No habían pasado ni cinco minutos de que Zack se sentara para tratar de asimilar la situación, cuando se escucha el sonido de unas sirenas, no había visto lo que había sucedido ni en qué momento llegaron los refuerzos. Una gran cantidad de patrullas policiales estaban fuera, y más de treinta hombres rodeaban la casa.
—¿Qué se supone que haremos ahora?
—Tranquilo, yo lo resuelvo. Quédate aquí.
Silverio sale por la puerta principal de la casa, levanta las manos, como si estuviera rindiéndose, y a voz alta pregunta:
—¿Cuál es la razón de su presencia en este lugar? Si no se retiran, tomaré esto como un secuestro.
Un hombre alto, de unos dos metros, con barba y cicatrices en la cara, se acerca a él, se ve que es el líder del equipo.
—Silverio Alcázar, tenemos una orden de arresto en tu contra. Unos testigos dijeron que te vieron con los terroristas del "Movimiento por la Paz".
—¿Movimiento por la Paz? ¿De qué me habla?
El hombre se ríe.
—No te hagas el tonto, Alcázar. Sabemos quién eres, y no te atrevas a decir que no.
Silverio lo mira fijamente.
—Ustedes no saben nada de mí.
El hombre saca una pistola y le apunta a la cabeza.
—La verdad, tienes razón. No sé quién eres, pero sí sé que eres un estorbo para la operación.
—¿Operación?
—Sí, la operación para traer de vuelta a la señorita Flor.
El rostro de Silverio se descompone al instante.
—¡Espera! ¿Cómo dijiste? ¿Quién es la señorita Flor?
—¿Por qué te interesa tanto? ¿Acaso eres uno de los suyos?
Silverio siente un nudo en el estómago, un mal presentimiento recorre su cuerpo.
—¿Acaso tienen una foto de ella?
El hombre se queda en silencio un momento.
—¿Qué te hace creer que te la mostraremos?
En ese instante, uno de los hombres que estaba en el edificio de enfrente le dispara, pero la bala no le da en la cabeza, sino en el hombro. En ese mismo instante, su cuerpo se ilumina con una luz dorada y la herida se cierra por completo, dejando a los policías y al equipo en una posición de alerta.
—La herida... se cerró —dice uno de los agentes.
El líder del equipo se queda atónito.
—¿Qué demonios eres?
—Ahora me crees, ¿verdad? —dice Silverio.
Él lanza un puñetazo al rostro del hombre, quien cae al suelo inconsciente. En ese instante, los agentes le disparan y lo hieren en el pecho, en la pierna y en la mano, dejándolo en el suelo, desangrándose.
Zack, quien ha visto todo, corre hacia él y le pregunta:
—¡Silverio! ¿Qué diablos te pasa?
En ese momento, la luz dorada se desvanece por completo. Silverio, con su último aliento, le dice a Zack que se vaya, pero es demasiado tarde, un hombre se acerca y le dispara dos veces en el corazón.
El alma de Silverio sale de su cuerpo, se ve a sí mismo tirado en el suelo, sangrando. El hombre que le disparó se acerca al cuerpo y le quita la ropa. Silverio ve que en el hombro del sujeto hay un tatuaje en forma de rosa, lo que lo deja helado, y en su frente, otro símbolo, una espada. Silverio reconoce el tatuaje de la espada, ya lo había visto en otra ocasión en otra vida, pero nunca el de la rosa.
En ese momento, las visiones de su tatuaje se hacen más fuertes, mostrándole a la mujer del tatuaje en la frente, con la espada de su tatuaje y el tatuaje de la rosa. En ese instante, se da cuenta de que no solo está buscando las flores, sino que las flores también lo están buscando a él, y que el hombre que lo mató está de su lado. El hombre se acerca al cuerpo de Zack y se prepara para matarlo también.
—¡¡¡No!!! —grita Silverio, pero es demasiado tarde.
El alma de Silverio se desvanece, y la pantalla se pone en blanco.
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Editado: 21.10.2026