Guerra de flores

Capitulo 8.— Los primeros pétalos.

Han pasado ya dos semanas del incidente en casa de Madan Sara. Zack fue dado de alta en el hospital, y ahora están viviendo los tres juntos en el apartamento de Silverio, ya que será más fácil para él protegerlos si los tiene cerca. La policía no ha dado señales de ningún tipo, pero en cualquier momento aparecerán buscando respuestas. Mientras Silverio se dedicó a buscar las flores por toda la ciudad, el ritual que tenía la anciana en el sótano interfería con la bola de cristal para que ellos no pudieran encontrar las flores, pero esa noche...

​—¡SILVERIO!

​—¿Qué sucede? —entra con el arma en la mano.

​—Ellas ya están aquí.

​Silverio abre sus ojos como platos y se sienta al lado de Madan Sara para ver más de cerca.

​—Como sabrás, no te puedo decir quiénes son por su protección divina, pero el poder de las flores ya está activo, dos de ellas. Una de ellas es alguien con gran poder en nuestra sociedad, lo más probable es que sea alguien que usó el poder de la flor para beneficiarse a sí misma.

​Después de eso, la búsqueda de Silverio se volvió más fácil. Comenzó a investigar con ayuda de Zack a todas las mujeres con empresas que tuvieron un alto desarrollo en los últimos meses dentro de la ciudad. Otra cosa que le reveló la bola de cristal es que ya había estado cerca de una de las flores. Claro que en los últimos días Silverio había tenido tanta gente cerca que sería difícil determinar quién, pero recordaba mucho a la chica de los ojos dorados. Aun así, necesitaba por lo menos un objeto o algo que hubiera tocado recientemente para poder buscarla con la bola de cristal, aunque tenía la leve sensación de que se la encontraría de nuevo.

​Al día siguiente, en su trabajo, las mesas se encontraban llenas, había gente y todos los cocineros estaban ocupados. Uno de los meseros faltó y Silverio se ofreció a suplirlo. Necesita el trabajo, ya que Zack está de reposo en casa y no podrá trabajar durante una semana más y Madan Sara pues su fuente de ingreso decayó cuando su casa fue tomada por los policías en investigación.

​El trabajo no era muy complicado, solo había que estar atento a lo que pedían los clientes, ser rápido y no dejarte llevar por la presión. Silverio era experto en esto; cuando libras mil veces la misma batalla en diferentes vidas, la presión se vuelve una situación constante, ese trabajo no era más que un juego de niños.

​Aun así, puede sentir la tensión de los demás en el ambiente, todos ocupados, corriendo de lado a lado, tratando de mantener el ritmo.

​—¡SILVERIO! —grita una voz del otro lado de la cocina.

​—Los ocupantes de la mesa trece están aquí, ve rápido —le dice y él asiente.

​Se supone que son gente importante y el chico al que cubre Silverio los atendería, pero como no está, a Silverio le corresponde hacerlo. Se dice que ha cambiado mucho últimamente, su forma de ser, comportarse y atender al público es muy distinta. Cumple con más tareas de las que podía hacer hace cuatro semanas y todos se preguntan cómo lo hizo, pero él no da respuestas sobre eso. Suele ser muy distante con la gente, no le gusta perder tiempo; ya ha pasado por tantas cosas que solo quiere salir de esta pesadilla eterna, morir en paz. Suena un poco egoísta, pero es verdad, Silverio no es un héroe, es solo otra persona tratando de sobrellevar los problemas de la vida, claro que desde un punto de vista completamente distinto.

​Se acerca a la mesa, saluda cordialmente y saca su libreta. Son un hombre y una mujer, pero al parecer no vienen en plan amoroso, sino de negocios. Ella aparenta unos 36 años, lleva un vestido negro, uñas postizas y cabello corto hasta el cuello. Él sí aparenta un poco más, tal vez unos 38, delgado, de lentes y un traje azul marino, nada en especial.

​Todo va bien hasta que ella voltea a ver a Silverio. Ambos se miran fijamente y en un momento el tiempo se detiene. La tensión que había se dispara de forma distinta solo entre ellos. El corazón de Silverio comienza a latir rápidamente, calentando todo su cuerpo, y cómo no, teniendo a una de las cuatro flores adelante.

​Sus ojos brillan en color rosado brillante y no se los quita de encima. Tiene tanta confianza que podría comerse al mundo con una mirada así, pero Silverio no se dejaría intimidar por eso. Toma la orden y se va a la cocina. Mientras el chef se encarga, él se toma un instante para ir al baño, fue demasiado inesperado, así que necesita analizar su próximo movimiento, ya que de esto depende su victoria.

​No lleva su arma con él, la dejó en el auto y en este momento no puede buscarla. Igual tampoco puede crear un espectáculo en pleno restaurante, eso llamaría la atención y entorpecería la búsqueda. Otra cosa es que, si ella ya activó los poderes de la flor, probablemente sabe quién es él, así que tiene que actuar por debajo, evitando mirarla a los ojos.

​—Michelle Santos, es una empresaria muy reconocida a pesar del poco tiempo que lleva manejando negocios, ha logrado firmar con grandes líneas de bienes raíces y está comiendo aquí, la verdad es un orgullo para el restaurante.

​—Y los está atendiendo este tipo... Silverio, ¿no? Esperemos que no meta la pata, ha estado trabajando muy bien los últimos días.

​Escucha decir a unos meseros cuando sale del baño. La primera orden está lista, Silverio toma la bandeja y la pone en el carrito con lo demás. Su sangre hierve mientras se acerca a la mesa. La impotencia lo domina, pero no es el momento de actuar, así que baja la mirada. Ella aún no está 100 % clara de quién es, pero él sí, y esa será su ventaja.




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