Fear World génesis

Capítulo 25: El Fin de la Esperanza

​El cielo sobre la atmósfera terrestre se tornó de un color escarlata profundo, un tono antinatural que presagiaba la catástrofe global. Desde la sala táctica subterránea de la base de Hawái, los monitores globales parpadeaban con un flujo incesante de advertencias de emergencia que, uno a uno, se apagaban para siempre.

​La purga orbital desatada por la armada alienígena no discriminó entre continentes, fortificaciones militares o bastiones de resistencia. Los cruceros nodriza, operando bajo sus protocolos más extremos de contención ante la amenaza del parásito tecnológico, dispararon en ráfagas sincronizadas contra los focos de mayor densidad demográfica y militar del planeta.

​En cuestión de horas, el impacto coordinado de la artillería de antimateria y los rayos térmicos desintegró megaciudades enteras en América, Europa, Asia y África. Gigantescas columnas de humo, ceniza y plasma distorsionado cubrieron la faz de la Tierra, bloqueando la luz solar y sumiendo al planeta en un crepúsculo artificial y sofocante.

El saldo del ataque fue devastador. Las estimaciones automáticas que llegaban a los terminales de Ceidy indicaban que la quinta parte de la humanidad había sido aniquilada en el transcurso de una sola jornada de fuego ininterrumpido.

​En los pasillos del búnker de Hawái, el silencio era absoluto. Los comandantes sobrevivientes de la 1.ª División de Marines observaban las pantallas con la mirada perdida. Las pérdidas humanas y materiales superaban cualquier cálculo previo realizado por el alto mando.

​—Nos han golpeado en el núcleo de nuestra civilización —dijo el Capitán Felipe Vera, apoyando los nudillos sobre la mesa táctica mientras las alarmas secundarias de la base zumbaban débilmente—. Han sacrificado a una quinta parte de la población mundial y a sus propias tropas solo para evitar que la infección del parásito gane terreno.

​Andrés Amaya se detuvo frente a la compuerta que daba al hangar, sosteniendo en sus manos el contenedor hermético con la muestra del núcleo parásito. A través del blindaje reforzado, el estruendo amortiguado de los sismos globales recordaba que el planeta entero se estaba fracturando bajo los pies de la resistencia.

​—No nos han destruido —respondió Andrés con una calma fría, mirando a Juan, Alex y al Capitán Vera—. Si han tenido que aniquilar una quinta parte de su propia conquista y de nuestra especie para frenar la plaga, significa que nos temen tanto como le temen al parásito. Todavía tenemos la muestra, y todavía tenemos la manera de llegar hasta su nave insignia en medio del caos.

​El contraataque ya no era una operación de reconquista convencional; se había convertido en una misión suicida de supervivencia total.




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