El hedor a plástico quemado y sangre reseca saturaba los pasillos del área de investigación biotecnológica, tres niveles por debajo del punto de emboscada. Con los circuitos de combate aún emitiendo un zumbido de sobrecarga, la escuadra M-9 avanzó en formación de cuña, apartando con las placas reforzadas de sus botas los trozos de cristal blindado y las consolas destrozadas.
—Detecto firmas térmicas débiles detrás de la compuerta del laboratorio de criogenia —informó Alex, ajustando los filtros infrarrojos de su casco visualizador—. Hay interferencia, pero cuento al menos ocho pulsos cardíacos... bastante acelerados.
—Mantengan la guardia alta —ordenó Andrés, revisando el cargador de su rifle de asalto perforante—. Si nosotros logramos llegar hasta aquí, la red enemiga también sabe que este sector no está completamente despejado.
Juan colocó la palma de su guantelete hidráulico sobre el panel de control de la compuerta. Tras inyectar un pulso de derivación de energía desde su núcleo M-9, los pestillos mecánicos cedieron con un chasquido pesado. La gruesa puerta de titanio se deslizó lateralmente, revelando un recinto a oscuras iluminado solo por la luz roja de los sistemas de emergencia.
Ocultos tras un muro de contenedores criogénicos destruidos, un grupo de personal técnico y científicos heridos se encogió ante la silueta masiva de los tres trajes mecánicos.
—¡No disparen! —exclamó una doctora con la bata manchada de hollín, alzando las manos temblorosas—. ¡Somos el equipo de investigación del Sector Tres!
Andrés levantó la visera de su casco para mostrar su rostro y tranquilizar a los civiles.
—Somos la escuadra de vanguardia. La zona superior está temporalmente aislada, pero venimos a sacar a los sobrevivientes —dijo Andrés, escaneando el estado del grupo—. Hay heridos graves. No podremos avanzar rápido por el corredor principal.
—Y no tenemos mucho tiempo —interrumpió Juan desde el umbral, fijando su atención en el canal de radar local—. Se aproximan múltiples contactos por las tuberías de ventilación y el pozo del ascensor. Unidades rastreadoras Haraganes. Vienen en manada.
—Alex, guía al grupo de investigación por el túnel de mantenimiento B-4 hacia los niveles inferiores del capitán Vera —ordenó Andrés sin apartar la vista del pasillo exterior—. Juan y yo nos quedaremos en la compuerta para sellar la retirada.
—El túnel es estrecho, Andrés. Si los Haraganes flanquean la compuerta principal, no habrá forma de proteger la retaguardia de los civiles —advirtió Alex.
—Por eso vamos a destruir los soportes del techo en cuanto cruce el último sobreviviente —respondió Andrés en tono tajante—. Juan, coloca las cargas de supresión electromagnética en las vigas maestras. No dejaremos más que toneladas de escombros para esos malditos.
—¡Muévanse, rápido! —vociferó Alex dirigiéndose a los científicos, ayudando a levantar a uno de los heridos mientras el grupo avanzaba en hilera hacia la estrecha escotilla de servicio.
El siseo característico de las garras de los Haraganes resonó contra el metal de los conductos de aire. La vanguardia de la jauría emergió del techo en una lluvia de esquirlas y chispas.
Juan comenzó a descargar ráfagas continuas con el cañón pesado de su armadura M-9, destrozando a las primeras criaturas antes de que tocaran el suelo, mientras Andrés cubría los ángulos superiores con disparos de precisión. El fuego cruzado iluminó el laboratorio en una vorágine de casquillos y chillidos alienígenas.
—¡El último civil ya está adentro! —gritó Alex desde el túnel, asegurando la escotilla tras él.
—¡Activando cargas de colapso! —respondió Juan, presionando el detonador remoto mientras retrocedía junto a Andrés por la puerta de servicio.
La explosión retumbó en las entrañas de la torre. El techo de hormigón armado y metal del laboratorio se vino abajo en una masa aplastante, sepultando a la jauría rastreadora y sellando por completo el corredor tras la escuadra.
En la penumbra del túnel subterráneo, con el estruendo de los derrumbes apagándose gradualmente, Andrés bajó su arma y ajustó de nuevo su casco. El grupo de sobrevivientes estaba a salvo por ahora, pero la oscuridad del sótano de la Torre Central prometía nuevos peligros.
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Editado: 20.10.2026