Falsa emperatriz

La prueba de Hayes

—No se preocupe, solo será administrada, no habrán cambios sin su consentimiento —comentó Catalina con seguridad 

Él aceptó, saliendo de la habitación. Eileen detrás de ella tocó su hombro llamando su atención.

—¿Debemos hacer un documento legal? —preguntó con inocencia en su voz 

—Sí, no podemos hacer que el duque pierda su propiedad, además eres más rica que él. Por lo que puedes usar este punto a tu favor. No te preocupes eres una Louder, eres inteligente y sabrás arreglartelas—Catalina con una sonrisa la tomó de los hombros y luego la abrazo 

Ella correspondió al abrazo. 

Definitivamente su vida después de la muerte de Rodolfo sería mejor, él era la espina de la rosa que no dejaban tocar, pero ahora, esa rosa sería más fuerte, con mejores espinas que las anteriores. 

*** 

Como lo habían planeado, Hayes se reunió con Alysa y Marie, él daba su más sentido pésame a la recién viuda.  

Ya lo había hecho pero por cortesía seguía con la formalidad de un luto.

Al poco tiempo llegó Eileen, sonriente quedando perpleja al ver al duque, él la analizó de arriba abajo, sus miradas llena de duda hicieron que el momento se congelara. 

Por lo que en ese momento, desconcertó a las dos nobles con las que estaba, estudio a la mujer para luego ofrecerle asiento.

—Usted debe ser lady Eileen. Por favor tome asiento señorita —le ofreció sentarse a su lado, de tal modo que estuviera al lado de Marie 

—Muchas gracias, Señor… —hizo una pausa 

—Que mal educado, mi nombre es Hayes Louder, duque de Melione —respondió con sutileza 

Fue tan amable con ella, que no parecía el hombre que conoció. 

Se estaban tomando lo de su actuación muy en serio.

Marie notó esto, estudiando los rasgos físicos de los dos, ellos eran tan parecidos que le pareció imposible no evitar verlos.

La duquesa empezó a dudar y esto llamó la atención del duque.

—¿Pasa algo alteza?, no se ve bien. —preguntó Hayes 

—No es nada 

Se quedó callado, volvió a ver a la chica de radiante belleza y sus ojos se aguaron, para luego limpiarse aquella lágrima. 

Ellas notaron esto y les pareció realmente extraño. 

—¿Duque Hayes se encuentra bien? —inquirió Alysa preocupada 

—Sí, solo que recordé algo —respondió con sentimiento —verá, esto es algo que nunca he conversado con alguien, pero hace años conocí a una hermosa noble, tuvimos una pequeña relación, y de aquella unión tuve una hija, solo me dieron a cargarla unos cuantos minutos cuando… —un sollozo salió de sus labios, su ceño se dobló y su voz se quebrantó —la perdí, las busqué incansablemente, pasé noches, días, meses, tanto tiempo deseando verlas y preguntándome por qué me abandonaron. Me consumió la tristeza y aun después de mi segundo matrimonio, seguí buscando. Lo último que supe, fue que la niña murió en un arrolló… —una lágrima se desprendió de su ojo recorriendo su mejilla —lady Eileen, me recuerda a mi hija, ella tenía hermosos cabellos de fuego y sus ojos, no logré verlos, pero estoy seguro que eran muy hermosos 

Hayes recayó en llanto, ocultó su tristeza cubriendo su boca mientras las lágrimas caen con suavidad.

Eileen sobo su espada despacio y le dedicó una sonrisa tierna.

—No estés triste, estoy segura que ella está en un lugar mejor. Viendo, y sintiéndose orgullosa de lo fuerte que es al no olvidarla —fue amable con él sintiendo compasión 

Ellas dos estaban pensativas, en especial Alysa, que le pareció extraño que de repente apareciera el duque y contará esa historia, era un buen secreto, pero la duda e intriga nació en su ser.

«Es como ver dos gortas de agua, la unica diferencia seria su sexo, pero… ¿y si Eileen es la hija perdida del duque? Según esta muerta, pero puede tratarse de un falso positivo»

Sí Eileen tenía sangre noble, tal vez sería su ruina, ella ya no pertenecería a la burocracia, si no a la nobleza, el escándalo sería masivo y el hijo de Eileen, sería quien obtuviera la corona sí ella no concebía. 

Estaba en una situación más apretada que antes. 

Apretó su vestido, se sintió tensa entre esos dos y no lo pudo demostrar, debía fingir, sonreír y ser positiva a los ojos de ellos.

No se podía dejar influir por ellos.

—Su majestad, disculpe, podría permitirme retirarme, lamento no acompañarlas más —el duque  se limpió las lágrimas de los ojos 

—Sí, no se preocupe tómese su tiempo 

Él sonrió, se despidió y se fue, dejando a las tres mujeres juntas. 

En lo que sería una de las peores tardes para ambas mujeres, Marie odiaba a Eileen, y Alysa odiaba como Bennett la defendía.

*** 

Hayes se reunió con Bennett en una habitación lujosa, era 10 de 10, todo era forrado bajo elegancia, con telas finas, marcos de artistas reconocidos y pequeñas sutilezas de oro

Él tenía una mirada trágica y Bennett, estaba serio.




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