Fuego y Hielo

Capítulo 19: Parte 7

«A puerta cerrada, a plena vista»

La celebración había recuperado su propio ritmo cuando Alex y Hannah regresaron al salón.

Garreth estaba explicando, con una seguridad que no auguraba nada bueno, que al día siguiente había que organizar una competición por equipos. Nadie había conseguido averiguar todavía en qué consistía exactamente aquella competición, aunque Michael llevaba varios minutos intentando averiguar si implicaba correr, nadar o alguna otra actividad para la que su tobillo no estaba dispuesto a concederle permiso.

—He dicho que será divertido —insistió Garreth, apoyando ambas manos sobre la mesa—. No que vaya a ser sencillo.

—Esas dos cosas no son sinónimas —observó Elizabeth.

—Gracias por tu aportación.

—De nada. Para eso estoy.

Eleanor, que había recuperado su lista de actividades después de dejarla sobre una silla, levantó la vista.

—Antes de organizar ninguna competición, me gustaría saber qué tenemos previsto para mañana.

Michael cerró los ojos un instante.

—Amor, estamos de vacaciones.

—Precisamente. Quiero aprovecharlas.

—Yo también. Me gustaría aprovecharlas descansando.

La carcajada de Will se mezcló con las protestas de Garreth, que consideró aquella respuesta una traición al espíritu de la celebración. Joe, sentado junto a Ashley, aprovechó la distracción para deslizar su teléfono dentro del bolsillo.

Ashley lo vio.

—¿Lo has apagado?

—Lo he guardado.

—No es lo mismo.

—Es un progreso.

—Un progreso sería que no supieras dónde lo has puesto durante las próximas tres horas.

Joe se llevó una mano al pecho, fingiendo estar herido.

—Qué poca confianza en mi capacidad para desconectar.

—Cariño, una vez analizaste el tiempo de respuesta de una máquina de café porque tardaba demasiado en servirte un capuchino.

—Era un problema de rendimiento.

Ashley le besó brevemente la mejilla.

—Era una máquina de café.

Alex sonrió mientras se acomodaba en su silla. La palma de la mano le tiró ligeramente al apoyar los dedos sobre la mesa, así que cambió de postura sin darle mayor importancia. Hannah, que estaba escuchando a Eleanor discutir con Garreth sobre los horarios, advirtió el movimiento de reojo. No interrumpió la conversación ni le preguntó delante de todos si le dolía. Simplemente apartó una botella que le estorbaba y dejó libre el espacio junto a él.

Alex la miró un instante. Ella siguió atendiendo a Eleanor con una expresión de absoluta inocencia. Aquello le arrancó una sonrisa que tuvo que disimular detrás de su vaso.

No necesitaban hablar de cada gesto para entenderlo. Tampoco necesitaban convertir una noche agradable en una demostración permanente de lo que sentían. Podían estar juntos, disfrutar de sus amigos y reservarse pequeños momentos sin que el resto de la velada tuviera que girar a su alrededor.

Y, por primera vez en mucho tiempo, Alex no se descubrió pensando en cuánto duraría aquella tranquilidad. Simplemente estaba allí.

Un rato después, Hannah aprovechó una pausa en la conversación para levantarse.

—Voy a tomar un poco de aire.

—¿Necesitas escolta? —preguntó Alex, con la mirada todavía puesta en Garreth, que intentaba convencer a Michael de que una carrera hasta el paseo marítimo no podía considerarse una actividad peligrosa. Él iba en silla de ruedas.

Hannah se detuvo junto a su silla.

—¿Te ofreces voluntario?

—Depende. ¿Hay que correr?

—No.

—Entonces quizá pueda sacrificarme.

Ella le dedicó una sonrisa ladeada.

—Qué generoso, Mallory.

Hannah salió primero. Alex esperó un par de minutos, el tiempo suficiente para que su ausencia no pareciera una decisión conjunta, y después se excusó con un comentario sobre la necesidad de encontrar un lugar donde Garreth no pudiera reclutarlo para ninguna actividad deportiva.

Elizabeth lo vio marcharse, pero no dijo nada. Eleanor tampoco levantó la cabeza de su lista. Ninguna necesitaba intervenir en algo que ya conocían.

Alex encontró a Hannah en una pequeña zona lateral que comunicaba con la terraza del hotel. Desde allí se veía una parte del puerto, con las luces de las embarcaciones reflejándose sobre el agua y el cielo perdiendo sus últimos tonos anaranjados.

Hannah estaba apoyada en la barandilla, con el cabello oscuro moviéndose suavemente con la brisa.

—Has tardado —dijo sin volverse.

—He tenido que negociar mi liberación.

—¿Con Garreth?

—Con un hombre que considera que correr por la costa es una forma razonable de celebrar una despedida de soltero.

—Podría haber sido peor. Podría haberte propuesto una carrera de obstáculos.

—No le des ideas.

Hannah soltó una risa y se volvió hacia él. Durante unos segundos se limitaron a mirarse, disfrutando de la tranquilidad que contrastaba con el bullicio del salón.

—Llevas toda la noche mirándome como si necesitaras permiso —comentó ella.

Alex fingió considerar la acusación.

—Estoy intentando no provocar un incidente diplomático en la mesa.

—Qué considerado. ¿También has preparado un informe?

—Con anexos y referencias cruzadas.

—Espero que hayas revisado las conclusiones. Suelen ser bastante cuestionables.

—Mis conclusiones son impecables.

—Tus conclusiones son que siempre tienes razón.

—Y, sin embargo, aquí estás.

Hannah le dio un pequeño empujón con el hombro.

—No te acostumbres, mi vida.

Él sonrió, pero la sonrisa se suavizó cuando ella se acercó un poco más. La luz del atardecer ya casi había desaparecido y las primeras lámparas de la terraza dibujaban reflejos cálidos sobre su rostro.

—¿Estás bien? —preguntó Alex.

Hannah arqueó una ceja.

—¿Eso incluye una inspección de la rodilla?

—La rodilla, la cena, la competición absurda de Garreth y cualquier otra catástrofe que quieras declarar.




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