Gregor Anastasio Cou - Odisea de un viajero

La odisea de satélite XL es un hecho.

Regresé para vencer. Y no me iré sin terminar lo que empecé

 

 

 

 

 

 

 

Es el espacio, el espacio sideral, y flotando me encuentro a la deriva. Puedo ver la esfera gigante del planeta tierra, y estoy suspendido aquí, pero ¿ahora qué vendrá? No sabía jugar a este lúdico entretenimiento del viejo de la guadaña del tiempo que no quería darse el gusto de que llegue a mi sitio esperado. Debo ser amigo de él, y no luchar contra él.

 

En la capa externa me iba desplazando como en una suspensión. Era natural saber de ello, pues la órbita espacial es otro sitio muy diferente, y flotar y moverse es una cuestión de magnitud complicada. Me hizo analizar que quizás aquí existen los fantasmas de esos astronautas que nunca pudieron regresar con vida. Las ánimas abundan en tantos sitios y hasta creo que las llevamos consigo. Todavía a sabiendas de regresar y ver todas esas estrellas en su plenitud me da la sensación de paz que no ha de durar pues estoy aquí a cumplir la misión.

 

Comencé a flotar a diferentes direcciones. Estaba solo, suspendido, y no me agradaba el hecho de estar allí, sin saber que meta debía imponérseme como propósito; deseo ecuánime de ese neutral que me ve. –

 

- Cuidado Gregor. es hora. Es tu hora. – me comenta un imparcial ermitaño. –

 

- Es hora, ¿pero de qué? - pregunto. –

 

- Es hora de afrontarlo que empezaste. – se retira el ermitaño con su siniestra voz de curiosidad que me ha producido. –

 

En mi visor, un elemento estaba en viaje, muy cerca de donde me ubicaba ¿Es el satélite XL?

 

Comprobé con el computador y estaba en lo cierto. Era el, ¿podría ser entonces que por fin había llegado a la era indicada? ¿La era que tanto deseaba? Estaba en el año correspondiente. Me acerqué como podía flotando, y la gran masa de metal, se movía con

 

 

 

 

sus averías. Eran las reparaciones que debían hacerse, por fin estaba en casa. Entonces fui hasta él, para lograr establecer comunicación, me acerqué lo más que pude. El brillante aparato, tenía los reflejos necesarios para ir desarrollando movilidad. Sus puertas estaban selladas, y era claro, pues nadie había llegado hasta el momento, pero tal vez vengan por él, a realizar las reparaciones. Y ese podría ser el ALPHA, y podría suceder, que llegase mi tripulación, pero de ser así volvería a transcurrir os mismos hechos que me han llevado al tiempo ¿Y estaré con ellos?, ¿ellos sabrán de mí? ¿Y la criatura? Verifique la fecha del día, del mes, y del año. La hora, minutos, segundos. 27 de Junio de 2050 a las 06:30 horas AM.

 

¡Dios! ¡Volverá a ocurrir!

 

 

- ¡Debó urgente llamar a base! ¡Debo ser urgente! Antes de que algo terrible se produzca. –

 

Me dirigí a las puertas, e intenté con una maniobra abrir la escotilla. Tenía el código que me permitía el ingreso. Al colocarlo, era el mismo. La escotilla se abrió, e ingresé. Todo le mecanismo estaba en las mismas condiciones, me dirigí nadando hasta el tablero de control. Al apretar los botones de auxilio, deje el siguiente mensaje: ¡no se acerquen en los alrededores al satélite XL! ¡Regresen! ¡No vengan aquí! Un golpe fatal golpeó el satélite. Luego espere unos momentos. Direccione todos los botones para intentar comunicar nuevamente, pero era inútil. Al ver en el retrovisor del espejo, una cosa desaparecía. Cerré los ojos, y respire hondo. Debes ir Gregor, debes evitar que la catástrofe se produzca. Me armé del valor suficiente una vez más tenía que luchar. Hay que pelear con todas las fuerzas, para continuar, como muchos me había dicho a lo largo de la historia. Era mi deber como capitán, como humano, como padre, esposo, amigo, hermano, hijo. Debía defender a los míos, a la tierra, a todos. Me incorporé, y tome algunas medidas. No sabía cómo luchar contra ella. Abrí la escotilla, y salí de allí dispuesto a batallar.

 

 

 

En el epicentro del satélite, no había nada, y flote en sus cercanías, allí la viscosa forma que recordaba brillante. Me sentí tentado. Ese elixir; liquido maldito me produjo mareos internos. Estaba allí observándome. Soy tuyo y tu mío. Y era su presa, o no. Soy lo que eres tú realmente. He de despertarte. Soy la locura, y el terror encerrado en tu corazón. Tú eres

 

 

 

 

el asesino de una especie que eras tú. Tú eres el némesis. Respiré hondo y me contuve y escupí esa maldita forma. Yo soy Gregor Anastasio Cou, y voy a terminar lo que empecé.

 

La figura apareció como si algo escapase de mi vientre. Y eras dos ahora. El bien y el mal han de batirse en duelo. Desde el espejo del refractor el centelleo me hizo ver a esa bestia. Detrás de mi sus tentáculos me amarraron firmemente, y su gran boca estaba dispuesta a devorarme. Sus grandes ojos y dientes afilados. Hizo un fuerte movimiento, dejando escapar su viscosa baba, en mi casco, y fue allí cuando de mi pantalón, tomé el machete y lo direccione hacia arriba, la bestia se clavó en parte de su boca aquel filo, gritando y fue cuando me soltó desapareciendo de forma dimensional. Luego regreso, cuando su tentáculo roso, mi pierna, allí sin dudarlo lo tome con mi mano, y direccioné como pude el filo de mi arma cortando su falange. El espacio es tan difícil para poder moverse, pero mi traje me lo permitía mínimamente, de lo contrario estaría en aprietos. Nuevamente en un portal desapareció. Estaba en estado de alerta, para tratar de bloquear sus movimientos, pero era inútil era muy veloz, a una cierta velocidad apareció de la nada y clavo su garra en mi traje perforando parte de un pulmón. Luego se acercó y lo contuve como pude. El computador en su sistema se encargó de sellar la grieta de mi traje, pero la herida era profunda. Estaba muy lastimado, sentía que no podría contra aquella criatura. Y el aire comenzó a falta. Ese Monstruo gigante, cuya forma aparece y desaparece. No podía contra él. Me dirigí hasta la escotilla, no tenía fuerzas, y la magnífica cosa, apareció nuevamente con un grito ensordecedor. Su sangre parecía explotar en gotas de coágulos que se escapaban en el medio del espacio infinito. Al intentar ingresar dentro del satélite, se colocó frente a mí. Si debes morir Gregor hazlo ahora, recogí una de las partes del metal del satélite. Era una barra afilada y liviana. La bestia se acercaba y frente a mi desapareció golpeándome en la cabeza. Luego por detrás quiso succionar, y me moví en dirección al ala del satélite que produjo un choque entre el monstruo, y ello. Era como si sus desplazamientos fueran milimétricos.




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