Guerra en la sangre imperial

El destello azul

El vasto Imperio de Valdarys, cuna de la dinastía Zalessky, se extendía como una sombra sobre las tierras que una vez fueron naciones rivales. Entre sus imponentes murallas y palacios, la familia imperial gobernaba con un linaje marcado por un poder singular, transmitido de heredero en heredero.

En el corazón de la capital, en la ciudad de Astrenheim, nació la princesa imperial Eira Valentina Zalessky, segunda hija de los emperadores Lukas y Dahlia. Desde su nacimiento fue recibida con amor y celebración, adorada tanto por la nobleza como por la servidumbre. Pero quien más anhelaba su llegada era su hermano mayor, el príncipe heredero, quien la observaba con admiración y orgullo, convencido de que su familia permanecería unida para siempre.

La infancia de Eira transcurrió entre los lujosos pasillos del Palacio Imperial, rodeada de atenciones y enseñanzas propias de su linaje. Sin embargo, la paz que conocía se vería quebrantada en una sola noche, cuando el destino reveló su cruel camino.

Aquella noche, la corte imperial se preparaba para la ceremonia de sucesión del príncipe heredero. Era costumbre que, antes del evento, se realizara en secreto la Prueba del Legado, un ritual en el que La Esfera del Poder, una antigua reliquia mágica, confirmaba la herencia del don familiar en los futuros monarcas. Solo los descendientes con el poder característico de la familia imperial podían aspirar al trono.

Los emperadores, el príncipe heredero y la archiduquesa Dagna se encontraban reunidos en el Salón de los Ancestros, discutiendo los últimos detalles de la ceremonia. Nadie se percató de la pequeña figura que, con pasos silenciosos, se había escabullido hasta la mesa central, donde reposaba la Esfera del Poder. Con la inocente curiosidad de una niña de tres años, Eira extendió su mano y tocó la superficie cristalina de la piedra.

Un resplandor azul claro, puro y cegador, inundó la sala. Los presentes se giraron de inmediato, buscando el origen de aquella luminiscencia. La sorpresa dio paso al asombro cuando vieron a Eira, con su pequeña mano posada sobre la esfera, rodeada por un aura de hielo que danzaba en el aire.

En un instante, la temperatura en la habitación descendió drásticamente, y un chasquido recorrió la sala cuando el hielo se extendió sobre el suelo, como grietas avanzando en mármol puro. Un escalofrío helado recorrió la espalda de los presentes, no solo por la gélida temperatura, sino por la incertidumbre de lo que acababan de presenciar.

El silencio que siguió fue helado, tanto como el poder que se manifestaba ante sus ojos. Eira había despertado su magia... pero no era la de su familia.

El poder de los Zalessky se había mantenido inalterable por generaciones. Ningún otro miembro de la dinastía había manifestado un don diferente. La revelación de su habilidad se convirtió, en un solo instante, de un milagro a una anomalía. La mirada de su hermano, antes llena de orgullo, se tornó sombría, atrapada entre la incredulidad y un miedo que nunca había conocido.

Desde que tuvo memoria, le habían dicho que su hermana sería su mayor aliada, su confidente. Pero ahora, al verla envuelta en un resplandor gélido, lo único que sintió fue una amenaza latente, un escalofrío que no tenía que ver con el frío en el aire.

Y así la niña que había sido amada y adorada por su familia se convirtió en una sombra que amenazaba el equilibrio del imperio. El silencio se alargó demasiado.

La emperatriz bajó la vista, sus labios temblaban levemente, pero su expresión se endureció en segundos. El emperador entrecerró los ojos, su mente calculando todas las consecuencias. Finalmente, sus miradas se cruzaron, y en ese instante, la decisión quedó sellada. No hicieron falta palabras.

Eira Valentina Zalessky debía desaparecer... por el bien del imperio.



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En el texto hay: magia, romance , guerra

Editado: 27.03.2025

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