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Me desperté con un fuerte dolor de cabeza. Me sentía mareada y todo me daba vueltas.
Veía borrones, y escuchaba voces muy lejanas.
Me llevé la mano a la cabeza para palpar la herida y luego la observé. Estaba sangrando.
Me horroricé y giré la cabeza hacia un costado en busca de Rhys.
Recorrí el auto con los ojos hasta que di con él.
Estaba tirado del otro lado del asiento.
Tenía sangre en la sien y sus ojos estaban cerrados.
Me preocupé y quise moverme hacia él, pero todo me dolía.
Gemí de dolor.
Escuché las voces más cerca y, de pronto, alguien me sujetó por los brazos y me sacó del auto. Sentí algunos vidrios rasparme la espalda y gimoteé de la molestia.
Mis ojos se encontraron con el cielo despejado y los edificios característicos de la ciudad.
—Aún está viva —escuché decir a uno de ellos.
—¿Y Rosco?
Giré para ver a la persona que me había sacado del auto, y vi a dos hombres vestidos con trajes negros. Más allá había dos camionetas negras, una de ellas con la parte frontal destrozada: nos habían embestido.
No eran personas comunes; eran hombres de Damien.
—Muerto —escuché otro más allá.
—¿Qué hay del guardaespaldas?
El miedo me invadió.
Rezaba muy dentro de mí para que Rhys estuviera vivo y, con la vista más clara, intenté incorporarme para ver el auto donde aún se encontraba. Estaba volcado y hecho trizas.
—Déjame ver.
Observé a otro hombre inclinarse bajo el auto.
—Creo que está…
Un gemido ahogado le impidió terminar la frase, y los hombres detrás de mí sacaron sus armas y apuntaron hacia el auto.
Pero en ese momento, Rhys apareció ágilmente y les disparó.
Ambos cayeron muertos y él se acercó a mí en una posición de alerta propia de un militar.
Me ayudó a ponerme en pie al tiempo que apuntaba hacia las camionetas.
Empecé a escuchar más disparos a mi espalda y caminé a trompicones hacia el otro lado del auto. Sin embargo, un dolor agudo en el brazo me hizo perder el equilibrio y caí sobre una rodilla.
Rhys estaba disparando a mi lado con una determinación increíble.
Me negaba a morir así.
Me puse en pie y seguí caminando para cubrirme con lo que quedaba del auto.
Rhys se posicionó a mi lado y su mirada pasó de decidida a angustiada en cuanto me vio.
—¿Estás bien? —preguntó casi jadeando.
—Sí, eso creo —dije mirándome el brazo.
Una bala me había rozado.
‹‹Más sangre. Genial››, pensé sarcásticamente.
Rhys me acarició la mejilla y me miró con detenimiento.
—Pensé que te había perdido —su voz se quebró.
Sus manos temblaban mientras me abrazaba y pude ver un pequeño destello en sus ojos.
No eran lágrimas como tal, pero sabía que quería llorar.
Sabía que lo que acababa de suceder le recordó, de cierta manera, a su hermano, y mi corazón se estrujó aún más.
—Pero no me perdiste —respondí tranquilizándolo y lo rodeé con los brazos.
Más disparos impactaron el auto y me encogí de susto en mi sitio.
Rhys me soltó, se posicionó de nuevo en forma de defensa y continuó disparando.
Sin embargo, su arma se quedó sin balas.
Lo vi buscar entre las pertenencias del sujeto que yacía sin vida junto a mí.
Tenía una marca roja alrededor del cuello, lo que me hizo concluir que lo había estrangulado.
Rhys estaba sacando el arma y cargándola cuando sentí el frío metal de un arma en mi sien.
—Suelta el arma —dijo el hombre.
Rhys guardó silencio, y el hombre me tomó del brazo lastimado para ponerme en pie.
Gemí de dolor y vi a Rhys dar un paso hacia adelante.
—Ni un paso más —gruñó el sujeto—, o la mato.
Rhys me miró con preocupación y lo vi tensar la mandíbula.
—Suelta el arma, o acabo con ella.
Vi a Rhys poner sus manos arriba, aún sosteniendo el arma.
—Ponla en el piso.
Rhys obedeció, bajó lentamente para dejarla sobre el suelo y luego se incorporó.
—Henry —intervino otro—, sabes que el jefe la quiere viva.
—¿Acaso no la quería muerta? —rió con sarcasmo.
—Cambió de opinión. Debemos llevarla con nosotros.
¿Qué? ¿Me iban a secuestrar?
El otro sujeto me apartó del primero y me llevó a rastras con él.
Quería golpearlo y correr, pero me arriesgaría a que me mataran y a Rhys también.
Le eché una última mirada a Rhys y nuestros ojos se encontraron justo antes de que me empujara hacia la camioneta que estaba en buen estado, y recorrí con la vista los cuerpos sin vida de los demás hombres.
Algunos estaban tirados en el suelo, y uno estaba colgando en la ventana del auto.
El sujeto lo apartó como si no fuera un ser humano y el cuerpo cayó al piso.
Quise vomitar y un escalofrío recorrió mi cuerpo.
A lo lejos, el hombre aún apuntaba a Rhys con el arma.
—Acaba con él rápido, idiota. Debemos irnos.
Las personas que se encontraban a nuestro alrededor estaban escondidas, y otras aún salían corriendo en busca de un refugio.
La avenida era un caos total.
El hombre a mi lado resopló y me abrió la puerta trasera para entrar.
En ese momento, Rhys se abalanzó hacia el sujeto y forcejearon por el arma.
Me tensé, y mi respiración se volvió pesada.
El hombre junto a mí sacó su arma y apuntó hacia ellos, pero como se movían, no podía apuntarle bien a Rhys.
Miré dentro del auto hasta que encontré un bastón parecido a los policiales, extendí mi mano derecha para tomarlo mientras él estaba distraído con los demás.
Sujeté el bastón y, con fuerza, lo golpeé detrás de la cabeza.
El hombre perdió el equilibrio, y se inclinó hacia adelante. Aproveché ese momento para golpearlo otra vez, y luego escuché un disparo.
Mis ojos se clavaron en Rhys mientras el hombre caía inconsciente junto a mí.
Segundos después, el sujeto que había estado forcejeando con Rhys también cayó.
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empresaria poderosa, guardaespaldas y protegida, exmilitarenigmaticoyvaliente
Editado: 17.10.2026