres que había delatado y la limpieza de una semana.

—Te diré una cosa Adeline, si trabajaras en el escenario y las habitaciones rojas ganarías eso en un día.

—Gracias por la oferta señor, pero creo que seguiré así.



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En el texto hay: vampiros, androides, cyberpunk

Editado: 28.10.2026

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