Evangeline

Capítulo 18

No supe cuanto tiempo estuve llorando, tal vez solo fueron segundos o minutos, quizas una hora. Aunque no importaba realmente porque necesitaba sacar todo el temor que tenía acumulado.

Cuando pude ponerme en pie me moví en sentido contrario a su habitación. No podía verlo, le habían disparado por mi culpa y esa verdad ardía en mi pecho con demasiada fuerza. Si yo no fuese tan cobarde, ya habría logrado terminar con mis preocupaciones y sufrimiento. Nunca me habría permitido que pasara tanto tiempo siendo una criada en la que había sido mi propia casa.

—Señorita, ¿a dónde piensa ir? —inquirió Anne, que venía persiguiendome desde la habitación de Albert— ¿No quiere ver al señor?

Cerré los ojos al escuchar esa pregunta, al tiempo que me detenía. Claro que deseaba verlo, y no sólo verlo, también abrazarlo y estar a su lado hasta verlo volver a ser el mismo de siempre. Pero no podía, no hasta que me enfrentara a la amenaza que representaba mi madrastra.

Negué con la cabeza.

—Necesito hacer otra cosa antes de poder verle —susurré abriendo los ojos antes de seguir mi camido.

Tenía que conseguir un carruaje para marcharme a Londres. El dinero que había ganando siendo profesora serviría para tomar una diligencia, no tenía tiempo que perder.

Fui hasta mi habitación para recoger algunas pertenencias y el dinero que necesitaba y salí de la casa a hurtadillas, aunque no me encontré con ningún criado. Todos debían estar atendiendo a Albert.

Al salir de la casa miré Sufold House por un momento y sonreí. Esperaba poder volver pronto o quizás no.

*****
Cuando la diligencia se detuvo en su destino, respiré hondo. No hacía tanto que había estado allí, pero esta vez era diferente, demasiado. Bajé del carruaje mientras miraba las calles donde habitaban la servidumbre, las personas que Mayfair nunca deseaba ver, los que, como yo, eran invisibles.

Debía buscar un lugar donde quedarme y pensar en qué haría para alejarme finalmente de mi madrastra. Un desazón se instalaba en mi pecho cuando pensaba en aquella mujer, que me había hecho ser una esclava del miedo. Era una mujer poderosa y yo... no tenía nada.

Agarré con fuerzas mis pertenencias mientras miraba con precaución los edificios, al tiempo que buscaba una señal de algún lugar que pareciera una casa de alquiler y se viese minimamente decente.

«Soy muy buena contigo, Rose. Haz vivido toda tu vida en esta casa. Piensa que pasaría si te vieras fuera de Mayfair», recordé la voz de mi madrastra.

Creí que realmente me protegía del mundo y tal vez en parte no tenía que ver la oscuridad que había en Londres. Sin embargo, cuando me vendió pude comprender que sólo quería mantener a su criada estrella a su lado.

De repente, hallé un lugar, que parecía distinto al resto del edificio. Apreté con más fuerza mis pertenencias y entré allí deseando que no se tratara de un bar o un burdel. En el interior encontré un pequeño recibidor de color pastel, que nada tenía que ver con la fachada del edificio, y una mujer mayor, cuya mirada se iluminó al verme.

—Rose —dijo con alegría. Me quedé quieta ante la familiaridad de aquella señora. Me fijé un poco más en sus rasgos y entonces entendí de quien se trataba.

Aquella mujer había cambiado mucho desde la última vez que la había visto. Ahora estaba mucho más delgada que antes y debajo de sus ojos sobresalían unas ojeras, que delataba una profunda falta de sueño.

—¿Señora Millney? —pregunté perpleja de ver al ama de llaves de mi madrastra en aquel lugar tan alejado— ¿Qué hace aquí?

La mujer bajó la mirada hacia el mostrador y pasó el paño como si estuviera sucio.

—¿Qué puedo decir querida? —inquirió alzando sus hombros para dejarlos caer, sin mirarme—. Esa señora es una malagradecida. Después muchos años de servicios, ella me expulsó de su casa. Ahora que su hija mayor se va a casar con un vizconde, solo quiere lo más exclusivo. Según ella, volvieron los tiempos de abundancia.

—¿Kenia se va a casar con un vizconde? —interrogué alzando las cejas.

Era increíble que alguien fuese capaz de casarse con ella. No es que no fuera bella, pero era demasiado mimada para mi gusto. Era tan impulsiva y despreocupada de las consecuencias de sus actos, que siempre me sacaba de mis casillas.

—Sí, celebrarán el compromiso en dos días —informó la señora Millney y mi mente comenzó a maquinar.

Mi madrastra tenía poder y prestigio, pero tal vez yo tenía un secreto que podría destruirla o al menos frenar sus ataques hacia mí.

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Holis. ¿Qué creen que hará Evangeline? Las leo en comentarios. Recuerden dejar sus estrellitas si les gustó la historia y seguirme para más. Besos 💋

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