Evangeline

Capítulo 14

Cuando até la última sabana el Sol ya comenzaba a surcar el alba. Había demorado más de lo esperado en terminar, pues mi mano dolía debido a los golpes que había proferido contra la puerta, pero finalmente había terminado. Solo esperaba que fuera lo suficientemente larga y resistente para poder huir sin que nadie lo notara.

Intentando no hacer ruido, me dirigí hacia la ventana. Al parecer él había cumplido su promesa y se había quedado toda la noche en la puerta. Había intentado que le abriera unas tres veces, incluyendo una vez para darme la cena, pero me había negado a gritos. Imaginaba que estaría durmiendo, pues un hombre de su posición no debía estar acostumbrado a levantarse tan temprano.

Tomando una de las puntas de la sabana, me dirigí hacia la ventana. Busqué un punto de agarre y la amarré fuertemente. Para estar segura de que resistiría mi peso, le ejercí presión. Esperaba que aquello fuera suficiente para soportar mi peso.

Seguidamente tomé el montón de sabanas y con todas las fuerzas que tuve la lancé. Me asomé para ver cómo caía y se desenroscaba hasta casi llegar al suelo. Solté un suspiro, gracias a Dios tenía el suficiente largo para poder irme. De repente el sonido del amarre emitió un crujir que me hizo tragar en seco.

Bien, ya estaba todo listo, después de haber trabajado tantas horas, no podía echarme atrás.

Me senté sobre la cama para descalzarme, pues con aquellos zapatos sería muy incómodo bajar y a continuación tomé mi maleta para amarrarla con una cinta a mi cintura. Con ella en las manos no podría bajar.

Cuando todo estuvo listo, tomé una bocanada de oxígeno antes de acercarme a la ventana. De nuevo la distancia me pareció gigantesca, como si se multiplicará por cinco.

El sol comenzaba a asomarse con mayor fuerza, tenía que darme prisa en bajar. Si quería que nadie me viera tenía que irme ya. Me agarré a las sábanas que crujieron ante la fuerza ejercida. Miré nuevamente el agarre, pero parecía seguro, así que me aventuré a sentarme en la ventana. Cerré los ojos un instante antes de agarrarme como pude a la sábana mientras me despegaba del balcón para quedar colgando en el aire.

La percepción de mis pies flotando en el vacío fue totalmente desagradable y mi mano derecha escocía a causa de los golpes que había dado contra la puerta. Me sujeté con los pies a las sábanas y muy lentamente comencé a deslizarme hacia abajo, intentando no observar la distancia que me separaba del suelo. Casi llegando al suelo, a menos de dos metros, una de mis manos se resbaló de la sábana lo que me hizo comenzar a caer rápidamente. Mi corazón se disparó a toda velocidad y como pude volví a agarrarme a dures penas. Me permití un instante para recuperar el aliento, había estado a punto caerme. Miré el suelo, ya solo quedaba un metro o menos del suelo.

Cuando mis pies tocaron la firmeza del pasto mojado pude respirar profundamente. Miré la ventana con una sonrisa de triunfo. Lo había logrado, acababa de escapar de mi habitación.

Me desaté la maleta de la cintura rápidamente para salir corriendo de la propiedad antes que algún criado o jornalero me viera. Cuando estuve lo suficientemente lejos de la casa me senté bajo un árbol. Me dolían las piernas por el esfuerzo que había supuesto bajar por la ropa de cama para luego correr.

Además, mi pecho estaba agitado y mis tripas rugían por el hambre acumulada. Aún quedaba demasiado camino hasta el pueblo, así que lo mejor era tomar un corto descanso. El viento acarició mi rostro y cerré los ojos, el sueño quería vencerme, pero no me podía dar el lujo de dormirme, aún estaba muy cerca de Inworth House. Además, allí estaba a merced de cualquier bandido. Abri los ojos nuevamente para contemplar el pasto, nada parecía diferente, pero los colores que había adquirido al regresar de Londres se habían esfumado.

—Señorita Rose Walker —dijo una voz masculina a mi lado.

Me quedé quieta al escuchar mi nombre y mis pulmones se quedaron sin oxígeno. Lentamente giré la cabeza en su dirección para encontrarme con un hombre de porte elegante, bien vestido y con sus cabellos peinados al detalle. A pesar de su aspecto, un escalofrío recorrió toda mi espalda. De un solo impulso me puse en pie y di un paso hacia atrás. ¿Cómo aquel hombre sabía mi nombre?

—¿Qui... quién es usted? —susurré. Mi voz delataba todo lo que mi corazón estaba sintiendo: Miedo, un terror atroz.

El hombre sonrió de manera lobuna mientras daba un paso hacia mí quedando a poco menos de un metro de mí. Yo di otro hacia atrás.

—Soy un viejo amigo de la mujer que me envió tras de usted —contestó el hombre, colocando sus brazos detrás de su espalda—. Sabe que su vida se alargó más de lo necesario, señorita Walker. Usted debió haber muerto en el palacio.

De repente volví a aquel día. La desesperación volvió a llenar mi pecho como aquel día, mientras parecía que nuevamente tenía aquella mano sofocando mis gritos o aquel hombre sobre mí asfixiándome hasta casi llevarme a la muerte.

Sin pensarlo dos veces levanté mis faldas y eché a correr tan rápido como mis pies me lo permitieran. Debía escapar de allí, de aquel hombre antes de que me atrapará. ¡No quería morir!

Mis pies cansados me pedían parar, pero no podía ni debía hacerlo. Corrí lo que me parecieron mil kilómetros y no parecía aparecer nada. Mi cuerpo comenzaba a pesar demasiado. La vista comenzaba a nublarse no parecía que pudiera escapar de aquel cruel destino.

—¡Detengase o dispararé! —gritó aquel hombre a mis espaldas.

Sabía que de todas formas me dispararía, pero ya no podía seguir corriendo, ya no podía respirar, así que, contra mi voluntad me detuve.

Lentamente me di la vuelta en su dirección y ahí estaba apuntándome con un arma. Traté de respirar profundo, aunque era difícil, mis fosas nasales ardían bajo el gran esfuerzo que había hecho. Aquel hombre tenía un arma apuntando contra mí y yo estaba indefensa en medio del campo sin nadie cerca.




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