Flor de Sangre

CAPÍTULO 9

Realmente no lo puedo creer, hay humanos. Algunos niños juegan a la pelota y nos miran como si fuésemos bichos raros. No me extraña porque yo y Kiara vestimos como asiáticas. Miro a mi hermana y me preocupa que la rechacen. Los ángeles terminaron con la normalidad del mundo humano.

Jack alza la mano y una anciana, junto a una chica rechoncha y ojos de corderito se acercan. Ella carga con una cesta de alimentos. Las dos ven a Kiara atónitas.

—Has traído a uno de ellos. —confirma la anciana con una voz gruesa.

—No Margarita, ella es buena.

—¡Es un ángel!

—Del infierno. —dice rápido Jack.— Ni siquiera se ha criado en el Cielo.

La anciana mira con rechazo a Kiara, lo cual la incomoda. Se esconde detrás de mí. La vieja clava sus ojos grisáceos en mí.

—¿Y ella?

—Collet.

Su mirada cambia de golpe después de que Jack pronuncie mi nombre. Me coge de las manos y me alaga por mis ojos. Pronto, tira de mí y me jala, llevándome con ella. Ni siquiera tengo tiempo de reaccionar.

—Jack nos ha hablado mucho de ti, y de cómo rajaste el cuello a Solana. —añade la chica joven. —Eso sí, no pareces humana del todo. —toca los falsos cuernos. —¡Oh! es pelo.

La alejo. No me gusta el contacto físico. De hecho, rara vez dejo a quienes son cercanos a mí que me abracen. La vieja regaña a la chica. La llama por su nombre: Lily. La manda a vigilar a Kiara. Lili se va y Margarita se acerca a una falsa encimera hecha en caliza. Corta carne de pollo.

—Perdónala, es muy confiada con los demás. Siéntate si quieres, cariño. ¿Quieres algo de comer o beber?

—No tengo hambre, gracias. —tartamudeo.

La vieja sigue hablando de cosas que no entiendo. Jack entra y se da cuenta de mi estrés. Se sienta a mi lado y toma la palabra.

—Bienvenida a Paradise. No somos muchos, pero resistimos.

—¿Cuántos?

—2 mil y pico.

De 8 mil millones que éramos solo quedaron unos 2 mil aproximadamente. Sentí un escalofrío.

—Debes de haberla pasado muy mal ahí fuera sola.

—Margarita, por favor. —le pide Jack. —Lo importante es que estás de vuelta.

Me sonríe. Yo le devuelvo el detalle y me acerco a la ventana. Veo esa pequeña civilización. Un último suspiro de los humanos.

—¿Cómo? —pregunto.

—Con esperanza de recuperar la normalidad

. Entonces pienso que mucho aspiran. Es demasiado lo que desean

—No pongas esa cara, lo digo en serio.

—Yo ya perdí la esperanza, Jack. Lo sabes.

Margarita niega con la cabeza dramáticamente. La anciana me abraza y acaricia el pelo.

—Panecillo, lo último que se pierde es la esperanza. —Mira a Jack sonriente. —Me alegro que hayas encontrado a tu amiga, pero tenemos que volver al trabajo. Hay mucho que hacer.

Observo paciente a Margarita volver a su pollo. Vuelvo a mirar a través de la ventana y me percato de que todos hacen algo: o lavan la ropa a mano, o cargan cestas con comida, o dirigen al ganado y así.

Jack se levanta y me hace un gesto con la cabeza para que vaya detrás de él. Caminamos juntos por el pasillo de esa cosa. Hay mucho silencio y solo se escuchan nuestros pasos. Este silencio no me incomoda o estresa, sino que me agrada.

—Esta es mi habitación. —me presenta Jack ese cuarto con una cama, un pequeño armario y un escritorio. Sobre la mesa veo un mapa hecho a mano y hojas con apuntes de cosas. Era un estudio de los ángeles. Al lado de esas hojas, hay un cuaderno de bocetos. —Eso no hace falta ojearlo. —ríe nervioso y avergonzado. —Son tonterías.

—Desde muy pequeño te gustó dibujar. Me acuerdo que dibujabas mi cara.digo eso último para molestarle.

Hay balas ordenadas por tamaños y un par de armas cuelgan en la pared.

—Aquí has estado todo este tiempo... —afirmo.

—Yo... Le he ayudado. Todos los supervivientes nos hemos visto obligados a escondernos de los ángeles bajo tierra. —deja la libreta a un lado. —Como tenemos antimagia y toda la magia desaparece. los ángeles no sienten nuestra presencia.

—Pues es una gran ventaja para nosotros los humanos.

El rostro de Jack se ensombrece.

—Sí, nos limitamos a vivir bajo tierra. El problema está cuando toca ir a por recursos. Soy uno de los "líderes" de los escuadrones que salimos al exterior a vigilar y buscar recursos. Algunas veces los ángeles nos encuentran.

Toda la raza humana se esconde de los ángeles para evitar la desaparición de los pocos que quedan. Los demonios permanecen en las ciudades a salvo de los ángeles para no ser asesinados. En el fondo todos buscan lo mismo: sobrevivir.

—Jack, no entiendo aún la razón por la que me has traído aquí. Debería de estar con la Corte de las Sombras.

—Collet, ¿de verdad no lo ves? —él suspira y se pasa la mano por el pelo, frustrado. —Porque hay esperanza; por eso. Ya no tendrás que esconderte en el infierno.

Niego con la cabeza. No puedo quedarme. Ellos me necesitan. La guerra con el Cielo puede estallar en cualquier momento.

—Lo siento, Jack. —le doy la espalda. —Yo... Debo irme cuanto antes.

—¡Espera! Solo... —me sujeta de la mano con fuerza.

Mi corazón me golpea el pecho. Me cautivan sus profundos ojos negros. Entro en un trance mirándole. Lucho por ese sentimiento.

—Sabes que quiero la venganza.

—Quédate tan solo cuatro días. Por los viejos tiempos, solo eso.

Jack me suelta la mano. Se mira la suya en silencio. Luego, clava sus ojos en mí.

—¿Solo 4 días? —pregunto.

—Solo 5 noches y cuatro días, sin contar esta noche. Tal vez... —busca palabras. —Te pueda ayudar con tu venganza.

Siento que el universo no ha dado una oportunidad de vernos otra vez y, aunque sea solo por unos días, arreglar todo este distanciamiento.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.