Venecia, 15 de junio
Todavía me duelen las costillas de tanto aguantarme la risa, aunque si soy honesta, por un par de minutos sentí que la vergüenza ajena me iba a tragar entera en medio del aula. Si el desastre de la cocina la semana pasada no fue suficiente para entender que este grupo está al borde de un colapso de proporciones históricas, lo de esta mañana con el profesor Moretti terminó de firmar el acta.
La mañana empezó con la amenaza habitual de Historia de Italia, pero se convirtió en un campo de batalla en el instante exacto en que Moretti anunció el proyecto sobre la arquitectura del Renacimiento. No pasaron ni dos segundos cuando ya tenía a Daniel y a Jake encima, disputándose la autoría de mi compañía como si yo fuera un trofeo de guerra.
Por un lado, Daniel me miraba con esos ojos oscuros y esa seriedad contenida, intentando apelar a la lógica impecable de que vivimos pared de por medio y de que su papá tiene media biblioteca sobre Venecia en casa. Pero a su derecha, Jake ya estaba volcado sobre el pasillo con la chaqueta puesta al revés, prometiendo maquetas, entusiasmo y una tregua culinaria absoluta con tal de que le dijera que sí. En menos de un minuto pasaron de las indirectas sutiles a gritarse nombres enfrente de toda la clase: Daniel acusando a Jake de no saber nada de arquitectura y Jake llamándolo "aburrido" y respondiendo que el gótico tiene puntitas y el renacentista arcos redondos.
Verlos parados cara a cara, inflando el pecho como dos pavos reales en medio del aula mientras Mía comía galletas dos filas atrás y Emerson me miraba con lástima, fue demasiado. Pensé que me moría ahí mismo.
Pero el destino tiene una justicia poética brillante disfrazada de profesor de cincuenta años con la vena de la frente a punto de estallar. Moretti no solo los mandó a callar, sino que los castigó con el peor escenario posible para ambos: trabajar juntos. La cara de horror simétrico que pusieron cuando el profesor los puso juntos.
A mí me tocó con Emerson, lo cual fue un regalo del cielo. Trabajar con él en la biblioteca fue la combinación perfecta de avance real y carcajadas ahogadas. Emerson tiene esa forma criolla tan descarada de explicar la arquitectura veneciana.
Daniel tecleaba en la laptop como si quisiera atravesar el plástico con los dedos y rompió un lápiz a la mitad de la pura rabia cuando me escuchó reír con Emerson. Jake, por su parte, fingía leer sobre la peste negra mientras nos clavaba una mirada de celos tan pura que juraría que le salía humo por las orejas.
Ver a los dos rivales acorralados en una alianza obligatoria es la comedia del trimestre. Sé que la tensión entre ellos dos por mí sigue creciendo y que la bomba de tiempo sigue corriendo, pero hoy, por lo menos, la arquitectura renacentista se sintió un poco más liviana.
Editado: 09.10.2026