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Chapter 8

CAPITULO 8

 

~ M I A ~

 

Con mi vaso de ponche en la mano caminé hasta la piscina donde aquellos "chicos" hablaban de forma animada. Matt era el mayor por un año, la menor era su hermana Martha, hijos de una cirujana oncóloga, Nick y Bruce eran los gemelos de un matrimonio de pediatras. Sophia y Rebecca eran hermanas y primas de Darla e Ian, sus padres eran cirujanos plásticos, de los mejores de la ciudad.

 

—Hola Mía —Me saludó Darla, no todos eran unos idiotas, solo Matt y Rebecca, eran la típica pareja de idiotas populares que querían caerle bien a todos, pero eran unos idiotas... ¿Ya dije que eran unos idiotas? Creo que sí, sonreí levemente y los saludé con la mano.

 

—¡Miren quien llegó! ¡La pseudo-doctora! —Matt levantó los brazos. Tuve ganas de levantarme y dejarle con la palabra en la boca y tal vez también mi puño, pero no quería crear un espectáculo ese día, era navidad y al menos debía pasármela bien.

 

<<Te voy a romper la nariz perfecta esa que tienes>> pensé haciendo una mueca.

 

—Déjala Matt —Dijo Becca con una sonrisa, estaban abrazado mientras bebían una cerveza ambos—. Siéntate Mía, por favor —Parecía ser realmente amable, pero era Regina George, creo que ella había sacado la personalidad copiada de ese personaje, sonreí ante mi pensamiento, pero nadie pareció darse cuenta—. ¿Tu novio no pudo venir, Mía? —Detuvieron su conversación para preguntarme eso. No pude que realmente responderles. Elle tenía una sonrisa en su rostro, no entendía que le hacía tanta gracia.

 

—No —Dije sin saber que realmente decirles—. No tengo novio —Respondí sincera y directa.

 

—Ay, lo siento, no debí preguntar —Fruncí el ceño. Ella se había llevado la mano hasta su pecho y realmente parecía avergonzada por la pregunta que había hecho, pero yo no entendía por qué se sentía de esa forma.

 

—¿Por qué te disculpas? —Alcé las cejas y, sin dejar de verla a los ojos, comencé a beber de mi ponche.

 

—Pues entiendo que luego de lo que hiciste sea difícil para ti relacionarte con los demás —Todos se quedaron en silencio, hasta yo. Eso fue un golpe bajo.

 

Desde eso, sabía que las cosas habían cambiado en mi vida, esta era la primera reunión en mi casa desde entonces, así que sí, era raro.

 

—Intenté suicidarme, no asesiné a alguien —Solté y no sé cómo había tenido tanto valor para responderle de esa forma. Su comentario mal intencionado era algo que me había puesto de mal humor, pero no dejaría que mi noche se arruinara—. Además, estoy bien como estoy ahora, estudio algo que me gusta y no porqué mis padres me presionen de alguna forma, puedo pasar la noche entera jugando video juegos y no matándome estudiando para algo que ni siquiera me interesa —Sabía que Rebecca odiaba la medicina, ella quería estudiar para ser diseñadora de interiores, pero sus padres se rehusaron—. Tampoco me tengo que preocupar por lo que digan mis padres sobre mí, así que creo que estoy más que feliz con la vida que tengo…

—No sabes nada sobre mí, Mía —Respondió Rebecca haciéndose la ofendida. Alcé las cejas y miré a los demás.

 

—¿Yo dije el nombre de Rebecca? —Pregunté sorprendida, era una pregunta retórica, todos se rieron y nos miraron, sin decir nada—. Lo siento si te sientes aludida a una simple opinión de una chica sin novio, suicida y gorda... Sé que eso te puede llegar a afectar —Atajé, cosa que hizo que otros se volvieran a reír y miraban burlones a Rebecca.

 

Ya no quería estar ahí. Me levanté y caminé nuevamente hacía la casa, mi madre estaba saliendo para llamar a los demás, abriríamos los regalos. Este año no había deseado nada, pero mi padre aun así me tenía dos regalos. Uno de ellos era un juego que había querido por meses, pero no sabía que él me lo daría, esperaba poder comprarlo en algún momento.

 

—Gracias papá —Lo abracé con ánimo.

 

—Ahora abre la otra caja —Me señaló la otra cajita, que era más grande pero no tenía ni idea de lo que podría haber dentro. ¿Otro videojuego? No lo sabré hasta abrir la caja.

 

Quité el listón y la tapa. Dentro estaba el montón de papel de seda, pero cuando lo quité, había un collar y una correa. Con una expresión de duda, volví a mirar a mis padres.

 

—¿Qué es esto, papá? —Alcé la mirada, él tenía una sonrisa en su rostro, se levantó y abrió la puerta del baño, de ahí salió un hermoso perro.

 

Mi alegría no la pude contener, pegué un grito y me lancé sobre el animal para abrazarlo. Estaba realmente emocional, no solo el comentario de Rebecca me había puesto así, sino que el previo de Matt también.

 

—Él es Angel, es tu mascota de soporte, está entrenado por un especialista, así que solo debemos hacer nuestro esfuerzo para que se adapte a la familia—Ahora entendía por qué las alitas de la correa. Luego de abrazar y besar al juguetón animal, corrí hasta los brazos de mi padre, ese abrazo lo necesitaba, mi madre no se quedó atrás y también me abrazó, podía sentir que ella también estaba sensible, tener un perro luego de perder al nuestro, era algo que ella no quería, aceptó por mí y por eso estaba tan agradecida.

 

—Debes cuidarlo, así como el cuidará de ti —Angel era mi ángel, mi noche no podía ser mejor que eso. Ya no tenía nada que hacer en ese lugar, Angel y yo subimos a mi habitación, el dormiría conmigo. Luego de quitarme todo el maquillaje y la ropa, regresé a mi casa, mirando como Angel se quedaba olfateando el lugar y luego se subía a la cama. Por primera vez en un par de años no había tenido que recurrir a escuchar algo en mi celular para dormir. Con la simple respiración del animal, me había hecho dormir muy bien, estaba contenta por lo que mis padres habían hecho por mí y no los iba a decepcionar.




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