Fear World génesis

Capítulo 27: La Gran Retirada hacia el Refugio

​La caída de las metrópolis y el fracaso rotundo de la ofensiva global disolvieron los frentes de combate en una retirada generalizada y caótica. La humanidad, despojada de sus bastiones urbanos, se fracturó en dos corrientes desesperadas para evitar la extinción.

​Mientras las columnas de civiles y los escuadrones de infantería dispersos marchaban a pie hacia las cadenas montañosas más agrestes del interior continental —buscando el aislamiento natural contra los bombardeos orbitales y la marea del parásito—, el núcleo operativo de la resistencia tomó la única ruta de escape viable hacia el Pacífico.

​El transporte pesado nodriza que quedaba operativo en el sector cruzó el cielo humeante con los motores forzados al límite. A bordo viajaban los restos de la 1.ª División de Marines, acompañados por el equipo M-9 de Andrés Amaya y un escuadrón de élite de fuerzas especiales. Su destino: la Base Militar de Comando en Hawái, el último bastión fortificado bajo el nivel del mar que aún conservaba energía, sistemas de contención y aislamiento frente a la purga exterior.

​Durante el descenso nocturno sobre el archipiélago hawaiano, la silueta de la base se alzaba como una fortaleza solitaria rodeada por la inmensidad del océano oscuro. Las defensas antiaéreas automáticas de la instalación dispararon haces de guía electromagnéticos para asegurar el aterrizaje de emergencia de la nave.

​Cuando la compuerta hidráulica del transporte se abrió, el viento cargado de sal y el olor a metal quemado recibieron a los supervivientes. El Capitán Felipe Vera, cojeando levemente por una herida en la pierna, descendió primero, seguido de cerca por Andrés, Juan y Alex, cuyos trajes M-9 rechinaban con marcas profundas de batalla y escudos al límite de su capacidad.

​Esperándolos en la plataforma de desembarco se encontraba Ceidy, flanqueada por ingenieros de la base y técnicos de comunicaciones que sostenían el contenedor criogénico con la muestra intacta del núcleo parásito.

​—Los radares satelitales confirman que el enemigo ha asegurado el control absoluto de la atmósfera superior —informó Ceidy con voz tensa, abriéndoles paso hacia los ascensores blindados que descendían a los niveles subterráneos más profundos—. Nos han cortado del resto del planeta. Estamos completamente aislados.

​Andrés se quitó el casco maltrecho, dejando ver su rostro marcado por el cansancio y el hollín de la guerra. Miró a los operadores y a los soldados especiales que ocupaban las posiciones defensivas del búnker. Aunque la superficie terrestre ardía y el 20% de la humanidad yacía enterrada bajo los escombros de las ciudades, Hawái representaba el punto cero del contraataque definitivo.

​—No estamos aislados, Ceidy —respondió Andrés, ajustando el contenedor del parásito sobre la mesa de control—. Estamos en el único lugar donde el enemigo no puede alcanzarnos sin arriesgarse a liberar la plaga que tanto temen. Ahora jugaremos en nuestro propio terreno.




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