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Cap 24. Operativo FBI

Zafira caminaba a paso firme hacia el edificio del FBI, llegando con los treinta minutos de anticipación habituales. El silencio de las instalaciones a esa hora le daba un margen de maniobra que siempre sabía aprovechar. Cruzó el pasillo principal, ingresó al vestuario y fue directo a su locker para cambiarse.

Mientras se ajustaba el uniforme, la puerta del pasillo se abrió y la sombra de Miller pasó frente al umbral, escoltado por el mismo grupo de siempre.

Al verlo, el recuerdo de sus primeros tres años en la agencia le vino a la memoria de golpe. Había sido un período de fricción constante, marcado por comentarios mordaces y una condescendencia disfrazada de camaradería. Las burlas apuntaban siempre a lo mismo: su estatura, su juventud y la supuesta imposibilidad de competir en fuerza bruta contra hombres de la talla de Miller.

El acoso velado pronto se trasladó a los entrenamientos de combate cuerpo a cuerpo. Semana tras semana, la desafiaban a subir al ring para «probarla». Durante meses, Zafira ignoró las provocaciones, hasta que un día, cargando con el peso de una mala jornada, cruzó el límite de su paciencia. Miró a Miller a los ojos y aceptó el desafío.

Subió al ring sin decir una palabra. Le bastaron pocos movimientos para desmontar la guardia de Miller, aprovechar su propia agilidad y derribarlo con una contundencia que dejó al gimnasio en absoluto silencio.

Tras la derrota de su líder, los otros seis miembros del grupo quisieron entrar de inmediato a vengar el orgullo del equipo. La regla fue clara: no habría peleas consecutivas para desgastarla. El desafío se transformó en un ritual a lo largo de los meses siguientes. Uno a uno, en combates programados y en igualdad de condiciones, los agentes fueron subiendo al cuadrilátero a medir fuerzas con ella.

Uno a uno, todos terminaron en el lona.

La seguidilla de derrotas terminó por agotar la soberbia del grupo. Sin más argumentos frente a la evidencia, se rindieron ante la realidad. No les quedó otra opción que tragar con amargura su orgullo y aceptar la presencia de una compañera más joven, pero infinitamente más veloz, ágil y preparada para el combate que cualquiera de ellos.




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