Guerra de flores

Capitulo 7.— se acabo el juego.

Madan Sara enciende las luces dentro del sótano y Silverio registra el lugar buscando a la anciana, pero no hay señales de ella por ningún lado.

​—Silverio, revisa arriba, no pudo haber ido muy lejos con ese truco.

​Silverio sale del sótano lo más rápido posible. Escucha una risa y corre a la entrada, encontrándose con la puerta abierta. Sabe que hay gente afuera esperando, es una trampa. Voltea y logra detener el ataque de la anciana con un cuchillo de cocina. La desarma, manteniéndola arrinconada contra la pared.

​—¡Ahora sí me dirás quién diablos son ustedes! —le grita Silverio mientras la tiene aprisionada.

​Esta no responde. El sonido de un gatillo a sus espaldas lo mantiene en silencio. Las armas no pueden matarlo, pero dependiendo del daño, lo pueden inmovilizar por un rato. Suelta a la anciana y mira de frente al sujeto con las manos arriba. Lulú se le acerca, pero él da una patada hacia atrás, dejándola inmóvil, mientras con las manos empuja la pistola hacia arriba, desviando los disparos. Aprovecha esto y le da un puñetazo en el estómago, dejando sin aire al sujeto que se tira al suelo.

​La anciana aprovecha la distracción para escapar, pero cuando sale, un disparo la recibe, impactando su frente. Silverio observa desde la puerta. Un auto negro llega con cuatro enmascarados, y el sujeto que intentó sorprenderlo por la espalda corre hacia él. Silverio nota que escapó por la puerta de atrás y sin mucho tiempo saca su arma, disparándoles sin contemplación, pero logran escapar.

​—¡DEMONIOS! ¡AAAAA, no puedo creer que escaparan de nuevo! —se dice a sí mismo, frustrado.

​Una moto pasa al lado de él a toda velocidad, siguiendo al auto. Ve el edificio de enfrente y nota que el francotirador no está, todos escaparon.

​Madan Sara se asoma solo un poco por la puerta.

​—¿Estás bien? —pregunta sin salir de la casa.

​—Eso debería decirlo yo, pero sí, ya se fueron —responde, y Madan Sara sale, pero entra en pánico al ver el cuerpo de su antigua sirvienta en el suelo.

​—Cálmate —le dice Silverio.

​—¿Qué me calme? No lo dices en serio, acaban de matar a alguien.

​—Alguien que intentó matarte primero, y que probablemente estaba causando la interferencia con tu bola de cristal.

​Madan Sara se calla un instante; sabe que tiene razón. Nunca se esperó que su sirvienta le hiciera algo así, siempre tuvieron una buena relación. Ella venía de dejar una familia también con creencias gitanas y le pareció bien quedarse con ella, ya que la carga de una casa entre ambas no sería tanta. "Te serviré hasta que el resto de mis días lleguen", las palabras recorren la mente de Madan Sara.

​—Hay que irnos de aquí, la policía no tardará en llegar —dice Silverio.

​Ella asiente y entra a la casa a buscar sus cosas: ropa, libros, cartas, unos cuantos objetos preciados y, por supuesto, la bola de cristal. Suben al auto y escapan del lugar directo a casa de Silverio.

​—Tendrás que quedarte aquí un tiempo, tú y Zack, no puedo permitir que los lastimen por mi culpa.

​Ella ríe de forma irónica.

​—Tranquilo, siempre esperé cosas como esta desde que era pequeña, mi familia esperaba tu llegada, o mejor dicho, me prepararon para tu llegada. Yo sabía que no sería nada fácil, pero es la decisión que tomé, así que estaré bien.

​Lágrimas resbalan por su mejilla. La mirada fría de Silverio se posa sobre ella un momento, y se va. Entra a su habitación y se tira en la cama. Un suspiro de cansancio sale de él.

​—Estoy harto de todo esto.

​Mientras tanto, la policía investiga la escena del crimen, hallando la casa de Madan Sara, revisando de punta a punta buscando pistas, o señales del culpable, recogiendo muestras de sangre, balas y cualquier cosa que los ayudara a averiguar lo que sucedió ahí. Un auto gris humo llega al lugar, un deportivo. Dos hombres bajan de él, entrando directamente a la escena del crimen. Uno de los encargados del caso los ve y dice:

​—Detectives, ¿ustedes por aquí?

​—Nos hablaron de un pequeño disturbio en la calle "63 vives" donde todos los responsables huyeron. Dígame, ¿qué tenemos aquí?

​—Al parecer, una pelea múltiple, tal vez dos bandas rivales o algo así; la anciana es la posible dueña del lugar, pero los investigadores determinan que alguien más vivía con ella. También encontraron objetos que señalan una creencia satánica o gitana, algo así me dijeron los investigadores, probablemente es otro grupo queriendo jugar a ser dios.

​—Son sectarios, no científicos; además, si pertenecen a algún tipo de secta ¿por qué usarían armas de fuego? ¿Hay algo más aquí, inspector? No le importa que vayamos a entrometernos, ¿cierto? Igual ya estamos aquí.

​Mientras tanto, en casa de Silverio, Madan Sara revisa la bola de cristal, y lo que aparece ante ella la deja con los ojos abiertos.

​—¡SILVERIO! —le grita y él corre hasta la sala.

​—¿Qué sucede? —pregunta con el arma entre las manos.

​—Ellas ya están aquí.




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