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Cap 22. Infancia/Blanca.

UN DÍA EN EL ORFANATO

La clase de idiomas terminó poco antes del mediodía.
La profesora apenas comenzó a despedirse cuando empezaron a cerrarse los cuadernos y a guardarse los útiles.
—¡Al fin! exclamó Grisel, levantándose.

—¿Al fin qué? dijo Ámbar guardado sus útiles.

— El almuerzo debe estar listo, me suena la panza
Zafira se rió mientras guardaba sus cosas.

—Hace cinco minutos dijiste que no tenías hambre.

— Hace cinco minutos no lo tenía.

Olivia terminó de acomodar sus hojas.

—Vamos, vamos que seguro están a minutos de servir.

—Ay sí , se va a desaparecer la comida. Se burló Ámbar .

— No sabemos, si son milanesas seguramente sí, aunque podemos ir derecho a comer en la cocina hoy.

Ironizó Olivia.

La mirada de complicidad de Zafira, lo decía todo.

—¿Qué?

— Nada, nada, le responde con una sonrisa ladeada.

Las cuatro salieron del aula. Pasaron rápidamente por el dormitorio, dejaron los cuadernos sobre las camas y salieron.

Se fueron casi corriendo hacia el comedor.

—¡Despacio! les gritó alguien desde el pasillo, pero ninguna obedeció.

Cuando entraron, a uno de sus lugares favoritos, el olor de la comida las recibió antes de que vieran a Blanca.

La mujer estaba sumida en la cocina, removiendo una de las ollas.

—Buenos días, señoritas, dijo la cocinera al escuchar la entrada estruendosa de esos cuatro personajes. Eran como clientes fijos, pero sin pagar.
Las cuatro se detuvieron.

—¡Hola, Blanca! . saludaron casi al mismo tiempo.

—Ahora sí, primero se saluda y después se pregunta qué hay para comer, están aprendiendo, muy bien!
Grisel levantó la mano y no aguantó.

—¿Qué hay para comer?.

Blanca soltó una carcajada, parecía que estaba en el salón de clases aún.

—¡Ay mi niña, ni siquiera intentas disimular, y eres la mayor!
—Tengo hambre, me suena la panza. dice Grisel haciendo puchero.

—Si, si, ya me di cuenta, ¿cuántos años tenés Grisel?

Ámbar se acercó a mirar las ollas, mientras ellas hablaban.

— Once años, pero solo físicamente Blanquita, soy la mayor, un año más que Ámbar y Zafira y dos más que Olivia ¿Siempre me lo vas a preguntar, se que somos muchos, intentas recordar la edad de todos?

Blanca rondando en los 50 años, ya estaba en etapa de menopausia, que la tenía descontrolada, además de algunos problemas neuronales que las niñas no sabían.

—¿Qué estás haciendo? Interrumpió Ámbar pisando la charla de Grisel.

—Una receta que aprendí hace muchos años.
Olivia apareció a su lado, en modo, me toca a mí

—¿Dónde?

Blanca la miró. —¿Dónde qué?

—¿Dónde aprendiste a hacerla?

—En otro país.

—¿Cuál?

—México.
—¿Vos sos mexicana?

—No.

— ¿Entonces dónde naciste?

—En Venezuela.

Olivia abrió los ojos.—¿Venezuela?, ¿Y cómo llegaste a trabajar para nosotras?

Blanca sonrió.—Esa es una historia larga.

—Tengo tiempo, puedo comer y escuchar, aclaró Olivia atenta.

Zafira se rió y murmuró. —Ya empezó.
—¿Qué? — Olivia no llegó a escuchar.

—Nada, nada. respondió Zafira con un movimiento de mano para que continúe con su interrogatorio.
Blanca dejó la cuchara sobre la mesada.

—Bueno, mientras esperan el almuerzo, les cuento.

Las cuatro se sentaron alrededor de una mesa que ya era suya.

—Yo nací en Venezuela, mis padres migraron cuando yo era pequeña y nos fuimos a vivir en Argentina.
El interés de Olivia co cesaba

—¿Y después de Argentina fuiste a otro país?

— Sí.

—¿A qué edad?

—A los diecinueve.

—¿Sola?

—Sola.

—¿Y a dónde?

—A Uruguay.

Zafira intervino:—¿Y cuánto tiempo estuviste?

—Un par de años.

—¿Te gustó?

—Muchísimo, respondió sonriente.
Olivia volvió a preguntar:—¿Y después?

Blanca sonrió.—Después crucé a Brasil, a los veintiuno, más o menos.

—¿Y cuánto tiempo estuviste ahí?
—Tres años.

—¿Por qué más tiempo?

—Porque Brasil es enorme, y yo quería conocerlo.
—¿Todo?

—Todo no, no era turista, tenía que trabajar.

Grisel intervino desde el otro lado de la mesa.

—¿Y de que trabajabas?

—Ya había empezado a estudiar gastronomía cuando era joven. Me gustaba cocinar, pero también me gustaba muchísimo comer.

—Eso sí lo entiendo —dijo Grisel, y todas rieron.

— Que bien que puedan entenderme .
Olivia no había terminado, era la más curiosa y llena de preguntas.

—¿Y después de Brasil?

—Paraguay, después seguí viajando por otros países de Sudamérica, estuve en Chile, un par de años.

—¿Y en todos trabajabas en restaurantes?

—En restaurantes, hoteles, cocinas... donde encontraba una oportunidad.
—¿Y aprendías las comidas de cada lugar?

—Esa era justamente la idea. Blanca comenzó a servir algunos platos. —Cada país tiene sus propios ingredientes, sus maneras de cocinar, sus costumbres, y yo quería conocer todo eso.

—¿Cuál te gustó más? Ámbar fue la habló.

Blanca se quedó pensando.—Eso es difícil de decidir.

—¿Por qué?

— Porque cada lugar tiene algo diferente. Olivia volvió a intervenir.
—¿Y después?

Blanca pensó un momento y recordó dónde había quedado el relato, de Chile fuí a México, creo.

— Wow respondió Olivia y había escuchado algo de un crucero alguna vez, sin dudarlo preguntó.

—¿Y ahí fue lo del crucero? Blanca la miró.

—¿Cómo sabías que había un crucero?

—Porque dijiste que trabajaste en muchos lugares y que viajaste muchísimo, y alguna vez escuché, algo de un crucero,no sé dónde.

—Creí que era un viaje pero con todos esos viajes, ya no sé.
Blanca sonrió.

—Tenés una forma bastante particular de hacer preguntas. —Quiero saber.

—Siempre querés saber, y está perfecto.
Las otras tres se rieron.

—Sí. En México apareció la oportunidad de trabajar en un crucero.




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