Fría y calculadoramente enamorados

Capítulo 39

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La oscuridad había teñido el cielo; el hospital estaba muy silencioso y yo sentía mucho frío.

Ya era un hecho que el invierno estaba aquí.

Me encontraba recostada sobre el pecho de Rhys, con cuidado de no poner todo el peso sobre él y hacerle daño.

Aspiré su aroma, ahora mezclado con el característico olor del hospital, y agudicé mi oído para escuchar los latidos de su corazón.

Suspiré al sentir el calor del cuerpo de Rhys.

Lo extrañaba tanto que no quería apartarme ni un segundo de su lado.

De repente, se removió un poco, y luego su mano apretó la mía.

Levanté la cabeza y escruté su rostro.

Estaba adormilado, producto de la anestesia, y sus ojos se abrían perezosamente, hasta que finalmente se fijaron en mi rostro.

Una pequeña sonrisa somnolienta apareció en su rostro.

Acaricié su mejilla y sonreí.

—¿Cómo te sientes?

—Bien —respondió con simpleza, pero recordar que había fingido que la herida no le dolía durante la junta hacía que se me estrujara el corazón.

—No mientas —dije con tono angustiado—. Sé que te está doliendo. ¿Por qué no me dijiste que una bala te había alcanzado? —murmuré afligida.

Permaneció en silencio. Entonces me acerqué a sus labios y le di un corto beso.

—Sabes que puedes confiar en mí, y no tienes que fingir que no sientes dolor solo porque no quieres preocuparme —susurré sobre sus labios.

Parece que eso lo espabiló, porque sus ojos brillaron con deseo y asintió lentamente.

—Lo siento —dijo, llevando una mano a mi rostro y acunando mi mejilla—. Era un momento muy importante, así que no quería ser una distracción.

—Nunca lo serás. Al contrario, eres mi prioridad —dije con firmeza—. Y no me importa si es el fin del mundo: lo seguirás siendo.

Él rió suavemente y juntó su frente con la mía.

—No te rías, hablo en serio.

En ese momento, el doctor entró con una tableta y me aparté de Rhys.

—Buenas noches —saludó él—. ¿Cómo te sientes, Rhys?

Lo miré expectante y él me sostuvo la mirada.

—Duele un poco —admitió, y sonreí.

—Es normal que después de unas horas de la cirugía duela —dijo él anotando algo en su tableta—. Le enviaré unas pastillas que le ayudarán con la inflamación y el dolor —se dirigió hacia mí—. Le dejaré receta médica a su esposo. Podrá retirarla con la secretaria.

Me sonrojé, pero no dije nada.

—Vendré a verlo mañana.

Ambos asentimos y el doctor se retiró.

—Parece que vas a pasar la noche aquí —comenté volviendo a recostarme en su pecho y él me rodeó con un brazo.

Nos quedamos en silencio por un momento, hasta que empecé a pensar en todo el trabajo que tenía por hacer en la corporación.

Debería empezar por contratar nuevo personal y ponerme al día con los documentos.

Al menos la imagen de la compañía y la mía ya comenzaban a recuperarse.

Suspiré desganada.

—¿Qué pasa? —preguntó Rhys acariciándome el cuero cabelludo.

Claro, debía notar que estaba un poco preocupada y pensativa.

—Solo estoy pensando en lo que debo de hacer cuando llegue a la compañía. Justo ahora todo es un caos, y debo limpiar el desastre que dejó Damien, comenzando por contratar nuevo personal —expliqué—. ¿Sabes? Necesitaré a un nuevo jefe para el departamento de seguridad —dije cambiando mi tono cansado a uno coqueto.

Él rió y mi cabeza rebotó un poco en su pecho.

—Es muy tentador, pero ya tengo trabajo —dijo con voz grave.

—¿Ah, sí? —sorprendida, levanté la cabeza para mirarlo—. ¿Dónde? ¿Con quién? ¿Es para una persona o una compañía? —pregunté precipitadamente.

Sentiría una chispa de celos si me dijera que era para otra persona.

—Sí, es con una persona.

No pude evitar dejar escapar un jadeo de decepción.

—¿Y cómo se llama? —pregunté alimentando mi ansiedad.

—Se llama… Amira Delacroix —dijo con voz ronca y llevando su mano detrás de mi nuca para acercarme hacia él y darme un apasionado beso.

Mis manos recorrieron su pecho, y me incorporé para respirar.

—Por un momento pensé…

—No pienses. Me quedaré a tu lado siempre que tú me lo permitas —susurró con los ojos brillantes.

Mi corazón se agitó.

—Desde luego —dije sonriendo—. No quiero apartarme de ti nunca más, Rhys.

—Ni yo de ti —dijo mientras sus dedos acariciaban mi mejilla—. Te amo, Amira. Te amo demasiado.

Parecía que mi corazón se iba a salir de mi pecho. Me sentía plena y feliz, como nunca antes.

Abracé a Rhys con tanta fuerza que gimió.

—Lo siento —dije separándome.

Él soltó una risita y volvió a abrazarme, esta vez lo rodeé con más cuidado.

Por fin, después de mucho tiempo, sentía que era feliz de verdad.

✎﹏

Al día siguiente, el doctor revisó la herida de Rhys y le dio el alta.

También recogí sus medicamentos y los míos.

Además, llamamos a los padres de Rhys, quienes cuidarían a Nero un par de días más, al menos hasta que Rhys se recuperara.

Y desde luego, ellos se enteraron de lo sucedido en las noticias, al igual que mis padres.

Suspiré pensando en que ahora debería presentarle formalmente a mi padre a Rhys. También pensaba en la cena que prepararía para que todos se conocieran.

Un chofer de la corporación nos llevó al penthouse y lo ayudé a llegar hasta el departamento.

Abrí la puerta y caminé junto a él hacia la sala, donde se sentó lentamente.

Su rostro estaba tan tenso que al fin lo veía relajarse.

Rhys no podía viajar largas distancias en auto hasta que se recuperara.

Me dirigí hacia la cocina y llené un vaso con agua.

Suspiré aliviada al pensar que la policía había recuperado nuestras pertenencias en el accidente, aunque mi celular se destrozó en el acto, por lo que tuve que enviar a mi asistente a comprar uno nuevo.

Me di la vuelta para regresar con Rhys y pasarle el vaso.




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