Fría y calculadoramente enamorados

Capítulo Extra

════════ ∘◦❁◦∘ ════════

Leo's POV.

Era una mañana preciosa. Los rayos del sol que entraban por los grandes ventanales se reflejaban en las paredes blancas de Lunaria Entertainment.

Suspiré mientras pensaba en lo cansado que estaba del viaje.

Los chicos y yo habíamos estado de tour, y fue fantástico volver a sentir la adrenalina y la euforia cada vez que visitábamos una ciudad diferente. El público, desde luego, también era distinto.

Había estado practicando mi saludo y mi despedida en otros idiomas sin parar, incluso algunas palabras dedicadas a mis fans. Me agradaba ver cómo sus rostros pasaban de la felicidad al asombro.

Me sentía muy satisfecho cuando los sorprendía.

Mientras caminaba por el pasillo, me encontré con un Zeke adormilado. Jay hacía lo mejor que podía para mantener los ojos bien abiertos, y Niko estaba recostado en la pared, con los ojos cerrados. De repente, empezó a inclinarse hacia un lado y chocó contra el hombro de Ren.

Se despertó de inmediato. Se veía desconcertado, pero en cuanto nos vio, se relajó.

Probablemente pensó que estaba durmiendo en su habitación.

Esbocé una pequeña sonrisa y metí las manos en los bolsillos de mi pantalón.

Acabábamos de llegar al país el día anterior, y se suponía que hoy empezarían nuestras vacaciones; sin embargo, necesitaban que estuviéramos hoy presentes para firmar el contrato de renovación del grupo.

Algo por lo cual los fans siempre estaban preocupados. Lo entendía, algunos grupos se disolvían con el tiempo, pero nosotros éramos como una familia, y la compañía había sido siempre buena con nosotros.

Esperábamos fuera de la sala de juntas cuando, a lo lejos, divisé a Amira estornudar varias veces mientras caminaba hacia nosotros sin percatarse de nuestra presencia, ya que iba leyendo una carpeta con muchas hojas.

Más atrás, Rhys la seguía en silencio, sus ojos pegados a la espalda de Amira con un atisbo de preocupación.

Esbocé una sonrisa maliciosa.

—Amira, preciosa. ¿Cómo estás? —dije, acortando la poca distancia que quedaba entre nosotros.

Ella levantó la cabeza sorprendida. Desde luego no esperaba vernos hoy en la compañía.

La abracé con cariño y observé a Rhys tensar la mandíbula.

Sabía que no le gustaba que tocaran a Amira, especialmente yo, pero nunca lo decía.

De hecho, la única vez que veía cambiar su expresión era cuando me acercaba a ella, ya que ni siquiera se le veía sonreír.

Siempre estaba con una expresión seria.

No obstante, Amira era para mí como una hermana mayor, así como para los chicos.

La abracé más fuerte y Rhys frunció el ceño.

Me gustaba molestarlo.

—Creo que ya es suficiente abrazo por hoy —dijo Amira apartándose.

Me aparté un poco, y los chicos se acercaron para saludarla.

Entonces ella estornudó de nuevo. Tenía la nariz roja y los ojos un poco cristalizados.

—¿Estás bien? —pregunté, y ella asintió de inmediato.

—No es nada. Creo que es el frío de la mañana —respondió pensativa.

Claramente estaba enferma.

Entonces, Jay notó algo que ninguno de nosotros hizo.

—¿Eso es un anillo de compromiso?

Abrí mis ojos como platos y Niko dejó salir un grito ahogado.

Amira sonrió ampliamente y levantó su mano izquierda.

—Sí, voy a casarme —dijo, con una gran sonrisa.

—Ya era hora. Felicidades, Rhys. Te vas a casar con una gran mujer. —Zeke extendió la mano hacia él y se la estrechó.

Amira lo observó sorprendida.

—¿Cómo sabías que era con Rhys? —murmuró anonadada.

Los cinco intercambiamos miradas y sonreímos.

—Eres tan ingenua, Amira —rió Jay.

Eso me hizo recordar lo que había sucedido meses atrás, cuando empezamos a sospechar que algo pasaba entre esos dos tortolitos.

Ese día, Amira, por alguna razón, estaba tan cansada que se quedó dormida en la sala de descanso, y Rhys no se apartó en ningún momento de su lado.

Niko la cubrió con una manta, Ren le dejó un par de snacks en la mesa junto a ella, y yo le dejé un jugo de naranja.

—Debe estar cansada —dijo Jay mirándola—. No la molestemos y vayamos a ensayar.

Asentimos y nos fuimos por un par de horas, cuando volvimos, había una atmósfera extraña en el aire.

Y aunque Rhys mantenía su semblante serio, era bastante obvio por la expresión de bochorno de Amira que algo había sucedido.

Tenía las mejillas ligeramente rosas.

Fue como si los hubiéramos atrapado haciendo "algo" que no debían.

—¿Qué está pasando? —pregunté entrecerrando los ojos.

—No está pasando nada —gruñó. Parecía irritada.

—Leo tiene razón. Hay una atmósfera... tensa, aquí —refutó Ren, pensativo.

Se lo agradecí mentalmente.

—Por cierto, ¿cómo fue el ensayo de canto? —preguntó, intentando cambiar de tema.

—Bastante bien, a decir verdad —dijo Niko encogiéndose de hombros.

—Pero hay que mejorar más el puente —se quejó Jay.

Practicar mucho no era sinónimo de hacerlo bien.

—Siempre hay tiempo para mejorar —dijo Amira dándole una palmadita en el hombro.

—Como sea, se me antoja un americano. ¿Vienen, chicos? —preguntó Zeke, girándose hacia la puerta.

—Yo voy contigo —dijo Niko corriendo hacia él.

—Yo igual —dijo Ren caminando hacia ellos con los brazos cruzados.

—¿Vienes? —pregunté, casi suplicándole con los ojos para que dijera que sí.

—Está bien —ella se encogió de hombros y miró a Rhys con una expresión que no pude descifrar.

Pero se sintió como si ocultaran algo.

De camino a la cafetería, nos adelantamos un poco más que ellos.

—¿Cuánto creen que tardarán en darse cuenta de que se gustan? —soltó Ren.

Jay y yo intercambiamos miradas.

—No pensaban que eran los únicos que sabían eso, ¿o sí? —dijo Zeke girándose y empezando a caminar hacia atrás.

—Creo que es bastante evidente —comentó Niko, rascándose la barbilla, pensativo—. Apuesto veinte dólares a que tardarán un mes.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.