Hasta el último respiro

Los baristas del fin del mundo

—No puedes morir, Jackson. Por favor.

Mis pasos apurados resonaron por el pasillo solitario, buscando el origen de los sollozos. Al fondo, vi a Sarah arrodillada al lado del cuerpo moribundo de Jackson. Me acerqué a ellos, espantada y Sarah le disparó en la cabeza. La sangre me salpicó en el rostro.

Lentamente, bajé la mirada hacia mi amigo y deseé no haberlo hecho. Tenía un agujero entre las cejas y un charco de sangre se empezó a formar bajo su cabeza. Retrocedí, con las manos temblorosas. Entonces, un grito desgarrador cortó el aire.

Stephanie.

Josh la estaba sosteniendo mientras su madre, infectada, se arrastraba hacia ellos. Intenté correr para ayudarlos pero el sonido de una bala hizo que la escena cambiara.

Ahora estaba frente a Agatha, quien sonreía dulcemente con un pastel en las manos. Dio un paso, acercándose a mí y Sarah le disparó en la cabeza. Agatha cayó con un golpe seco.

Quise moverme, decir algo pero la escena se dispersó y ahora me encontraba en un cuarto blanco y vacío. Alguien aporreaba la puerta y llamaba a mi nombre. Al abrir la puerta me encontré con Marie pero algo iba mal... estaba infectada, detrás de ella salieron Josh, luego Steph y Henry también en el mismo estado...

—Scay...

—¿Scarlett?

—¡Scay! —abrí los ojos de golpe, sobresaltada. Josh estaba sacudiendo mi brazo—. Santo cielo, pensé que nunca ibas a despertar, duermes como un tronco...

Me daba la sensación de que alguien estaba aporreando mi cabeza con un martillo.

—¿Estás bien? Si quieres puedes descansar un poco más.

—No, no. Estoy bien —murmuré y me incorporé—. Creo que tuve un mal sueño, pero no es nada. Ve a descansar, Joshi-Josh.

Froté mis ojos con el dorso de la mano y luego me estiré, tenía la espalda adolorida (consecuencias de dormir en el piso). Salí de la casa y me senté en el umbral de la puerta. Oí mi estómago sonar, lo que me recordó que no habíamos comido nada en todo el día, cortesía de Sarah.

La ausencia de ella y Jackson era muy notable, aún no me podía creer que él había muerto, todo seguía siendo muy irreal. Y aún tenía el asunto pendiente de decirle a los demás de la muerte de Agatha... pensar en eso me rompía el corazón pero aún así no estaba segura si debía contarles.

Suspiré y decidí no dejarme llevar por los sentimientos tristes.

Como no había mucho que hacer y no quería pensar mucho en aquel sueño, empecé a arreglar y ver lo que guardaba en mi mochila aunque estaba casi vacía. Tenía una botella de agua a la mitad, una linterna que había agarrado de la tienda donde encontramos a Alex, mi manta y una camiseta de repuesto. Abrí otro bolsillo de la mochila que pensé que estaba vacío pero fruncí el ceño al ver algo que me pareció familiar: Una pulsera.

Apreté los labios al sacarla, era la pulsera de Sarah. Ella, Steph y yo teníamos las mismas; a los 12 años creímos que sería bonito tener brazaletes de la amistad. Miré la que aún llevaba en la muñeca, las tres eran de color lila y tenían un dije de estrella. A pesar de ser consciente de lo que Sarah había hecho, aún tenía la esperanza de que volviera con nosotros pero de alguna manera al ver que dejó esa pulsera entendí que no lo iba a hacer. La guardé donde la hallé para no darle muchas vueltas al asunto.

Dejé la mochila a un lado y apoyé mi cabeza en el marco de la puerta, pensativa.

⋆★⋆

Ya empezaba a amanecer y se supone que tenía que despertar a los demás, pero al verlos dormir tan plácidamente los dejé dormir un poco más. Al fin y al cabo no es que teníamos mucho apuro.

Pasó un poco menos de una hora cuando escuché unos pasos dentro de la casa, al voltear vi a Alex detrás mío bostezando y estirándose.

—Te ves extrañamente feliz —arqueé una ceja, él se sentó a mi lado.

—Desde que todo empezó no dormía tan bien —dio un largo suspiro, lo miré esperando a que explique más pero no pareció captarlo porque de su bolsillo sacó una bolsita transparente de pasas y se metió unas cuantas a la boca—. ¿Quieres?

Negué con la cabeza, nunca me habían gustado.

—¿No dormías bien?

—Nunca tuve un grupo —se encogió de hombros—. Así que no podía dormir tranquilo, cualquier ruido me despertaba.

—¿Tanto confías en nosotros? —murmuré, a él pareció darle gracia.

—Bueno, no es que sean unos super ninjas pero al menos no son incompetentes... creo.

—¿Gracias?

Al rato, todos estaban despiertos y de buen humor, nos sentamos en la sala y comimos la poca comida que quedaba.

—¿Estaban yendo a algún lado? —preguntó Alex, poniéndose unos guantes negros.

—Sí —Josh rebuscó en su mochila y le tendió el afiche, Alex lo tomó y lo analizó—. No estamos tan lejos.

—No, pero... ¿no les parece un poco raro?

—Tal vez, ¿pero a dónde más iríamos? —Marie lo miró y entrecerró los ojos—. ¿A dónde estabas yendo tú?

—Yo dejo que el viento me guíe.

—Vaya, que espiritualista —comentó Steph, tomando un sorbo de su botella de agua.

—Como sea... Alex, ¿vendrás con nosotros?

—No es como si tuviera algo mejor que hacer.

Tomé el afiche y analizando mejor el pequeño mapa, luego miré a Josh.

—Podemos pasar por la cafetería, tal vez haya comida o algo útil. Aún tengo las llaves.

—¡Es verdad, estamos cerca! Qué idiota, no lo había pensado—murmuró él, mientras se estiraba para ver el mapa.

—¿Qué cafetería? —Marie preguntó.

—Su antiguo trabajo —respondió Steph, recostándose en el piso otra vez.

—Oigan... —Henry habló, inseguro—. También podríamos pasar por nuestras casas. No están tan lejos.

Nos quedamos en silencio. Era verdad, vivíamos a un par de cuadras de mi antiguo trabajo. Pero no me emocionaba mucho la idea de volver a mi casa, sobre todo por lo que podría encontrar.

—¿Creen que sea buena idea ir allá? —pregunté un poco nerviosa, rascándome detrás de la oreja—. Podríamos encontrar algo que no nos guste.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.