From Zero - Desde Cero

Capítulo XVII: Realidad Alterna

Tras escuchar la voz de Arthur, quedé inconsciente. Entonces sentí como si mi cuerpo fuera llevado lejos del edificio Pegaso, en ese momento, escuché la voz de una mujer; ella me estaba llamando.

—Anthie... Anthie... —me miró suavemente, mientras sonreía y acariciaba mi cabello—. Levántate, hijo. ¿Por qué no vas a jugar con los demás? —señaló a un par de niños que estaba jugando al escondite— Vamos, ve y diviértete.

—¿Jugar? —contesté enojado— No es tiempo de jugar, los demás están en peligro, si no me levanto ahora. ¿Qué será de ellos? —respondí de forma seria.

—Pero... ¿De qué estás hablando pequeño Anth? ¿Acaso no sientes la paz que hay a tu alrededor? —preguntó ella amablemente.

—¿De qué diablos estás hablan...?

Deje de hablar al quedar desconcertado viendo todo lo que había alrededor de mí.

Recién pude darme cuenta de la realidad. Ya no me encontraba en el edificio pegaso, ahora estaba dentro de un parque de color blanco, debajo de un árbol inmenso.

El parque donde me encontraba, estaba repleto de niños que jugaban y reían mientras caía mucha nieve alrededor. El lugar era demasiado hermoso y brillante, parecía ser iluminado por algo, aunque no había ningún rastro del sol.

—¿Dónde estamos? —dirigí mi pregunta a la mujer que estaba a mi costado.

—En el lugar existente e inexistente para algunos —respondió ella.

—¿Lugar existente e inexistente...? ¿Qué es eso? —respondí desconcertado.

—El lugar donde comenzó todo lo referido al tiempo y el espacio. "Zero", así lo nombramos tu padre y yo —dijo intentando aclarar mis dudas.

No podía creer lo que había a mi alrededor, me sentía libre. Como si no tuviera ningún tipo de cargas, como si no pudiera sentir tristeza dentro de ese lugar. Es algo que por más que trate de explicar, no puedo dar a entender con total claridad.

En ese momento el escenario cambió, me vi a mí mismo siendo golpeado por Jonathan, entonces recordé cada fragmento de lo que había pasado.

—¡No puedo quedarme aquí! —exclamé asustado.

—¡¿Por qué no, hijo?! Ya has sufrido lo suficiente, deja que los demás también sufran un poco —respondió esbozando una leve sonrisa en su rostro.

—¡No puedo hacerlo! Prometí que los salvaría, que los sacaría a todos de ese maldito edificio... Y no puedo rendirme ahora... ¡No puedo! —exclamé entre lágrimas mientras trataba de volver al edificio.

—¿Crees que eso es lo mejor? ¿Crees que es lo mejor para ti? —respondió con tristeza—. No puedo enojarme contigo, es mi culpa que seas así... —dirigió su mano a la cabeza en señal de decepción— Creo que he fracasado, en este momento debes de estar odiándome. ¿No es cierto? Lamento ser una mala influencia, Anth. Nunca aprendí a criar un niño correctamente —respondió entre sollozos.

—No creo que sea tu culpa... —respondí animándole—. Y si lo fuera... también sería la mía —sonreí tratando de tranquilizarla— siempre he hecho lo que he querido hacer. ¡Siempre prometo cosas que no puedo cumplir! —agaché la cabeza—. Mírame ahora, estoy aquí, hablando contigo —derramé un par de lágrimas—, mientras ellos están a punto de morir. No quiero verlos así, desde lo más profundo de mi corazón... Deseo volver con ellos —respondí acongojado.

Al acabar de responder eso, sentí como muchas manos en forma de sombras me arrastraban. Todo el parque estaba siendo despedazado frente a mis ojos, incluso mis últimos recuerdos se tornaban de un color negro, todo lo que había a mi alrededor desapareció.

Ella no respondió nada más, solo sonrió nuevamente e hizo una señal de despedida con su mano, todo eso mientras las sombras la hacían desaparecer lentamente.

Fue allí donde escuché su voz por última vez:

Nos vemos, hijo.

Entonces la recordé, era mi madre. Su rostro borroso me guiaba a volver a donde realmente me necesitaban, ella me esperaría hasta que los salvara a todos.

Y mientras era arrastrado por las sombras, caí desde el cielo y pude ver todas las nubes a mi alrededor. Sentía el aire correr enfrente de mí, se sentía tan cálido y refrescante. El sol era hermoso, los pájaros volaban en una sola dirección y eran dirigidas por la que iba en el medio.

De repente, tras la bella vista. Fui traslado a la oscuridad, todo el cielo se oscureció, vi la luna frente a mis ojos, era algo indescriptible, las estrellas se encendieron y giraban incesantemente.

Todo eso mientras yo veía el océano inmenso reflejado debajo de mis pies.

Justo en ese entonces, aparecieron mis tres "yos" de nuevo, ellos caían juntamente conmigo, mientras me preguntaban cosas.

—¿Qué tienes planeado hacer para cuando vuelvas al edificio? —preguntó el primero.

—¡No lo sé! —grité al no poder oírle bien por el aire acumulado en la caída.

—¡Esa respuesta es demasiado inestable viniendo de parte de uno de nosotros! —dirigió su mano a la cabeza—, Está bien... si eso es lo que realmente deseas, está bien. ¡Me rindo! —exclamó el primer "yo" mientras desaparecía.

—¡¿Estás de acuerdo con dejarla ir?! Quizás no la vuelvas a ver nunca más... —exclamó el segundo "yo".




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