Fuimos Canciones 1

Capítulo 17

17

Dos semanas, habían pasado dos semanas, desde que habíamos regresado de nuestras pequeñas vacaciones en Marbella. Dos semanas, siendo la novia de Alex.

Manteníamos un perfil bajo, por la amistad de nuestros padres. Y dirán, si son amigos, no verán mal su relación, pero lamentablemente las cosas no funcionan así. Precisamente porque conocen a Alex, es que no confiaría en su reacción.

—Cariño, ¿puedes venir un momento? —llamó la voz de mi madre.

Me acerqué a la sala, dónde se encontraban ambos sentados, observándome detenidamente.

—Te has levantado de buen humor, por lo que veo —comentó mi padre pensativo—. Eso es bueno, teniendo en cuenta la noticia que debemos darte.

—¿Pasa algo? — pregunté nerviosa—. Los noto extraños.

—Verás, cariño —comenzó mi madre—. Sabemos que no te gusta la fecha que se acerca...

—No, no sigan...—fue lo único que salió de mi boca.

—Mara, sé lo que significa para ti está fecha —negué con la cabeza, sin querer seguir la conversación—. No solo es tu cumpleaños, es el aniversario de muerte de tu abuelo. Sé que todavía te duele lo que sucedió, pero han pasado nueve años.

—Gracias por el recordatorio — pronuncié con ironía—. Había perdido la cuenta.

—Los accionistas de la empresa, los socios y amigos de la familia —continuó y tuve el presentimiento que lo siguiente no me iba a agradar—, han pedido realizar un homenaje a quien fue su líder y amigo. Dado que también es tu cumpleaños, pidieron tu presencia.

—Esto es patético —perdí el control de mí—. No solo quieren hacer un homenaje por la muerte de mi abuelo, sino que también celebrar mi cumpleaños. ¿Qué es una nueva forma de burlarse? No pienso asistir a ese espectáculo, no celebro mi cumpleaños hace nueve años y no lo voy a hacer ahora —dije las últimas palabras—. No voy a formar parte de este circo.

—Lamento informarte, que no es una petición —informó mi padre poniéndose de pie—. Es una orden, Amara.

Me retiré de la sala, dejándolo con lo que fuera que tuviera que agregar a sus palabras. No estaba bien lo que querían hacer, lo que me querían hacer.

Tres días, faltaban tres días para mí cumpleaños. Esa fecha seguía doliendo, seguía estando presente en mis noches. Ese día se me quebró la vida. Es como llevar un tatuaje sin tinta, no se ve, pero sé que está ahí, recordándome lo que hice.

Hay fechas que simplemente nos marcan, nos duelen y nos rompen para toda la vida. Recuerdos que te acechan en las noches, haciéndote rememorar esa escena. Mi infancia se vio opacada por ese acto atroz, que tuve que vivir.

Fui un blanco fácil, para lograr un fin. El nueve de agosto, en mi cumpleaños número nueve, me arrebataron a mi persona favorita.

Llevaba años sin celebrar esa fecha, ni siquiera hablaba de ella. Solo aceptaba una tarta, siempre que fuera al día siguiente. Mis padres respetaron esa condición, desde el principio.

Aunque me negara asistir a ese circo, sabía que sería inútil. Era mi cumpleaños número 18 y era más que claro que todos esos buitres no dejarían pasar esa fecha, teniendo en cuenta que ya podría tomar ciertas decisiones con respecto a la empresa, siendo la única heredera del gran señor Grandstaff.

El sonido del móvil distrajo mis pensamientos. Me acerqué a la mesita dónde se encontraba. Observe el nombre que relucía en la pantalla.

Idiota de ojos café:

   ¿Quieres ir a comer con tu ser amado?
 


 

Me: ¿A dónde me llevará mi idiota preferido?
 


 

     Es un poco masoquista que me guste cuando me llamas idiota.
 


 

   Abrieron un nuevo restaurante, dónde sirven una carne asada con patatas deliciosa. 
 


Me: Mm, suena delicioso.

¿A qué hora pasas por mí?

        Te veo en media hora, en la esquina de tu casa.
 


Genial solo tengo media hora. Saque medio closet, buscando algo, adecuado para la ocasión. Sin más preámbulo, me decanté por un vestido azul marino, ajustado, que me llegaba por los muslos. Solté mi cabello, que se encontraba en una trenza, dejando delicadas ondas.

Tome mi bolso y baje las escaleras, sabiendo que llevaba diez minutos de retraso.

—¿Vas a salir? —preguntó mi padre, asomándose desde la cocina.

—Sí —fue la única respuesta que di—. Cuando no se trata de participar en un circo, siempre estoy abierta a participar en eventos.

Sin mas, cruce la puerta de la entrada. Estaba siendo un poco cruel, pero a nadie le había importado lo cruel que eso, resultaba para mí.

Camine hasta la esquina, pensando en un detalle de mi vestimenta. ¿En qué vendrá Alex? ¿Moto? ¿Carro? Si venía en moto, esto iba a ser incómodo, este vestido no era muy adecuado para ir en una moto.

Mis pensamientos abandonaron mi mente, cuando vi el auto negro, que se encontraba aparcado a un lado de la carretera, con un chico, perfectamente vestido en un traje del mismo color.

Dios, estaba perfectamente sexy. Me acerqué lentamente, caminando como si de una pasarela se tratará, dejando que el aire moviera mis cabellos, con la mirada fija en sus perfectos ojos café.

—¿Qué pretendes con esa entrada? —preguntó tomando mi cintura—. ¿Volverme loco?

—Siento ser yo quien te lo diga —pronuncie un poco más cerca de sus labios—. Pero ya te tengo loco.

Deje un pequeño beso, en sus labios. Rompiendo el agarré, que se encontraba en mi cintura, me dirigí al asiento del copiloto y entre al auto, dejándolo solo afuera. Se acomodó a mi lado, con la mirada fija en mis piernas descubiertas.

—Bonito vestido —pronunció con la mirada oscurecida.

—Pensé que dirías... Bonitas piernas — traté de imitar su voz—. Dado que es el lugar, dónde se encuentra tu mirada.

—Me pillaste —se le escapó una sonrisa, cargada de deseo—. Está mal si digo, que quiero quitarte ese vestido, y cenar algo diferente, en mi departamento.




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