La triste y miserable realidad nos golpeó apenas llegamos al tan esperado refugio. Las pulsaciones aceleradas resonaban en mis oídos mientras observaba la escena caótica frente a mí; las llamas consumían la estructura del lugar, a la par que el aire se llenaba con el olor acre del humo y el calor sofocante que dificultaba mi respiración. Y eso no era todo, el lugar estaba plagado de infectados quienes no tardaron en darse cuenta de nuestra presencia.
Después de haber huido de ellos por cinco largos minutos, estábamos atrapados en una calle que no tenía una salida visible. Sin tener idea de qué hacer, no podíamos retroceder ni mucho menos avanzar. Sentía cómo mis piernas ardían por haber corrido tanto, era un milagro que siguieramos con vida.
—Tal vez... sí tenemos una opción —Josh señaló con su dedo la tapa circular del drenaje, intentando recuperar el aliento.
—Definitivamente no. ¿Has visto películas de terror? Entrar ahí sería un suicidio —respondió Henry mientras movía frenéticamente sus manos en claro desacuerdo con su hermano.
—Quedarnos aquí es un suicidio, en realidad —Marie lo miró con la ceja alzada y cruzándose de brazos.
Alex y yo abrimos la tapa, un olor horrible inundó mis fosas nasales. Alex empezó a toser como un loco.
—Una motivación más para entrar —murmuré y me agaché iluminando con la linterna a la oscuridad mientras arrugaba la nariz—. Bueno, al menos hay escaleras.
Steph se agachó también.
—De algo tenemos que morir, ¿no?
—Ay, son unos dramáticos. ¿Qué los va a matar? ¿Una rata? —Marie se acercó y arrugó la nariz al percibir el olor.
—En realidad, sí podrían porque...
—Oh, cállate Alex.
Y sin más, Marie comenzó a bajar por las angostas escaleras que estaban pegadas al muro izquierdo de la alcantarilla. Pasaron unos segundos y volví a asomar la cabeza.
—¿Sigues viva? ¿Ya te comieron las ratas? —pregunté mientras le apuntaba a la cara con la linterna, conteniendo la respiración. Ella me miró mal y comenzó a caminar.
—¡Oye, espéranos!
Minutos más tarde, todos habíamos bajado. Me tardé en acostumbrarme al olor, estar en un lugar tan tenebroso no me daba mucha emoción. Además, estaba decepcionada de haber encontrado nuestro "refugio seguro" envuelto en llamas.
—¿Ahora dónde vamos a ir?
—Creo que deberíamos...
—En mi tumba va a decir: "Todo es culpa de los idiotas que claramente no han visto una película de terror en su vida" —soltó Henry de brazos cruzados, bastante indignado.
—En la mía probablemente diría "Se atragantó con una galleta" —Stephanie dijo pensativa mientras amarraba su cabello en una cola.
—Yo soy inmortal así que bailaré sobre sus tumbas —Alex esbozó una sonrisa.
Me quedé pensando unos segundos.
—La mía dirá: "Fue atacada por una rata mutante"
—¿Qué obsesión rara y retorcida tienes con las ratas? —me preguntó Marie con los ojos entrecerrados y negando con la cabeza.
—Pasa que están dementes, necesitan ver a un psicólogo —Josh se adelantó por el oscuro pasadizo, iluminando con su linterna.
—Bueno, no puedo negar eso —Alex sonrió y todos comenzamos a seguir a Josh.
—Oye Joshi-Josh, ¿qué diría en tu tumba? —inquirió Steph con curiosidad.
—Que me mataron los infectados por culpa de ciertas personas que no se callan.
—Poético. Quiero que la mía diga lo mismo —agregó Marie—. Como sea, ¿dónde estamos yendo?
—Estamos saliendo de Melmort hacia el siguiente pueblo que es... —Josh se fijó en el mapa—. Mmm... Damero... Supuestamente... creo.
—Gracias por el voto de confianza, Joshi-Josh —Steph se burló—. ¿Alguien ha estado ahí alguna vez?
Todos negamos con la cabeza.
—Pues será hora de hacer turismo apocalíptico —Alex puso una mueca cuando una cucaracha pasó cerquísima de su zapato.
⋆★⋆
—¿Qué te pasa? —le di un empujoncito con mi codo a Steph que caminaba despacio y con los ojos cerrados.
—Intento ignorar a todas las cucarachas y ratas que se están paseando cerca de nosotros. ¿Crees que huelan el miedo? Porque tengo mucho miedo en este momento.
—Steph... no quiero que entres en pánico pero tienes una en el hombro.
Ella se detuvo y abrió los ojos, mirándome alarmada.
—¿Q-qué?
Solté una carcajada y seguí caminando como si nada, ella me miró mal.
—Eres insoportable.
—Uno de mis encantos.
Después de caminar por lo que me parecieron horas, llegamos a un lugar en donde tres distintos caminos se abrían paso.
Lo que faltaba.
—¿Por dónde? —preguntó Marie.
—¿Por la del medio? —sugirió Steph.
—¿Por qué?
—¿Por qué no?
Alex carraspeó ruidosamente, todos apuntamos la luz de las linternas hacia él, que se paseaba de un lado a otro con las manos entrelazadas en la espalda.
—Mis queridos cerebritos, solo les informo que en el camino de la izquierda —señaló dicho túnel—, hay un hombre muerto con todas las vísceras fuera de su lugar. Encantador. En el del medio hay rastros de sangre. El de la derecha es el más decente... Aparentemente.
—Gracias por las observaciones, Sherlock —Steph se asomó al camino de la izquierda e hizo una mueca de disgusto al ver a dicho hombre.
Decidimos ir por el camino de la derecha, como Alex había sugerido y todo parecía marchar bien hasta que oímos unos alaridos... De infectados. Nos quedamos quietos, apenas se escuchaban nuestras respiraciones y a lo lejos el sonido del agua.
—Tal vez son pocos y los podemos evitar —susurró Josh, avanzando cuidadosamente.
¿Está claro que no eran pocos ni los pudimos evitar?
Claro como el agua.
Se pueden imaginar el susto que nos llevamos cuando de pronto estuvimos frente a cinco infectados que se abalanzaron hacia nosotros.
Pequeño recordatorio amigable: Estos infectados son rápidos y no son estúpidos.
Alex le disparó al que estaba más cerca, primero le dio en la pierna derecha causando que este de un traspié y cuando tuvo intenciones de levantarse, le disparó en la cabeza.