Flor de Sangre

CAPÍTULO 8

-Porfavor, Zyran-miro a su hija.-¿Akane?

Ellos se miran entre sí. Akane niega con la cabeza. Ni se lo plantean. Ni siquiera Lucifer había aceptado mi propuesta: que nos acompañen algunos miembros del cuerpo de exploración. Esa parte del ejército estaba especializada en explorar fuera de fronteras. Tanto el reino de Satania y Argansta están sobrepoblados por la longevidad de los demonios. Lo peor de todo era que el Infierno era un inmenso desierto escaso de recursos. El cuerpo de exploración se encargaba de eso, pero desde hace unos meses a pasado a ser una unidad de defensa desde que lo ángeles merodean a las afueras de las murallas.

-No pondremos más vidas en peligro.-aclara Zyran

-No te entiendo. Ya sé que los ángeles os están cazando cuando salís de las murrallas, ¿pero porqué no salir de la ciudad? Decidme qué vamos a perder cuando ya está a punto de estallar la guerra.

-Y ese es el punto. Los de la corte imperial no podemos salir. Tu padre, en el momento que creó el Infierno como castigo divino por nuestra rebeldía, hizo un hechizo para que los ángeles caídos que fuimos desterrado y los primeros demonios no pudiésemos salir de entre las murallas y que lo ángeles no pudiesen entrar en ellas.

Aún habían muchas cosas que no sabía al parecer. Al fin y al cabo yo era una humana que tenía 19 años. Ellos habían vivido milenios.

Me resigno cruzada de brazos y pienso en Kiara y Kai.

-¿Y porqué Kiara sí puede salir y Kai también?

-¿Porque ellos nacieron mucho después de nosotros?- explica Lucifer.-Aunque tú Zyran… Eres oni puro, no un ángel caido…-suelta de gratis su majestad.-Como sea, las primeras 5 generaciones no podemos salir y las siguientes, aunque puedan salir, no lo permitiré.

Había una cosa que no tenía sentido y era que el hechizo prevaleciera. Mi padre estaba muerto y su conjuro seguía teniendo efecto. Tal vez las normas de la magia y los demonios eran otras.

-Pero…¿por qué el hechizo de mi padre sigue sobre vosotros?

-Porque se ha transpasado a otra persona.-contesta Akane.-Así de simple, niña.

Me levanto de la mesa y me despido. Hay demasiadas cosas que aún no comprendo y eso me irrita. No obstante, eso no hará que me retire en mi viaje. Estoy decidida a hacerlo. Me despido por última vez y me voy.

-Espera.-lanza Lucifer la orden.-Zyran, ve con ellos.

-¡¿Eh?!

-Tanto Jack, Collet, Kai y Kiara son unos críos y no tienen ni idea de lo que están haciendo. Te ordeno que vayas con ellos. Quedas responsable de ellos.

Siento la chispa de emoción. Lo había logrado. Akane mira a Lucifer con resignación, pero no le queda otra. Aquí, el monarca es Lucifer y, guste o no, sus órdenes se siguen.

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En el lugar más apartado del palacio real. Darío se ve con la cabeza envuelta en un saco maloliente. Se retuerce y protesta en vano, ya que la tela que tiene en la boca le impide hablar.

Por fin se la quitan y lo primero que hace es escupirle en la cara. Kai se aparta rápido. Su cabello de fuego se mueve a un lado también, acompañando sus movimientos.

Darío observa a Kai. Tiene los ojos crueles y felinos. Su pelo es un fuego vivaz, literalmente. Es atractivo, pero tiene esa crueldad en su cara pícara. Le observa con curiosidad. Darío le mira con una mueca de asco. Kai se da cuenta de lo mucho que se parecen ese hombre y Collet. Se nota que son hermanos e hijos de Caín.

-Igualito…

-¿Qué?

-Nada, hablaba solo.-sonríe.-Te tengo un pacto.

-Depende. Me lo pensaré.

Darío colaboraba con los ángeles y seguramente ya sabría cómo funcionaban estas cosas de los pactos.

-Vas a venir con nosotros en una expedición. Irás conmigo, alguien más y tu hermana.

-Vaya, sí que mi hermana hizo amigos en su aventura por aquí.-dice con una voz burlona.

Kai aprieta los puños. Quiere atizarle una buena paliza, pero Collet se enfadaría. Ese desgraciado tiene suerte.

-Un trato. Te libero, te protegeré de que ni uno los demonios te pongan un dedo encima, pero no te acercarás a Collet. Mantendrás una distancia donde no la puedas tocar.-propone Kai.-Y te aviso que nuestro pacto durará hasta la próxima luna llena, justamente un mes. Hasta entonces , te advierto que tu alma me pertenecerá. En caso de incumplir tu parte serás mi esclavo. En caso de no cumplir yo, seré el tuyo.

-¿Solo tengo que alejarme de Collet?

Suena demasiado simple. Darío se encoge de hombros y asiente. Kai había acertado en su intuición: eran iguales, por tanto igual de impulsivos. Estrecharon manos. Darío fue liberado.




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