Gazo (que comience el juego) Borrador

Cap 6 Tsunami emocional

Salí del dormitorio secando mis lágrimas, caminé por el pasillo hasta la dirección.La Institutriz ya me estaba esperando.
—Grisel, pasa. - me señala la silla frente al escritorio.
—Sientate.
Ocupé la silla, me sudaban las manos.
La Institutriz tomó una carpeta y la dejó frente a mí.
Mientras la acercaba, levanté la mirada, y ví la fotografía.
Estaba colocada sobre uno de los muebles detrás del escritorio, en un ángulo que podía verse perfectamente desde donde estaba sentada.
Mis abuelos prestados.
Ágata y Tiziano.
Ya no estaban como en aquella última salida, el abuelo tenía varias canas, pero nunca superaría a Ágata.
Los observé durante unos segundos.
Y sonreí, recordó aquella última tarde todos juntos.
Los dos caminando con ellas, las conversaciones, las pequeñas atenciones.
Todo lo que habían hecho para que nunca sintieran que estaban completamente solas, habíamos crecido, y eso no es fácil de digerir.
Ahora lo comprendía, durante años había pensado en el día en que tendría que abandonar aquel lugar.
Ahora ese día había llegado, iba a extrañarlos muchísimo, a todos, también a la Institutriz.
La respetaba profundamente, todo lo que sabía, todo lo que había aprendido, fué gracias a ella y a su equipo bien dirigido, era la directora, pero no se quedó solo en ese puesto.
Buena parte de la mujer en la que se había convertido se la debía a aquella persona que había estado allí durante tantos años.
Bajé la mirada hacia la carpeta.
—¿Qué es?
La Institutriz apoyó una mano sobre ella.
—Alguien dejó esto para que te lo presente como alternativa.
—¿Para mí? fruncí el ceño, no entiendo, no conozco a nadie fuera de aquí.
—Eres la primera de las cuatro en salir.
La carpeta tenía varios documentos.
—Te aconsejo que lo leas atentamente..
—¿Por qué? -- Dije en automático.
—Porque yo no dudaría demasiado en aceptar la propuesta si estuviera en tu lugar.
Eso consiguió despertar todavía más mi curiosidad.
La Institutriz continuó:
—Allá afuera no es lo mismo que aquí.

—Necesitas un lugar donde dormir, dinero para vivir y una manera de empezar.

Abrí la carpeta, leí, no puede ser, pensaba mientras intentaba asimilar aquello.
El documento era un contrato.
La propuesta era sencilla de entender, le proporcionarían un apartamento que quedaría destinado a las cuatro.
Pero había una condición.
Debía comprometerse a ir a buscar, al año siguiente, a Ámbar y Zafira al orfanato y llevarlas a vivir conmigo.
Y un año después, las tres deberíamos regresar para buscar a Olivia.
Las cuatro terminaríamos viviendo juntas, increíble , sigui leyendo.
El apartamento tenía cocina, living, comedor, balcón, zona de lavado, baño de visitas y cuatro dormitorios.
También se le proporcionaría un depósito de cincuenta mil dólares para vivir mientras conseguía trabajo.
Cualquier necesidad que apareciera mientras comenzaba mi nueva vida.

Dejé escapar el aire lentamente.
El remate, una tarjeta con los datos de un laboratorio.
Un lugar donde me estaban esperando, como ayudante de laboratorista.
Volví a mirar el documento, esto es increíble.
Por primera vez en mucho tiempo, mí cabeza dejó de pensar en el problema y comencé a pensar en posibilidades.
¿Quién había hecho aquello?
¿Y por qué?
Mí primer idea fue inevitable.
Los padres o madres biológicos.
Bueno... los padres biológicos de alguna de nosotras.
Y entonces pensé en Olivia, era la más chica, de ser por parte de Zafira o Ámbar, no deberíamos venir por Olivia.
Quizás habían descubierto el vínculo que las cuatro habían construido, y sabían que Olivia no quería separarse de las otras.
Y, en lugar de buscar solamente a su hija, habían decidido asegurarse de que las cuatro permanecieran juntas.
Que pudiera recibir a Ámbar y Zafira al año siguiente, y que después las tres pudiéramos volver por Olivia.
La idea era maravillosa, al menos para mí no significa obligación, sino todo lo contrario.
No había fecha que dijera, después de cierto tiempo tendrán que abandonar el apartamento.

Levanté la mirada. —¿Esto es real?
La Institutriz sonrió. —Sí, me aseguró mientras sonreía.
Durante más de un mes había estado pensando en lo peor.
Había imaginado salir prácticamente con las manos vacías a un monoambiente con lo básico, era mejor que la calle, sin duda.
Sabía hacer muchas cosas, había recibido una formación extraordinaria, pero saber hacer algo no significaba necesariamente saber cómo empezar una vida en una ciudad que no conocía.
Había pasado noches enteras pensando en aquello.
Y ahora mis hermanas estaban incluidas, sonreí.
—Y yo pensé que me iba a un monoambiente.
—Era una de las posibilidades. —No iba a dejar que salieras y terminar en la calle.
Solté una risa nerviosa.—Entonces tengo dos opciones.
—Exactamente..
La Institutriz se recostó ligeramente en su silla.
—Por eso dije que, yo, no lo pensaría demasiado. Lo que puedo ofrecerte es limitado.. Esto te permite mucho más.
Tomé la lapicera y firmé.
Después de hacerlo, recibí las llaves del apartamento, la documentación correspondiente y la tarjeta bancaria, el corazón acelerado de tantas emociones juntas no quería volver a su ritmo normal.

—Gracias, dije con un nudo en la garganta, una montaña de emociones colisionaron, todo me resultaba demasiado, la despedida de mi casa por 18 años, las chicas, la mujer frente a mí fué como una madre, sus padres mis abuelos, y en unas horas estaré sola en algún lugar de Manhattan.
La Institutriz me observó en silencio.
Me puse de pié.
Miré una última vez la fotografía de los abuelos Ágata y Tiziano. -- Tisha-- apodo que le dimos cuando no nos salía su nombre de niñas.
Esta es despedida me lleva a la puerta de salida, abracé a la Institutriz, gracias a ella también todas somos Montiel, no seremos hermanas de sangre, pero si por elección.
—Gracias por todo, pude decir apenas.
Nos separamos , tomé mi bolso y mochila y salí.
Apenas estuve en el pasillo, saqué el teléfono, abrí Google Maps, introduje la dirección, The Sterling House, 10A — East 39th Street, entre Lexington Avenue y Third Avenue, Manhattan, Nueva York.
La pantalla mostró el recorrido, miré el mapa, las llaves, y salí.
El corazón aceleraba cada vez más, mi cabeza llena de imagenes y recuerdos, del lugar que va alejándose.




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