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Rhys’ POV.
Me removí entre las sábanas hasta que sentí un pequeño peso sobre mi brazo.
Amira dormía plácidamente, pero ya era de día y era hora de ir a trabajar.
En los últimos días, Amira había estado intentando enmendar todo el desastre que Damien había dejado atrás.
Para empezar, aunque el valor de las acciones había caído y la imagen de la fundación se había manchado, con el apoyo masivo que Amira había recibido en internet por parte de desconocidos, había logrado que las acciones volvieran a subir, y esta vez valían más que antes, y la imagen se había limpiado.
Me sentí conmovido al ver cómo, incluso sin mostrar su rostro, Amira había tocado tantas vidas.
Eso solo hacía que reafirmara mis sentimientos por ella… mi ángel bondadoso.
Amira había sanado gran parte de mi oscuro pasado.
¿Cómo lo había hecho? No lo sabía, pero ella había dejado una gran huella positiva en mí.
Suspiré mientras le quitaba un mechón de cabello del rostro.
Ciertamente, me aliviaba saber que todo el caos que la atormentaba se había acabado.
Damien estaba tras las rejas, y cuando se había llevado a cabo el juicio, todo tuvo más sentido.
Su empresa familiar quebró ante el crecimiento de la compañía de Amira. La presión de su padre, quien siempre lo había considerado un fracaso, alimentaba su necesidad de demostrar que podía ser tan exitoso como otros. Así que su necesidad de reconocimiento y de orgullo familiar fue la raíz emocional de su deseo de destruir a Amira, y de recuperar lo que él consideraba que le habían arrebatado.
Amira era muy inteligente, pero Damien sabía esconder muy bien lo que sentía. Además, tenía una capacidad excepcional para inspirar confianza, lo que le permitió ganarse la de Amira a lo largo de los años.
Sin embargo, tras esa fachada era frío, calculador y envidioso.
Aún recuerdo las palabras de Amira al salir del juicio, en el que había admitido que no se arrepentía de lo que había hecho.
‹‹—Leah tenía razón. Siempre tuvo razón sobre Damien››, había dicho con los ojos tristes, ‹‹—De hecho, creo que todos ya habían notado que no era una buena persona. Todos menos yo.››
Sabía que Damien había sido una persona de suma confianza para ella, y me molestaba que él hubiera vulnerado su integridad y abusado de su confianza.
Amira se removió solo un poco, pero no se despertó. Me le quedé mirando, contemplando su hermoso rostro.
Entonces se me vino de nuevo a la mente aquel día en que se topó con la madre de Damien.
Ella no la culpó; al contrario, se disculpó con Amira por todo lo que había pasado.
Su madre, que había estado limpiando su rostro con un pañuelo durante el juicio, miró a Damien con tristeza, decepción y amor.
Ya sabía lo bien que se llevaba con él, al contrario de su padre, que ni siquiera se había hecho presente en el juicio.
Y, por todo eso, Amira había estado decaída.
Ya había pasado una semana, pero aún le estaba costando sobrellevarlo.
Ella volvió a moverse y abrió los ojos poco a poco.
Le acaricié la mejilla y ella cerró los ojos momentáneamente.
—Buenos días —murmuró, aún somnolienta.
—Buenos días —susurré, y sonreí.
Amira me hacía sentir muy feliz.
—¿Qué hora es?
—Es hora de ir a trabajar —respondí.
—¿Trabajar? No quiero trabajar —dijo acurrucándose en mi pecho.
—No creo que tengas muchas opciones —le dije sonriendo.
—¿Cómo que no? Soy la CEO. Puedo faltar si quiero —dijo refunfuñando.
—¿Ah, sí? —pregunté desafiante.
Ella, que había cerrado de nuevo los ojos, abrió uno para comprobar si la estaba viendo.
Reí a carcajadas cuando gruñó.
Me levanté y tomé a Amira en brazos. Afortunadamente, la herida ya había sanado.
Ella se sorprendió y me miró incrédula.
—¿A-a dónde vamos? —tartamudeó.
—Al baño —respondí simplemente.
Entonces empezó a retorcerse en mis brazos, por lo que la puse de pie en el piso.
—Puedo bañarme sola —protestó con el ceño fruncido, aunque escondía una pequeña sonrisa.
—De acuerdo —dije levantando mis manos en forma de rendición.
Y, mientras Amira se duchaba, yo hice lo mismo, pero en el baño de mi habitación.
Los últimos días ella había querido dormir conmigo, aunque debía admitir que yo también quería. Así que por la noche nos dirigíamos a su habitación.
Ya se había vuelto nuestra rutina.
Sonreí como un tonto.
Cada día me sentía más enamorado de Amira y de la mujer que era.
Cuando terminé, caminé hacia la sala, donde esperé a Amira, quien no tardó en salir con uno de sus vestidos más elegantes, de alta costura, de Chanel.
Se le veía increíble, como todo lo que usaba.
—¿Nos vamos? —preguntó, y asentí de inmediato.
Nos dirigimos hacia la salida, y me di cuenta de que había tomado la mano de Amira muy poco.
Me acerqué, y entrelacé nuestros dedos, ella me miró sonriente.
Mientras entrábamos en el ascensor, su teléfono empezó a sonar.
—Hola —contestó Amira—. Bien, ¿y usted, señor Vaughn? —dijo en tono serio.
¿Señor Vaughn? Recordaba ese apellido…
—Está bien, Elliot.
Así que Elliot la llamaba, ¿para qué?
—De acuerdo. ¿Le parece a la hora del almuerzo? Es que tengo la agenda llena —dijo mirando hacia el piso—. Muy bien. Adiós.
La miré con ojos inquisidores.
—Era Elliot, dijo que quería hablar conmigo sobre algo importante —explicó.
—¿No dijo qué era? —pregunté con curiosidad.
—No —Amira negó con la cabeza y suspiró.
Salimos rumbo hacia Corporaciones Delacroix.
De vez en cuando miraba a Amira de soslayo.
Me empezaba a preocupar que tuviera la agenda tan llena, ya que comenzaba a verse más cansada que de costumbre.
Aunque no se debía únicamente a su agenda, porque Damien había complicado todo lo demás.
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empresaria poderosa, guardaespaldas y protegida, exmilitarenigmaticoyvaliente
Editado: 17.10.2026