Año 1990
Topacio apareció en la máquina y en malas condiciones, no sé que le habrá pasado, pero parece que una jauría de perros le mordió la ropa, su pantalón todo roto, el buzo tiene agujeros por todos lados.
Para Alex había pasado una semana, pero su hermana parecía haber estado varada durante semanas.
Alexandrita apenas tuvo tiempo de reaccionar cuando la tuvo enfrente.
— ¿ Pero que fué lo que te pasó,‽ — se acercó de inmediato a su hermana.
—Pedí cafés —fue lo único que dijo Topacio apenas la vio.
Alex la miró, desconcertada, perpleja por la falta de entusiasmo de su gemela, y desde cuándo toma café?
—¿Ahora? .... Pero contame, qué fue lo que pasó? A dónde estuviste?
Topacio frenó su caminata, asintió y respondió:
—Claro que te voy a contar, Alex, pero primero… uff, es mucho lo que tengo que decirte.
—Primero consigue los cafés. Tengo que darme un baño urgente y enseguida hablamos.
Alex tomó el teléfono a las corridas y pidió los cafés, unas medialunas y unas donas. El delivery tardaría quince minutos.
Mientras esperaba, mil preguntas se le amontonaban en la cabeza.
¿Adónde había ido?, ¿Qué había pasado?
¿Cómo era posible que hubiera regresado en esas condiciones?
Topacio salió de la ducha un rato después y fue a encontrarse con ella.
—Perdón, es que necesitaba un baño. Un momento para pensar como te cuento . No sabés todo lo que pasó!
Se sentaron juntas. Alex no encontraba acomodo en la silla. No quería presionar a su hermana, pero la estaba sacando de quicio tanto misterio.
Tomaron el café y comieron las medialunas y las donas.
Alex no dejaba de observarla y levantaba las cejas, acompañando el gesto con movimientos de cabeza para que le contara de una vez qué había pasado.
La expresión de Topacio no le gustaba nada, estaba, preocupada, y algo más que no lograba definir.
Era como si estuviera maquinando algo en su cabeza.
Finalmente, Alex no pudo contenerse.
—¡Ay, por favor! ¡Hablá de una vez! ¿La máquina funcionó o no?
Topacio la miró.
—Claro que sí, no ves que volví? Y resultó ser mejor de lo que quisimos hacer.
Alex esperó, mordiendo una de sus uñas. El desespero por saber lo demostraba su cuerpo.
—Antes de contarte qué fue lo que pasó, tengo un lugar adonde ir. Y esta vez no me voy por una semana.
Hizo una pausa.
—Voy a tener que irme un año.
Alexandrite quedó petrificada, con los ojos bien abiertos.
Topacio se levantó y se dirigió hacia su dormitorio.
Alex quedó congelada durante cinco segundos más . Se levantó a las apuradas, para correr detrás de ella.
—Esperá un poquito, explícate ...—dijo, ya a punto de frenarla, no lo hizo. La siguió y hablaba muy rápido, intentando que Topacio le contara, pero no soltó palabra alguna.
La sorpresa que se llevó fue verla reunir documentación apenas entró al dormitorio: su documento de identidad y todo aquello que pudiera necesitar para irse por un año.
También comenzó a preparar ropa y algunas pertenencias.
—¡Esperá, esperá! —dijo Alex—. No seas imprudente, acabas de llegar, quién sabe de dónde, y parece que tenés que irte corriendo. No estoy entendiendo nada. ¡Decime qué fue lo que pasó!
Topacio siguió juntando cosas. No dijo nada.
—Entiendo que pasó algo. No quiero hacerme ideas raras, pero, por cómo estás, debe haber sido algo grave. Entiendo que no me quieras decir, pero respondeme algo, a donde vas a ir ahora vas a estar bien? … Porque si te vas durante un año y me dejás en la incertidumbre, me va a dar algo. Tenemos que pensar bien qué vas a llevar. Y tengo una idea.
Alex comenzó a ayudarla.
—Vos juntá la ropa y lo que necesites. Yo voy a prepararte algo. Y antes de irte vas a responder mis preguntas, quieras o no.
Salió del dormitorio y se dirigió hacia el laboratorio.
Tenía una idea, y los nervios disparados.
Si Topacio iba a llevar una valija consigo, necesitaba inventar algo más.
Algo que pudiera envolverla, y llevar sus cosas con ella.
Alex comenzó a reunir los materiales que tenía a mano sobre la mesa de trabajo.
Fragmentos del cristal, y un material flexible para sujetarlos, encadenarlos, no era estético, pero servirá.
Buscó una forma de mantenerlos unidos sin que se desprendieran durante el desplazamiento.
Todavía no sabía exactamente si funcionará, pero iba a probar, un inento de ecadenado de gemas para que el equipaje viajara con su hermana.
Por suerte para Alex, su hermana le dijo a dónde la había enviado la máquina y hacía dónde se dirigía ahora y porque.
Los detalles la hicieron entender, pero no le devolvió la tranquilidad..... Ahora deberá esperar 1 año y mantener la máquina funcionando por si regresa antes...
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Editado: 14.10.2026