Falsa emperatriz

Ceremonia a la corona

Usualmente las celebraciones entre la familia real se hacen en el palacio, pero esta vez fue diferente. La madre emperatriz —Marie Eleonore — junto con la emperatriz del imperio se negaron a ir a la ceremonia.

Las palabras que Bennett recibió de parte de su madre le partieron el corazón al emperador.

Fue en la última semana antes de que la ceremonia fuera realizada, cuando aún estaban preparando los últimos detalles, estaban en su despacho con Eileen en su regazo sobando su vientre.

—Eilleen está embarazada, por eso me gustaría que nos acompañará en la ceremonia. Madre emperatriz —Bennett tenía una sonrisa que le causó enojo a Marie 

—¿Cómo te atreves a celebrar después de la muerte de tu padre? Perdiste la razón, la compostura, ¿cómo te atreves a invitarme cuando aún estoy de luto? Tenga vergüenza su majestad —se dirigió a Eileen con una mala mirada —espero que usted tenga algo más de respeto, aunque lo dudo, ayude a su majestad, ya que la emperatriz parece tener más orgullo y respeto por el ex emperador de este imperio. Que ustedes dos, con permiso —Marie dijo con un tono frío de voz 

Su expresión fue sería y no pensó en sus palabras, fue grosera con ellos dos, pero no le importó, guardaría luto hasta que muera.

Alysa también pasó por algo similar cuando el emperador la invitó.

—Quiero que esté en la ceremonia de mi hijo, no tiene que estar al lado de Eileen si no quiere, pero una buena bendición de su madrastra tal vez le ayude con su reputación 

—Lo lamento, pero no asisto a las reuniones de los hijos bastardos —comentó 

Bennett frunció el ceño, apretando sus dientes.

—¿Hijo bastardo? ¡SE ESTÁ REFIRIENDO A MI HIJO COMO UN BASTARDO! —se sobre exaltó el emperador 

Alysa se masajeó la sien, cerró sus ojos y luego rió. Observó a Bennett con gracia y luego tuvo que ponerse sería sin dejar esa sonría 

—Majestad, su hijo está destinado a que lo vean como un bastardo, ¿no se da cuenta? Claro creo que no, si se hubiera dado cuenta no se hubiera humillado tanto —no dejó su sonrisa, provocando en Bennett más irá de lo normal —, si me lo permite, le recomendaría pensar dos veces antes de realizar la ceremonia. Quien sabe, tal vez y reciba murmullos y rechazos en adelante 

Bennett golpeó la mesa descontento, acercándose a Alysa y haciéndole frente.

—¡NINGUNA MUJER O NOBLE TRATARA A MI HIJO COMO UN BASTARDO Y ESO LA INCLUYE A USTED! —. Gritó con fuerza 

Trató de intimidarla, pero no logró nada.

—¡YO SOLO DIGO LA VERDAD, USTED SE TERMINARÁ ARREPINTIENDO DE HACER UNA FIESTA TAN BARATA COMO ESA. PIENSA CELEBRAR EL NACIMIENTO DE UN BEBÉ QUE LLEGARÁ HACER COMO SU MADRE. NADA EN LA ARISTOCRACIA Y NADA EN EL IMPERIO!  —grito frunciendo el ceño 

Ya estaba cansado de escuchar esas palabras, de tenerla que ver su oficina cuando muy bien y pudieron resolver las cosas hablando de buena manera.

Cansado y ofendido por las palabras de Alysa, la ira lo consumió al tener a la emperatriz delante de él, levantó la mano listo para golpearla en el rostro.

Pero fue lento. 

Alysa le había dado una bofetada antes de que él se atreviera a tocarla. 

El sonido del golpe los dejó atónitos, quietos, Alysa se llevó la mano a la boca sorprendida por su acción.

Nunca en una discusión habían llegado tan lejos como para golpearse, asustada por lo que hizo salió de la habitación antes de que la tomara.

Corriendo, dirigiéndose a sus aposentos. Cerró la puerta con llave, cayó en el suelo, su respiración era agitada.

—¿Qué hice? —. Se dijo así misma.

*** 

Después de esa pequeña discusión no volvieron a dirigirse la palabra, se ignoraron a tal punto de que los nobles, sirvientes y todo el palacio se diera cuenta de la situación marital.

El día de la ceremonia, varios nobles aristócratas asistieron a la mansión de los Louder, celebrando el embarazo de la concubina de su majestad.

Todos y cada uno de ellos llevaron regalos para el futuro bebé, la única diferencia es que al igual que Alysa y Marie, la esposa de Hayes junto con sus hijos no asistieron a la fiesta.

Solo la hija de Hayes asistió por respeto a la corona, al emperador. 

Mientras unos se preguntaban en dónde podía estar la emperatriz, otros empezaron a teorizar sobre la falta de la presentación de la gobernante.

—Escuche que esta desdichada por la noticia —una marquesa susurraba bajo su abanico 

—Se imaginan que le haga la vida imposible el bebé —respondió un noble que entró en la conversación 

—Imposible, ella es amable incluso con los niños del orfanato. Ninguno de nosotros es capaz de tocar a una de esas sucias ratas sin guantes —. Una vieja anciana daba su opinión con elegancia 

Eileen logró escuchar cada uno de sus comentarios, algunos le agradaron pero solo ella sabía la verdad. 

La hija de Hayes —Cecil Loder —se acercó a Eileen con cuidado con una pequeña caja en sus manos.

—Lady Eileen, es un placer volverla a ver —comentó Cecil 

Ella al verla sonrió, se acercó a la joven duquesa y la abrazó con fuerza.

—¡Cecil! Que alegría volverte a ver, te ves fantástica 

—Gracias, igual usted. Me alegra mucho que haya encontrado a su príncipe azul 

Cecil, era la fiel testigo de Eileen por lo que estaba enterada de toda la situación entre ella y el emperador. 

Las dos nobles y medio hermanas empezaron a hablar, conversar de toda la situación; al igual que Cecil, todos los presentes en esa sala ya sabían que Eileen era la hija de Hayes.

Por petición del emperador, la noticia se publicó un día antes de la ceremonia.

Para que Eileen se ganará a la nobleza más fácil, y si que lo estaba haciendo.

La simpatía de la chica, su belleza y buen porte le estaban dando un hermoso lugar entre las joyas más bellas de la aristocracia, incluso parecía una princesa.

Sus orígenes nobles le estaban abriendo muchas puertas.

Bennett que observaba a la distancia la cantidad de cumplidos que recibía la chica, fue llamado por el duque Hayes. 




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