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Cap 3. Adolescencia

La cocina estaba más animada de lo habitual aquel medio día.Blanca tenía varias cosas sobre la mesada y se movía de un lado a otro con la experiencia de quien podía preparar una comida para varias personas sin dejar de prestar atención a cuatro conversaciones diferentes.
La puerta se abrió y Ámbar entró primero.

—¿Qué hay? —dijo, con su tono adolescente, asomándose por encima del hombro de Blanca.

—Si esperás cinco minutos, capaz te enterás.

Ámbar sonrió y, sin pedir permiso, fue directamente hacia la radio.

—¿Otra vez con eso? —protestó Blanca.

—¿Qué tiene?—Que después nadie me escucha.

—Nosotras te escuchamos.

—Sí, claro, no quiero quedarme sorda! Ámbar empezó a buscar una emisora hasta que encontró música.

—¡Ahí! Esto es música!. Subió un poco el volumen, Blanca sacudía la cabeza, mientras sonreía.
Zafira detrás de ella y empezó a seguir el ritmo con la cabeza.

—Esta está buena, me gusta.

—No toques más — dijo Blanca, señalando la radio con el cucharón.

—Así está bien, no le vayas a subir eh!

—¿Ves? —dijo Ámbar. — Tecnología.

Blanca soltó una risa.—Eso no es tecnología, es una radio.

—Bueno, para vos es tecnología.

—Para mí, mientras funcione, alcanza.
Grisel y Olivia entraron casi al mismo tiempo. Olivia se quedó apoyada contra la mesada, observando lo que Blanca estaba preparando.

—¿Qué estás haciendo ahora?— La comida.

—Ya sé, uff ¿Pero qué es?

Blanca la miró. —¿Vos no podés ver sin preguntar?

—Puedo. Pero preguntando me entero más.

Zafira soltó una carcajada.—Ahí está, esa es Olivia.

—¿Qué‽ bufo ella.

—Nada, es que ya viene tu cuestionario. Le contesto Grisel también contagiada por el ambiente alegre.
Mientras la música continuaba sonando, Ámbar empezó a moverse por la cocina, exagerando unos pasos de baile.

—No empieces — advirtió Blanca.

—Se acercaba a ella sacudiendo los hombros...—Qué

—Eso, le señaló Blanca, señalandola.

—Estoy bailando, la música es para eso o para llorar, bueno, para dedicarle a alguien también sirve.
—Estás molestando. Su tono era de... cuidado con lo que haces niña.

—También, aunque así le llaman solo los adultos que prefieren no divertirse.

Grisel se acercó a Blanca y le dio un pequeño empujón con el hombro.

—Dale, Blanca!
— Con ustedes no se puede, que quieres !?

—Bailá, movete un poco, no te cuesta nada, es gratis.

—Yo estoy cocinando, si me distraigo no come nadie.
—Podés hacer las dos cosas, no estás usando las caderas para cocinar. agregó Grisel mostrando el movimiento

—No, ahora no puedo, afirmó seria.
Ámbar se puso delante de ella, le agarró de imprevisto una mano.

—Una vuelta, te vas a oxidar si no te moves.

—No, criatura dije que no...!

—Una, ay dale, sentí la música Blanquita!

—.Ámbar... Basta, no es una pista de baile.
—Una sola, Blanquita, dale!!
Blanca terminó cediendo y levantó los brazos, haciendo un movimiento ridículo con el cucharón en la mano.

Las cuatro comenzaron a reír.

—¡Eso! gritó Zafira.

—¡Así es, mirá cómo sí sabes bailar! agregó Olivia.

— ¡ Bueno, bueno pero no se rían! — aunque , ya estaba riéndose también.
Ámbar le tomó la otra mano y la hizo girar, al otro lado.

—¡Ámbar, me vas a hacer tirar todo!

—¡No, si dejas de pelear para quedarte quieta no tiras nada
—¡Ay por dios, dejame terminar de trabajar criatura!
La música siguió mientras las cuatro adolescentes ocupaban la cocina como si fuera suya, llevaran toda la vida haciéndolo.
Con Blanca hablaban todas en español, y conocían la gastronomía sudamericana. Cuando la canción terminó, Blanca volvió a concentrarse en la comida.

—Bueno, basta. Déjenme terminar, o las dejo sin comer.
Grisel se quedó cerca de la mesada, esperó unos segundos.

—Blanquita... su tono mimado lo conocía muy bien. Blanca la miró, y solo hizo un sonido nasal, haciéndose la desentendida.
—¿Al final hoy sí?
Blanca levantó la vista, era su turno, iba a molestar aunque sea a una.

—¿Hoy sí qué? — sabía a qué se refería.
—Los ravioles, Blanca!!
Ámbar se giró inmediatamente.—¡Es verdad!

—Yo no dije nada se cubrió Zafira. La cara de asombro de la mayor era un poema.

—¿Así que lo sabías?. sorprendida Grisel miró al resto.
Olivia miró a Blanca con curiosidad.
—¿Yo no, no tenía idea. le habló a la indignada.

—¿Entonces imagino que conseguiste ravioles, es éso?
Blanca intentó mantener la expresión seria.

—Puede ser. le contestó ocultando una sonrisa..
Grisel abrió los ojos. —¿Qué significa "puede ser"?

—Significa que preguntás demasiado.

—Hace semanas que te los pido. Y meses de que no comemos ravioles!

—Ya sé, si, estás sufriendo, no? Zafira mordiendo un trozo de pan, dice.

— Sueña con ravioles ya! — riéndose de su comentario le salieron volando migas para todos lados.

— Me dijiste que estaba difícil conseguirlos.

—Y lo fué . —Grisel se cruzó de brazos, y no se quedó callada.

—¿Entonces.. ? Espera respuesta con desespero.
Blanca dejó el cucharón sobre la mesada, la mira a los ojos y responde.

—Entonces hoy vas a comer ravioles.
Durante un segundo, Grisel no reaccionó.

—¡¿En serio?!

—En serio.

—¿Con salsa?

Blanca sonrió. —Si y con salsa Caruso.

Grisel dio un pequeño salto.

—¡Sí! —Pero sientate y dejame terminar.

—¡Voy, voy! Ámbar se echó a reír.

—Miren la cara que tiene. Susurró Olivia.

—Olivia... sabemos que hace semanas que los espera. — está vez habló Zafira

—Y ahora va a estar insoportable, a ver si podemos comer algo o los come todos —agregó Ámbar, a las risas.

Grisel ya estaba buscando dónde sentarse.

—No exageren, hay para todos, además también los va a comer en la cena.

— Dijo Blanca volviendo a agarrar el cucharón. —Por eso te amo Blanquita! respondió Grisel feliz.
Y la música volvió a llenar la cocina mientras Blanca seguía preparando la salsa, rodeada de las cuatro adolescentes que, entre risas, preguntas y algún que otro intento de hacerla bailar otra vez, esperaban impacientes los ravioles de Grisel.




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