A las 7:00 am ya estaba despertando.
Se dió una ducha y desayuno lo que quedó del día anterior.
A las 8:30 am , Grisel llegó a 418 East 37th Street poco antes de la hora indicada.
HELIX BIORESEARCH, decía la fachada, en letras grandes.
Debajo, más chico: Instituto de Investigación Biológica.
En recepción entregó la tarjeta que había recibido en el orfanato. La recepcionista la miró, la dio vuelta, y pidió que esperara un momento, desapareció por una puerta lateral.
Volvió a los dos minutos.
—El director la está esperando.
La guió a través de una puerta de acceso controlado.
Pasillos blancos, paredes de vidrio, laboratorios visibles desde afuera: gente con batas, microscopios, pantallas llenas de estructuras moleculares.
Subieron un piso, hasta una oficina con puerta de vidrio esmerilado.
—Doctor Demian, ella es Grisel Demir.
El hombre, de unos cincuenta años, tomó la tarjeta entre los dedos y la observó un momento antes de mirarla a ella.
—No solemos recibir candidatos con este tipo de recomendación -dijo, girándola.
—Esta tarjeta no se entrega a cualquiera.
La dejó sobre el escritorio y se levantó.
—Antes de hablar de un puesto, quiero que conozca el lugar.
La llevó por la división de genética, bioquímica, farmacología experimental. Frente a Toxinología abrió la puerta con una tarjeta magnética: estanterías con frascos etiquetados, veneno de serpiente, de arácnidos, de escorpión.
—La investigación no termina con identificar una toxina.
—Hay que determinar qué hace, qué componentes producen cada efecto, y qué puede usarse para neutralizarlo.
Más adelante señaló una puerta sin abrirla: Biología Experimental. Después, investigación animal, medicina comparativa, desarrollo farmacológico.
—Este es Helix. La recepción es apenas una parte del instituto.
De regreso al ascensor, pasaron frente a una puerta marcada ACCESO RESTRINGIDO, con dos lectores de seguridad uno junto al otro.
De vuelta en la oficina, el doctor tomó el currículum de Grisel.
—Formación en laboratorio. Biología. Bioquímica. Toxicología.
—Trabajo con componentes venenosos . levantó la vista.
—Sus resultados académicos son buenos. No voy a poner en duda su capacidad técnica, señorita Demir.
Hizo una pausa.
—El puesto disponible es de ayudante de laboratorio.
—Quiero que empiece desde abajo. Los primeros tres meses son de prueba. Voy a observar cómo trabaja con otras personas: cómo se adapta al ritmo del equipo, cómo recibe indicaciones, cómo comparte el espacio de trabajo.
Le deslizó el contrato.
—Léalo con tranquilidad.
Salió y la dejó sola. Grisel repasó cada cláusula -el horario, el salario, la confidencialidad, los niveles de acceso que la tarjeta iba a permitirle y firmó.
Cuando el doctor volvió y vio la firma, le extendió la mano.
—Bienvenida a Helix, señorita Demir. La esperamos mañana a las diez.
Salió del edificio con el contrato guardado en la carpeta.
A pocas cuadras entró a un supermercado.
Esta vez sabía que el apartamento tenía cocina equipada, así que compró en serio: frutas, verduras, lácteos, pan, las pastas que quiso probar, salsas, conservas, algo rápido para los días que llegara tarde. Productos de limpieza, para la cocina, el baño, la ropa y para ella, productos para cuidado personal todos los necesarios.
La compra era para no salir por una semana, o eso intentaría.
Pidió que se lo enviaran directo al 10A.
Unas cuadras más adelante entró a una boutique, necesitaba ropa adecuada, no solo para el trabajo, un par de conjuntos completos, prendas informales, y deportiva un par, cuatro pares de calzado variado, medias, ropa interior, dos bolsos, un par de abrigos y lo mínimo de maquillaje -un rímel, dos labiales, un perfume, benditas para el pelo, unas pinzas - y, antes de pagar, tomó ropa para dormir y pantuflas.
La caminata de regreso fue bastante rápida, quería aprovechar el día para poner orden en su ropero.
De vuelta en casa, y ya casi terminando de acomodar el contenido de los bolsos que traía del orfanato iba a seguir con la de sus compras el timbre sonó.
—Después seguiré con las bolsas, seguro es el pedido del supermercado. Pensó y fue a abrir la puerta.
Entre cajas y bolsas, pasó la tarde acomodando todo, mirando el perfume y el maquillaje ya en su lugar, frunció el ceño.
—Me olvidé de la bijou.
Ni caravanas, ni anillos, ni cadenitas. Lo que más le gustaba.
Salió de nuevo, y con un entusiasmo diferente al de la mañana. En una joyería pequeña se detuvo, entró y eligió con cuidado. Plata, algo de acero quirúrgico, caravanas, pulseras y un par de cadenitas.
Cuidó el presupuesto: tenía dinero sí, pero no para gastar en accesorios, el trabajo recién empezaba mañana y todavía quedaban tres meses de evaluación por delante.
—Si mañana me echan después de tres horas, por lo menos no me habré gastado medio sueldo que todavía no tengo. Le dijo a la vendedora, que soltó una risa.
Pagó y volvió caminando hacia el edificio.
Esta vez se detuvo en la recepción.
—Hola, buenas noches, soy Grisel Demir . Me mudé al 10A.
—Bienvenida señorita, sí estoy al tanto, estuvo muy ocupada hoy, ayer la ví llegar, entro tan sumida en sus pensamientos que no escuchó mi : Buenas noches bienvenida.
—Yo soy Adams, el portero. Le entregó una tarjeta.
—Si necesita cualquier cosa, puede llamar a ese número hay servicio de Plomería, electricidad, lo que sea.
—Muchas gracias, Adam, y disculpe no haberle devuelto el saludo, la verdad es que recién lo veo.
—No disculpe jovencita, a su edad todo pasa muy rápido, que tenga buenas noches, descanse.
—Muchas gracias, hasta mañana y buena jornada Adam.
Ahora solo quería comer algo, darse una buena ducha, escuchar algo de música y revisar el bendito contrato, tiene que haber algo ahí.
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Editado: 14.10.2026