- He said just... -Robert hizo una pausa y nos miró, ante lo cual, junto a Mike y Louis, empezamos a cantar al mismo tiempo.
- Walk like a man, talk like a man, walk like a man, my son, no woman's worth crawling on the earth...
Y vino mi remate.
- So walk like a man, my son...
Las voces se mezclaron mejor de lo que esperaba. Robert sostenía la melodía con esa profundidad que parecía envolver todo el lugar, Mike aportaba una energía que hacía imposible quedarse quieto y Louis, por supuesto, cantaba como si estuviera frente a cincuenta mil personas y no delante de unas cuantas mesas, una barra y un DJ que ya había aprendido que con nosotros cualquier noche podía terminar convirtiéndose en un espectáculo.
Yo sonreí mientras seguíamos cantando. Apenas unas noches atrás no sabía que podía cantar y ahora estaba sobre un escenario compartiendo una canción con tres tipos que hasta hacía poco ni siquiera conocía y que, por alguna razón, ya comenzaban a sentirse como algo más que simples compañeros de karaoke. La canción continuó, pero mi cabeza se fue hacia atrás y todo por lo que había comenzado después de la noche en que descubrí mi voz.
***
Cuando regresé a la oficina al día siguiente, todavía tenía la canción de la noche anterior dando vueltas en la cabeza, no porque estuviera particularmente interesado en recordar cada detalle del karaoke, sino porque había algo que no conseguía quitarme de encima: la sensación de que acababa de encontrar una parte de mí que había estado escondida durante años... Pero tenía un problema bastante más urgente, el caso.
Había ganado la audiencia contra Eddie Hurón, conseguí separar sus fraudes de las operaciones legítimas de Blackwood Industries y había dejado claro que no pensaba seguir siendo su abogado. Sin embargo, cuanto más revisaba la información que había reunido, más evidente se hacía que el problema financiero de Eddie era mucho más grande de lo que había imaginado inicialmente. Y ahí fue cuando pensé en Louis.
Hasta ese momento lo había conocido principalmente como una morsa incapaz de cantar una canción sin convertirla en una experiencia religiosa y como un contador aficionado a los discursos sobre Queen. Pero, precisamente por eso, podía serme útil, pues si había alguien que pudiera mirar aquel expediente desde una perspectiva financiera y detectar movimientos que a mí se me podían escapar entre contratos, declaraciones y argumentos jurídicos, era él.
Lo encontré en la oficina de Contabilidad, revisando unos documentos frente a su computador.
- Louis.
Levantó la cabeza.
- ¡Harvey! ¿Vienes a hablar de música?
- No.
- ¿Queen?
- Tampoco.
- Entonces esto se puso serio.
- Necesito que mires algo.
Louis dejó lo que estaba haciendo y tomó los documentos que le entregué, en principio los revisó con la misma expresión despreocupada que utilizaba cuando hablaba de música, pero poco a poco su rostro fue cambiando. Comparó fechas, revisó montos y abrió algunos registros internos de la firma.
- Esto no me gusta.
- A mí tampoco.
- Hay movimientos que no coinciden.
- Eso ya lo sé -recalqué-. Lo que quiero saber es hasta dónde llegan.
Louis siguió revisando la información y comenzó a hacerme preguntas sobre las empresas relacionadas con Eddie, las transferencias y los contratos que habíamos encontrado. Algunas respuestas podía dárselas inmediatamente, otras tenía que buscarlas en el expediente y, después de unos minutos, abrió otro archivo y frunció el ceño.
- Harvey.
- ¿Qué?
- Mira esto.
Me acerqué a su computador, había movimientos registrados en el departamento de Contabilidad de la propia firma que estaban relacionados con algunas de las operaciones que habíamos estado investigando. Sentí que la mandíbula se me tensaba.
- ¿Quién autorizó esto?
Louis revisó el registro.
- No lo sé todavía.
- Pues averígualo.
Siguió revisando. yo me quedé detrás de él mirando la pantalla, intentando ordenar lo que estaba viendo. Eddie Hurón no solamente había estado moviendo dinero entre sus propias empresas, escondiendo cuentas y modificando contratos, había conseguido que algunas de esas operaciones terminaran entrando en los registros de la firma. Eso ya no era solamente un problema para Eddie, era un problema para nosotros y yo tenía una regla bastante simple: podía defender a un cliente complicado, podía enfrentar una contraparte agresiva y hasta podía soportar a una morsa cantando Queen como si estuviera salvando al mundo, pero no iba a permitir que un idiota arrastrara mi nombre ni el de la firma detrás de sus propios delitos.
Tomé mi teléfono.
- Voy a llamar a la jefa.
Louis levantó una ceja.
- ¿Ahora?
- Ahora.
- ¿Y qué le vas a decir?
Lo miré.
- Que tenemos un problema.
- Eso ya lo sé.
- No, Louis -reparé-. Tú sabes que tenemos un problema financiero, yo sé que tenemos un problema financiero, jurídico y de reputación.
Louis volvió a mirar la pantalla.
- Ah.
- Exactamente.
Salí de la oficina de Contabilidad y marqué el número de mi jefa. Cuando respondió, fui directo al punto.
- Necesito una reunión urgente.
- ¿Qué pasó?
- Encontré algo relacionado con Eddie Hurón.
Hubo un breve silencio al otro lado.
- ¿Qué encontraste?
Miré nuevamente hacia la oficina de Contabilidad.
- Todo lo que no quería encontrar.
La reunión quedó fijada para esa misma tarde y esta vez no pensaba llegar con una posibilidad, pensaba llegar con las cartas sobre la mesa.