Falsa emperatriz

La muerte del duque

—No debería tratarme así, ¿sabe? 

—Yo trato a la gente por su estatus, y tú eres… una maldita pordiosera —dijo en voz baja 

Ella rió levemente 

—Padre no debería tratar así a la madre de su futuro nieto —confesó 

Rodolfo se quedó perplejo al escuchar esas palabras, aturdido y  sin aire.

Se sintió sofocado por la noticia, no lo podía creer, lo imaginaba, sabía que hijo era débil, pero nunca se imaginó lo que pasaría.

—Sabes padre, mi vientre está abultado, tiene forma, y sabes, sospechó que se trate de gemelos, en un embarazo normal mi vientre no estaría como está —sobaba su vientre para que mirara la forma ovalada

Era cierto

No quería escucharla, no quería mirarla, le daba asco y con cada palabra se retorcía.

Imagino muchas cosas, su cuerpo se retorció, apretó las cobijas y sus ojos casi se salen de sus párpados, apretaba sus dientes con fuerza y por su mente solo pasaba el momento de envenenar a Alysa.

Había acabado con un hijo bastardo, pero ahora había uno con vida.

Elieen tomó sus manos, mientras el corazón del duque dolía y se detenía lentamente.

—Padre, me hace feliz saber que se está retorciendo, me da lastima que mis hijos no puedan jugar con su abuelo, al fin y al cabo tampoco lo permitiría —Eileen estaba sonriendo 

Le agradaba ver al Duque, y en un momento cortó, giró su cabeza, cerrando los ojos, con la boca abierta. 

Yacía muerto en su cama.

Lady se levantó, limpió sus manos con el vestido y salió cuanto antes de la habitación.

A las cinco de la tarde, cuando regresaban Alysa, Bennett y Marie al castillo, dos guardias custodiaban la puerta de la habitación del duque con la cabeza abajo. 

Bennett se acercó a ellos rápido, abriendo la puerta con brusquedad, al entrar se encontró con el cuerpo de su padre reposando tranquilo en la cama. 

Alrededor del cadáver, se encontraba un médico. 

—Lamento la pérdida su majestad —comentó el médico con un tono de voz deprimente 

No se dio cuenta que detrás de él estaban Alysa y Marie. 

Quien al escuchar esas desgarradoras palabras se recargo en el cuerpo de la emperatriz, débil y sin fuerzas.

Estaba llorando a mares, Alysa trataba de calmarla abrazándola, acostándose  contra su pecho, la duquesa solo fue un pequeño peso en los senos de Alysa y en su figura, que se aferraba y apoyaba en su cintura.

Lágrimas salieron de los ojos de la emperatriz con discreción, sus lágrimas no eran tan largas y gruesas como las de Marie.

A Bennett, solo se le aguaron los ojos.

Observó el cadáver de su padre y acercándose a él, se quitó el anillo de rubíes, lo puso en su dedo y luego besó su frente.

Aquel anillo, era similar a uno que él le había dado cuando era niño. 

Esa tarde todo el palacio se oscureció en una profunda tristeza, no aguanto mucho. 

Al día siguiente todos vestían ropas negras, Marie, como recién viuda, al igual que Alysa usó un vestido largo que cubría la mayor parte de su cuerpo, de hecho, los cubría completamente. 

Usaban velos largos negros. 

El cuerpo de Rodolfo fue enviado a la capilla principal, fuente de oro divino, donde su cuerpo sería bendecido por doce días.

En Melione, se dio la iniciación del luto con una frase.

"La tierra de Melione se ha dañado"  

A su velorio asistieron varios nobles, y como animal aparecido, Eileen.

Aquella chica lloró desconsolada al saber la noticia. 

Estaba con el emperador en su habitación, con él sobando su cabeza, mientras ella lloraba en su regazo.

—Nuestro bebé no tendrá un abuelo —mencionó entre lágrimas 

—Tranquila todo estará bien —comentó él

Bennett no se daba cuenta que entre esas lágrimas que caían, una sonrisa se aproximaba.

***

Los días de su velorio, todos estaban en la iglesia pidiendo por el alma de Rodolfo, en las noches, su cuerpo permanecía allí, solitario, hasta el día siguiente, y así fueron pasando los doce días.

Hasta su funeral.

Ese día estaba lloviendo bastante, la familia real era protegida por una sombrilla que sostenía Bennett, a su lado derecho estaba Alysa, al izquierdo Eileen. 

Quien después de llorar se le permitió asistir al evento, ella no dejaba de acariciarse el vientre. 

«Eileen no debería estar aquí, a Rodolfo nunca le cayó bien» pensó Alysa analizando a la chica con una mirada discreta. 

Sobre el ataúd de Rodolfo recae la bandera de Melione, su bastón, y flores, rosas, rosas rojas y hermosas. 

Sus favoritas.

Marie estaba al lado de Alysa, ella era su paño de lágrimas en todo el funeral. 




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