Era un día como cualquiera, el cual ya me había bañado y cambiado, y desayunado. Y me siento cerca donde está mi madre, quien estaba sentada a mi lado izquierdo. Y yo estoy cerca de la puerta, y la puerta está abierta. Siendo las siete y treinta y cuatro de la mañana. comienza a temblar...
Yo escucho un grito afuera de la casa, era de una mujer; que dice que está temblando, y mi madre y yo nos paramos, y yo le digo rápidamente a mi madre que bajemos de la casa, porque estábamos en el segundo piso, y mi madre me dice que esperemos que ya pasa el temblor. Cuando veo que este sismo aumenta fuertemente convirtiéndose en un terremoto, y se escucha un sonido muy fuerte y mi madre grita.
Yo cojo a mi madre de la cintura y con fuerza la saco a la puerta y voy bajando las escaleras, y ella me hace fuerza, pero yo la baja hasta la calle, y veo las casas que se meneaban como si se fuera a caer todo, y pensé, que no podía creer que estaba viviendo lo que vivieron en Venezuela, y saque a mi madre de las casas altas, y la fui llevando hacia una calle, y una vecina y su hija nos siguieron hasta una calle donde le falta el pavimento, pero no tiene grandes casas.
Latierra rugía fuertemente y no se detenía, y la vecina que está detrás de nosotros grita haca el cielo, pidiéndole a Dios que detenga el terremoto. Cuando miro el piso y siento que la tierra se va a abrir, pero me quedo quieto ahí con mi madre y los demás, y veo una casa de tres pisos, y sale un señor que nunca lo había visto, y en ese momento el terremoto se detiene...