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Chapter 2

CAPITULO 2

 

~ M Í A ~

 

—Entonces... —Alargó esa última vocal. El hombre tenía un aspecto un tanto descuidado. Siempre había pensado como hacer para que él se cortara el cabello, sentía que podría tener problemas con piojos si no se peinaba. ¿Pero que podía el decir de mí? Mi cabello no era que estuviera arreglado.

 

—Entonces, ¿qué? —Le interrogué a Donald, estaba en su consultorio, no era la primera vez que el preguntaba algo o decía algo como eso y no lograba entender, siempre anotaba y no me miraba, era un dolor de cabeza, al principio pensé que me había ayudado, pero ahora solo me daba problemas. Al menos eso era lo que quería pensar.

 

—Necesito que me cuentes qué te pasa... Es todo... —Atajó soltando el bolígrafo que tenía en la mano, lo dejó sobre el cuaderno y me miró fijamente.

 

—¡Pero si ya te conté, más de una vez! —Exclamé con fuerza, me levanté del sillón—. Oye, las últimas sesiones no has dicho nada, solo te importa el dinero de mis padres y no me estas ayudando. —Hice un ademan con mis manos, luego las llevé hasta mi cara. Me sentía frustrada.

 

—Es el dinero de tus padres, ¿Por qué te molesta tanto? —Me interrumpió calmado.

 

—Pues porqué es también mi patrimonio... —Le respondí incrédula de su pregunta.

 

—¿Trabajas? —Negué con la cabeza—. Entonces no es tu patrimonio, a ver Mía, necesito que seas sincera conmigo —Se inclinó hacia mí y me miró a los ojos—. ¿Quieres mejorar realmente o solo estás haciendo que tus padres pierdan dinero?

 

—Obvio que quiero mejorar... —Me volví a sentar cansada, estiré las piernas y apoyé mi cabeza hacía atrás.

 

—¿Y qué estás haciendo para eso? —Otra vez con esas preguntas tontas. 

 

—Estoy acudiendo a ti desde hace tres años —Respondí sarcástica.

 

—Yo no soy un mago, yo no puedo tomar mi varita y simplemente hacerte sentir mejor —El hombre no debería estarme hablando de esa forma, pero luego de tres años viéndonos las caras, la confianza daba asco a este punto. Él no era como los demás psiquiatras que había estado viendo.

 

—Lo sé, siempre me lo dices, pero no sé qué hacer, hago la rutina que tú me dijiste hace un par de meses, por algo retomé la medicina, por tu recomendación…

 

—¿Pero ves mejoría? —Asentí en silencio—. Vamos por buen camino, eso era lo que quería escuchar, deberías retomar tocar la guitarra, te haría bien... —Habíamos hablando de eso varias veces y yo no estaba del todo segura al respecto.

 

—Lo intentaré, pero desde los 17 que no toco nada esa guitarra... —Lo miré de lado.

 

—Te hace falta inspiración para eso. Te voy a hacer una lista de los mejores guitarristas de la época pasada y la actual, para que les escuches y puedas inspirarte de ellos —Su terapia había sido la única que dio resultados, él me hablaba directamente, intentó medicarme muchas veces, pero siempre me negué, hasta hace un par de meses y la verdad es que estaba mejor, negarlo era algo que no ayudaría a ninguno—. Es todo por hoy, ve a casa y haz algo productivo... Y por favor, ya deben conseguir ese animal de apoyo emocional, lo necesitas. —Era una conversación que debía tener con mis padres. 

 

Giré los ojos. Me despedí y salí del edificio. Eran las 3 de la tarde, lo bueno es que a esa hora no había tanto tráfico, todo comentaba como a las 5, así que me di el beneficio de correr un poco hasta mi casa, no demasiado, no quería otra multa. 

 

Como siempre la casa estaba sola, la casa se veía muy sola, necesitábamos alguna mascota, pero luego de que nuestro perro Mirra muriera hace 5 años, mi madre no quiso otra mascota, pero ahora era momento de tenerla, mi doctor llevaba meses diciéndome que perro de apoyo emocional podría ayudarme más a mis avances. Sentía que ya me había quedado estancada en lo mismo. 

 

Preparé algo de comer para luego subir hasta mi cuarto, mi plan del día no era diferente al resto, quería sentirme a jugar algo en mi computadora, era lo que normalmente hacía cuando no tenía que estudiar para la universidad. Sí, mi vida era aburrida, no me gustaba salirme de mi rutina, me gustaba planear mis días la noche anterior y cuando me salía de esa rutina, me sentía en un limbo que no me gustaba pertenecer, era mis peores días.  

 

Jamás me gustaba encender mi cámara o mi micrófono, al menos que fuera cuando estaba al COD, pues para jugar coordinados, teníamos que hablar. Pero ese día quería hacer algo diferente, no tenía ganas de interactuar con nadie así que me puse alguna película mientras comía, no era de salir mucho, cuando estaba rodeada de muchas personas me daba ansiedad, el primer año en la universidad fue horrible, pero logré adaptarme. 

 

Mientras miraba la pantalla del pc mi mirada se desvió hacia la guitarra que estaba aún lado, aunque siempre estaba limpiando, por alguna razón siempre tenía una capa de polvo que no importaba con qué frecuencia la quitara, aparecía. Entre cerré los ojos y recordé las palabras de Donald, tal vez podía ayudarme realmente retomar la música, pero siempre que lo intentaba, pasaban cosas malas. Por eso prefería mantenerme alejada hasta que realmente estuviera bien.

 

Así era mi vida, no había nada que decir de ella. No soy una chica que fuera muy segura de las cosas que hacía, ni siquiera confiaba que algún día iba a graduarme, ya que siempre las cosas me salían mal, no era alguien demasiado optimista, tampoco tenía planes a futuro. Obvio que me gustaría tener una vida tranquila, feliz, solo que como llegaría a eso, era algo que no sabía. 

 

Suspiré con fuerza, mis propios pensamientos me habían hecho sentir mal. Estaba tirada en la cama, mirando al techo, no tenía esperanza de mi misma, no tenía ganas de nada. 




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