Gazo (que comience el juego) Borrador

Cap 19. Químicos/ Venenos

El zumbido constante de los extractores de aire y el murmullo de la centrífuga dominaban el ambiente estéril del laboratorio central.

Grisel ajustó el microscopio de fluorescencia, manteniendo la mirada fija en el ocular mientras regulaba con la mano derecha el micrométrico para enfocar la lámina de cristal.

A su lado, un compañero de mesa apoyó una gradilla con tubos de ensayo y dejó escapar un suspiro.

—¿Cómo viene la serie tres, Grisel? .preguntó mientras ajustaba el volumen de una micropipeta automática.

—A mí la curva de calibración me dio un sesgo del dos por ciento. Si el tampón de pH se volvió a degradar, vamos a tener que desechar todo el lote.

Grisel cambió de objetivo en el revólver del microscopio con un clic seco antes de responder, sin despegar el ojo de la muestra.

—No es el tampón . su voz pausada y precisa.

— La separación de fases quedó limpia, pero la viabilidad celular está bajando después de la centrifugación. Lo pusiste a doce mil revoluciones por minuto; para este compuesto es demasiado impacto. Proba bajarlo a ocho mil y dale tres minutos más de incubación a treinta y siete grados.

El compañero miró la pantalla del espectrofotómetro, evaluando la sugerencia.

—Tiene sentido. La proteína es demasiado inestable para tanta aceleración... Si no estabilizamos la concentración antes del mediodía, el jefe de departamento nos va a hacer repetir los controles de calidad desde cero.

—No vamos a repetir nada. aseguró Grisel mientras registraba los datos en su libreta de protocolo.

—Trae las muestras de la heladera comercial. Yo preparo el reactivo de contraste para la prueba y medimos la densidad óptica ahora mismo.

El técnico asintió, tomó los viales etiquetados y caminó hacia la cámara frigorífica.

Grisel volvió a acomodar la lámina, observando a través del lente las estructuras celulares perfectamente alineadas, dominando el ritmo del laboratorio.

Concentrada siguió su labor para evitar repetir todo.

Estaba en su elemento y disfrutaba mientras trabajaba.

Debería de quedar terminado para hoy y así sería, necesitaba aquello.

Al terminar la jornada y sintiendo satisfacción por lo conseguido, Grisel salió de Helix directo al súper a comprar los ingredientes para la cena.

— Ay Blanquita, como te extraño... Suspiró con aquellos recuerdos donde los ravioles eran los protagonistas. sonrió.

— Pronto cumplirá sus 70, voy a tener que organizar una visita con las chicas.

Entró al local, no habían ravioles aún, faltaba una semana para la semana de la pasta, ése era el supermercado más completo que conocía, habían variedades de productos y por suerte se podía hacer encargos.

Fue al refrigerador, eligió unos tallarines de espinaca, queso, al girar chocó de frente con un cuerpo robusto, y al instante levanta la mirada, el hombre de masajeaba la barbilla y ella la frente.
—Lo siento. dijeron casi sincronizados.

La mirada del hombre parecía analizarla, mientras la observaba se agachó a levantar algo del piso.

—¿Esto se te cayó a tí? era al parecer una dosis de algún inyectable.

—Sí, gracias y disculpa otra vez, me tengo que ir. Tomó el pequeño estuche que protegía el frasco, y se dirigió a la salida, llegando a la caja su celular sonó.

— No puede ser, ¿justo ahora?. revisó el celular al mismo tiempo que colocaba la compra en la cinta.

— ¿Algo más señorita?

— Nada más gracias. .. pagó con tarjeta agarró la bolsa y salió disparada.




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