Falsa emperatriz

La venganza de Daisha

Daisha en el momento de escuchar la noticia de la pérdida del hijo de su majestad, supo que no debía ser un incidente natural. Que había alguien detrás de aquel terrible suceso, y estaba segura de quién se trataba. 

Había estado siguiendo a la amante de Bennett durante un tiempo y sabía que debía estar descansando en ese momento, por lo que fue a un salón donde encontró a la chica sentada en un sofá tocando su estómago mientras hacía mimos. 

Catalina estaba con ella y tan pronto como vio a Daisha se levantó del asiento con rapidez sorprendiendo a Eileen. 

—Duquesa Daisha —tomó su vestido y lo abrió haciendo una ligera reverencia 

—Señorita Catalina pasó un tiempo —sonrió amablemente —, dígame, ¿cómo se encuentra lady? —su mirada pasó a Eileen rápidamente 

No supo contestar rápido y solo asintió con la cabeza, no era una respuesta muy buena.

—Podría dejarme hablar con ella a solas, he escuchado mucho sobre esta dama y quisiera saber qué más hay en esa mente. La mujer más hermosa e inteligente de todo el imperio de Melione, así me lo describen los nobles —hizo cumplidos

A Eileen le brillaron los ojos al escuchar estas palabras, tanto que no fue natural. 

—¿Los nobles hablan sobre mí? —preguntó la ingenua muchacha 

—Por supuesto, es muy hablada entre la alta sociedad —siguió 

Catalina notaba algo raro en la conversación, y eso era la amabilidad de la duquesa, no pudo pensar mucho pues nuevamente Daisha le llamó la atención a la dama. 

—Te dije que te fueras. Déjame a solas con ella  —comentó

—Claro, disculpe —Catalina con pena salió de la habitación dejando a las dos mujeres sola  

Una vez solas la chica la invitó a tomar acento, accedió de inmediato y solo espero que las palabras que salieran de su boca fueran de su boca fueran tan gratificantes como los cumplidos.

Estaba entusiasmada por saber qué decía la alta nobleza sobre ella. 

Que cosas maravillosas salían de los labios de los altos mandos. 

—Creo que nos han presentado, mi nombre es Eileen, Eileen Edevane y soy la amante oficial de su majestad el emperador —fue educada al presentarse, pero con un solo error 

Eso era que había utilizado un apellido de la nobleza. 

A ninguna amante se le permitía apoderarse del apellido de su pareja. 

Con ese mínimo error, ya todo cambió, pero debía saber más sobre la amante de Bennett, debía ser astuta.

—¿De qué lado del imperio viene la señorita? —preguntó Eileen a Daisha 

—Soy del norte —mintió 

—¿Del norte? No había escuchado esa parte del imperio —contestó 

—No se preocupe —respondió 

Hubo un poco de silencio, silencio que no fue eterno pues la pelirroja en poco tiempo empezó a hablar. 

Contaba como era su romance con el emperador, cómo se sentía y lo más importante como era su relación con los demás nobles, se escuchaba como una mujer de la alta sociedad, chismosa.

Exagerando rumores e inventando algunos.

«No entiendo como puede amarla, es la mujer mas chismosa que he conocido y eso que en la alta sociedad hay muchas, pero ella, ella superó mis expectativas» no dejaba de pensar la duquesa con cada palabra que salía de su boca.

Tuvo paciencia con cada miserable palabra, estaba harta de escuchar su voz, hasta que se detuvo.

—No sabe lo asustada que me siento algunas veces, me atemoriza la emperatriz —comentó la pelirroja 

—¿A sí? —inquirió Daisha 

—Sí, verá, al ser la amante de su majestad ella se pone celosa, he escuchado que su amor es tan inmenso que no supera el hecho de verme con él, estoy segura que puede atentar contra mí, estoy casi segura que ese es su plan, algún día podría hacerme daño, después de todo yo le quite al hombre que ama… y no se puede culpar al destino —exclamó

Todas sus palabras fueron una vil y aburrida mentira que Daisha sabía muy bien.

—No le cae bien la emperatriz —golpeó sus manos —que pena, sabes, siento pena por esa mujer, que acaba de perder al heredero de la corona, es una desgracia no lo crees —Daisha esperaba con sus palabras que le dijera todo 

Con una actuación que no la dejará al descubierto.

—Sí, estoy segura que es por sus pecados —respondió a su comentario 

—¿Pecados? 

—Sí, verás nunca le he contado esto a nadie, pero la emperatriz no es una mujer pura, sino una persona realmente malvada y con gustos algo exóticos. Sé que me mira y sabes, no es una mirada muy cómoda, es acosadora y estoy segura que yo… gusto de la emperatriz —comentó algo que sacó a Daisha de todos sus pensamientos 

Estaba estupefacta con el comentario de la concubina y tan enojada que toda la actuación cayó al suelo. 

Tuvo que bajar la cabeza para no notar su enojo. 

—¿Po… podría decirme… ¿Cuáles son los gustos de la emperatriz? —apenas pudo hablar 




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